Un fraile soldado llamado Villageliú

Algunos religiosos cambiaron con la Reconquista el hábito por las armas en el convento de San Francisco en O Berbés


L os benedictinos dijeron «ora et labora». Pero, en 1809, los franciscanos de O Berbés proclamaron: ora y empuña tu fusil. Porque el convento de San Francisco se convirtió en un vivero de guerreros durante la Reconquista frente a los franceses. En cuanto las tropas napoleónicas entran en Vigo, aquel 31 de enero, muchos frailes deciden echarse al monte, literalmente, para sumarse a los campamentos rebeldes en Zamáns o Valadares.

 

Quienes se quedaron, ayudaron a los sublevados, robando armas y municiones a los franceses, que utilizaron el convento como un gran hospital para los enfermos y heridos de guerra. También lo saquearon, como escribe el fraile José Rolán: «Rompen todas las puertas que hallan cerradas (a excepción de la iglesia y sacristía); se introducen en la bodega, rompiendo antes sus rejas, sacan el mejor vino que había en ella… (...) Rompieron las puertas de la cocina y oficina, sacaron tres cerdos, en tocinos, que se mataron en el mes de diciembre, robaron todos los lacones que había, y seis millares de sardina que un religioso lego tenía de encargo. Los lacones y sardinas las pusieron a cocer, y luego que comieron cuanto pudieron, empezaron a clamar a voces pidiendo vino, amenazando que si no lo hacía, de matarme».

Al menos, los exclaustrados no tuvieron que vivir estas escenas. El más audaz entre aquellos religiosos fue Andrés Villageliú, que no solo se convirtió en un héroe de la Reconquista de Vigo, sino que inició aquí una vida de aventuras en la que estuvo presente en los grandes acontecimientos de su época y padeció también todas sus miserias.

Cuando los franceses entran en Galicia, Andrés Villageliú era predicador primero del convento de San Francisco. Y huyó del cenobio días antes de la toma de Vigo. Tras intentar unirse a las tropas del Marqués de la Romana, contacta con el abad de Valadares, que le nombra su ayudante. Durante la ocupación, protagoniza numerosas acciones, entrando y saliendo de la villa, a menudo disfrazado, para llevar pólvora y municiones a los sublevados.

Participó en el sitio de la plaza y en su toma, los días 27 y 28 de marzo de 1809. La buena estima que despertó en Pablo Morillo le llevó a ser elegido como el emisario que habría de trasladar el parte de la Reconquista de Vigo hasta Sevilla, en el buque Fernando VII, fletado al efecto por un comerciante local. Su misión era comunicar a la junta central que la villa había sido recobrada, lo que iniciaba la liberación de toda Galicia, que se completaría en apenas unos meses.

A su regreso de Sevilla, aún participó en la batalla de Ponte Sampaio, desempeñando una gran labor en retaguardia, donde los frailes de San Francisco fabricaban cartuchos para los fusileros gallegos.

 

Junta Superior de Galicia

En febrero de 1810 tomó posesión en A Coruña como miembro de la Junta Superior de Galicia. Y en agosto de ese mismo año es nombrado teniente coronel y se incorpora a las Cortes del Supremo Gobierno de Cádiz como uno de los 25 comisionados de Galicia.

Sin embargo, esta experiencia no debió de resultarle muy grata, porque en diciembre de 1811, decidió abandonar la carrera política y regresar al convento. La futura Constitución de Cádiz, la Pepa, estaba siendo redactada en ese momento.

Aunque es común considerar que todo el estamento religioso era conservador, involucionista, y partidario del Antiguo Régimen, esto no es del todo cierto. Porque también había un sector avanzado. En este militaba Villageliú, que de 1821 a 1823, abrazó la causa liberal y solicitó su secularización, al tiempo que publicó diversos escritos censurando a los partidarios de Fernando VII. Pero el Trienio Liberal terminó con la entrada en España de los Cien Mil Hijos de San Luis, convocados por la Santa Alianza. Y el mazazo del rey Borbón a los liberales fue enorme. El regreso al absolutismo, con el comienzo de la Ominosa Década, pusieron al antiguo fraile franciscano en una situación límite.

Villageliú escribe una Retractación de todos sus escritos y anula su decisión de colgar los hábitos. Sin embargo, queda marcado y, de su formidable protagonismo en los últimos años, pasa a la marginación más absoluta, para terminar sus días como párroco en una pequeña aldea orensana.

Hoy Villageliú es representado en la recreación de la Reconquista en el Casco Vello. Quizá con su sencillo hábito marrón pase desapercibido entre las escarapelas francesas y los vistosos gorros de la Milicia Honrada. Pero no fue así hace más de dos siglos. Porque en 1809, este fraile fue uno de los héroes de la victoria de Vigo.

eduardorolland@hotmail.com

la bujía Por Eduardo Rolland

 

 

 

 

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