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No te enfades que te enfermas

EL MAL HUMOR CONSTANTE PASA FACTURA Entre los que tienes cerca y a tu salud. Son tantos los parámetros que se disparan que no compensa estar enfurruñado. Así que alegra esa cara y deja de tomar pastillas.


Antes de empezar a leer sonríe como si no hubiera mañana, al final del texto entenderás por qué. El enfado nos va mal para el cuerpo. No hablamos de un berrinche puntual, ya que una reacción emocional a una circunstancia es lógica, y a veces hasta buena, sino de cuando se convierte en algo crónico. Esas personas que «viven enfadadas» que se anden con ojo porque les puede pasar factura. De primeras, el mal humor continuado puede aumentar la tensión, la frecuencia cardíaca y favorece la vasoconstricción, es decir que las arterias se cierran, por lo que el fluido sanguíneo es más lento. Si hasta aquí ya compensa mantener la sonrisa, ni te cuento cuando descubras que según un estudio de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, las personas que viven en un estado permanente de enfado tienen un 19 % más de riesgo de sufrir un infarto. Ríete, ríete, a ver si consigues reducir el porcentaje. Pero esto no acaba aquí. La lista es «heavy». Arritmias, contracturas, reflujo, acidez gástrica, dermatitis, bajada de defensas.... Vamos, que por mucho que te hayan hecho, no sé si compensa seguir de morros. Pero la situación todavía puede ir a peor si al mal humor le sumas una dosis de estrés.

 

 

SER SIEMPRE FELIZ TAMPOCO

Y si por el contrario viviéramos en happilandia, ¿significa que nos podemos olvidar de pasar por la consulta? El jefe de Hematología del Hospital San Rafael, Manuel Viso, explica que, aunque no hay estudios al respecto, las personas optimistas siempre tienen un diagnóstico mejor que las que lo ven todo en contra. «Se ha hecho un estudio en España sobre cómo hay que gestionar los episodios de ira, si es mejor exteriorizarlos o reprimirlos. Y la conclusión es que aunque enfadarnos aumente la tensión, la frecuencia o suponga un liberación de adrenalina, si lo verbalizamos estos parámetros vuelven antes al estado basal, a la normalidad». Volviendo al estudio de Carolina del Norte, que nos pilla tan a mano, concluye que si exteriorizamos la ira, el riesgo de infarto disminuye. Del mismo modo, que si el enfado es constructivo tiene menos repercusión en nuestra salud que si es para culpar a otros o para justificar malas actitudes personales, explica Viso.

Manuel Lage, psicólogo clínico, va más allá y añade que cuando la manera de reaccionar siempre es la misma hay que analizar qué pasa, tanto si es hacia el enfado o hacia la alegría. «Lo ideal es adecuarse a la situación, porque cuando todo es alegre y va bien, también es para hacérselo mirar». Está convencido, como Viso, de que el mal humor influye en la salud, por eso, dice, es importante ver «el foco que utilizo, porque si voy a ver la realidad distorsionada tengo un problema, y es lo que les pasa a las personas pesimistas». Además, el estado de ánimo incrementa la posibilidad de que nos ocurran cosas. «Si estamos de mala leche vamos a provocar las reacciones negativas en el otro, se crispa el ambiente. Por el contrario, si estamos sonrientes, de hombros caídos y con una pose relajada, hará que los demás también se relajen».

¿Sigues con la sonrisa de lado a lado? ¿A que te encuentras mejor, más sano? Es más, vete anulando la cita médica que tienes pendiente. La tensión ya no se palpa en el ambiente.

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