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¿Quién nos recibe?

DE FRANKENSTEIN A MARUXIÑA Cuentan de un activo político gallego que al entrar en un local le dio la mano al maniquí. Ahora es difícil equivocarse, porque te dan la bienvenida desde un oso hasta Frankenstein.


 

En Japón cada vez que entra un cliente en un local los dependientes lo saludan con el consabido «Irasshaimase» y doblando el espinazo, unos más y otros menos. En Galicia los dueños de muchos locales son más prácticos y han colocado en las puertas a personajes de lo más variopinto para recibir a sus clientes. A veces desconciertan: «¿Quién es el tipo ese que nos hace fotos desde el balcón?», preguntaba un viandante en la Marina coruñesa. Es un maniquí vestido de fotógrafo que parece disparar su cámara desde el balcón de una tienda de fotografía a todo el que pasa por una calle en la que también está Frankenstein. «Cuando no está fuera es como si la tienda estuviera cerrada», asegura uno de los dependientes de El Baúl de los Recuerdos. El grado de confianza con el monstruo de Mary Shelley es tal que han tenido que colocar un cartel prohibiendo subírsele a la chepa para hacer fotos. Claro que ya ocurrió antes con Marilyn, a cuyas faldas alborotadas intentaban trepar algunos, y con Chaplin, que fue el primero en recibir a los clientes de esta tienda de la calle Riego de Agua con su mirada melancólica. Y mirada bonachona es también la de Pepe, un orondo camarero con su pajarita roja, una botella en una mano y la bandeja, con la pizarra, en la otra. Da cuenta del menú y de otras novedades del local mientras atiende sobre todo a los clientes más pequeños, e incluso a los que solo pasan por la calle: «A los críos les hace mucha gracia, están encantados con él», explica su cuidadora. Cuando cierran, Pepe sigue vigilando la entrada y se le puede ver desde fuera, inmutable, con su bandullo a punto de hacer saltar el botón de la chaqueta.

 

La que está estos días reparando el vestuario es Maruxiña. El pasado verano en la Ciudad Vieja «todo el mundo se paraba a verla». Esto evoca Marisa, la dueña de la carnicería A Vaquiña, que creó a esta gallega a partir de «un concurso para decorar los balcones». El tiesto de una planta acabó convertido en la cabeza y el pelo de Maruxiña, a la que ahora «le estoy buscando pareja, que la pobre está muy soliña, pero llevará un tiempo porque, ya sabes, entre que ligan y esas cosas...». También está solo el oso de Natura, en Vigo; allí lleva 22 años y por eso le ha pasado de todo, desde niños que le tenían miedo al crío impetuoso que al querer abrazarlo lo derribó. Quienes nos dan la bienvenida desatan pasiones.

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Le llaman Pepe, da cuenta de la comida que hay en El Huerto y los críos le tienen especial cariño.

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«Todos los chinos tienen la foto con Maruxiña», dice la dueña y anuncia que le va a buscar pareja.

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«Cuando no está parece como si estuviera cerrado», dice el dependiente aludiendo a Frankenstein.

Está en la Gran Vía de Vigo y Eva y Julia lo cuidan: no es la primera vez que un crío lo derriba.

 

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