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El brécol se comió al repollo... y a la coliflor

VERDE QUE TE QUIERO VERDE Los consumidores hemos dejado plantados al repollo y a la coliflor. El brécol, de la misma familia, les ha ido comiendo terreno desde que hace 20 años llegó a Galicia por primera vez y entró en nuestras cocinas para quedarse.


Son de la misma familia, Brassicaceae, pero se llevan a matar. El brécol o brócoli se comió a sus hermanos en un abrir y cerrar de hojas. Acostumbrados a mandar de siempre en las cocinas, el repollo y la coliflor despreciaron al hermano pequeño, un blandengue de color verduzco sin la consistencia y la dureza de sus hermanos mayores. No le dieron importancia, incluso se burlaron de su forma. «Mira, mira qué cuerpo tan estrecho y el cabezón que tiene», le decía el repollo a la coliflor en la zona de verduras de un supermercado. Lo ponían verde. La verdad, un poco era para reírse, porque el brécol es un poco friki y da la sensación de que va a lo suyo, que no es de la misma familia. Un verdulero. Pero con lo que no contaban es que los consumidores los iban a dejar plantados por él. «Es una de las hortalizas que fue a más en los últimos años. Se comió al repollo y a la coliflor, sobre todo a esta última. Han logrado dar con un producto sano, que está bien de precio, aunque estos días anda un poco caro por el mal tiempo en la zona de Levante, y, algo muy importante, lo tenemos todo el año. La continuidad es fundamental en este sector», confirma José Martí, propietario de la empresa Verduras Frescas, con 14 establecimientos en A Coruña.

 

NUEVO EN LA PLAZA

Los que estudiaron EGB no tenían móvil ni comían brécol. No existía, al igual que los kiwis. Verdes solo eran los chistes. El otro día, un joven de la ESO le dijo a su madre en una tienda, «mira, mamá, un brécol blanco». La progenitora le aclaró que lo que le estaba llevando al huerto era una coliflor. «Los pioneros fueron los americanos. En California hay plantaciones enormes. Pero es un producto que se adaptó muy bien a nuestra agricultura porque precisa de un clima como el del Mediterráneo. Recuerdo que empezó a venderse en Madrid y Barcelona y, más adelante en Galicia, hará unos 20 años. Para el agricultor es rentable porque aprovecha el cien por cien. Por ejemplo, a la coliflor si se le oscurece la parte blanca ya no vale», analiza el experto. Si a eso sumamos que se prepara en 5 minutos, que siempre suele salir bien, que no huele demasiado cuando se cocina, y «es de digestión más suave. No produce gases», encontramos las claves del éxito. «Todo el que consumimos aquí es de procedencia nacional, de zonas como Totana o Cartagena, excepto alguna época del año, sobre todo cuando aprieta el calor, que viene de Holanda o Bélgica. En Galicia empieza a haber algo en verano, pero resulta más pequeño y verdoso», relata Martí.

 

LA AMENAZA DEL BIMI

El repollo y la coliflor mantienen sus nichos de mercado. El primero acompaña a muchos cocidos cuando no hay grelos ni nabizas. El brécol no tiene sitio al lado de un lacón. Si el cerdo es el amigo del repollo, a la coliflor la defiende el bacalao. Aunque no son de la misma familia llevan años cenando juntos en Navidad, unas fiestas a las que no suele ser bienvenido el brécol. Pero que no se confíe porque un hijo fruto de su relación con la col china Kai-lan puede destronarlo dentro de poco. Se llama bimi, es una verdura cien por cien comestible desde el tallo al florete, y va sobrada de nutrientes. «Está arrasando en todos lados. Los murcianos dicen que tienen más propiedades que el brécol y lo están vendiendo a otros países. Por ahora aquí no se conoce y además es algo más caro. Pero cuando dentro de poco los extranjeros lo empiecen a pedir...», comenta José Martí. Entonces al brécol le pueden devolver lo que él le hizo al repollo y a la coliflor.

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