«No existe ningún príncipe azul: ni de Disney, ni de Grey»

Desmonta todos los mitos sobre príncipes azules con «El amor y su puta madre», repasa para YES su trayectoria y avanza el futuro con firmeza, a pesar de las sacudidas que la vida le ha dado a su corazón, alma y profesión.


Acude Mar Regueras (Barcelona, 1970) a la llamada con ganas de hacer balance. Y lo hace a pecho descubierto, sin morderse la lengua y con El amor y su puta madre como estandarte.

-No es un título muy positivo...

-Pero es la verdad. Bueno, es mi verdad. Cada una tiene la suya. En la que nos han educado, y que hace que el amor no fluctúe como parece que debería según los cánones. Ya no existe ese príncipe azul de Walt Disney ni el de ahora de las Sombras de Grey. De hecho, en el libro me meto con ambos. Pido un poco de cordura. Los de Walt Disney eran todos metrosexuales. Ni tampoco son príncipes azules los que nos quieren vender ahora. Pero claro, cuando me mandan por el móvil esas fotos de esos tíos buenos yo les digo a mis amigas... pero si es gay. Si esto es lo que nos queda...

-¿Tenías necesidad de escribir el libro?

-En realidad, la historia nace como para un monólogo. Después pudo adaptarse a una función de teatro. Y sigue el formato libro. Siempre dije que yo no soy escritora, pero cuando la editora ve la historia, me lo propone y yo digo: «Adelante».

-Con todo, no falta el humor.

-Es que este libro lo expulso desde el humor. Si a estas alturas no me río de mí misma... Aunque hablo de experiencias que le han sucedido a mis amigas y que comento con ellas, es un libro autobiográfico y es muy duro por momentos. Me río de mí misma porque necesito expulsar, liberar, hacer terapia... Alguna, cuando lo lee, me pregunta sorprendida: «¿Pero qué tipo de hombres te has encontrado?».

-¿No has encontrado nunca el amor?

-Sí lo he encontrado. El amor de mi vida es mi hija Violeta. Es puro, incondicional.

-Además de tu relación con los hombres, en tu vida ha tenido gran peso tu extensa trayectoria profesional.

-Profesionalmente, ha sido una carrera bastante dura. Yo soy atea, pero esto no ha sido llegar y besar el santo. No ha sido un camino de rosas, ni para los que vivimos de lo que nos gusta hacer. Aquí tienes un trabajo y después estás año y medio en el paro... no es fácil. Y ahora con 46 años, ¿qué? ¿Por qué no me contratan? Cierto es que he tenido la suerte de disfrutar de esta profesión. Y seré una inconformista, pero me hubiera gustado que mi carrera fuera más extensa.

-¿Es tan real el tópico de que las actrices sufren para encontrar trabajo a partir de cierta edad?

-Y tan real. Se supone que los cuarenta son la plenitud, pero para una mujer es un camino de calvario. Y me sigo preguntando: «¿Qué hago mal?». Probablemente, nada.

-Sucede con los demás trabajos...

-Claro que pienso que hemos tenido la suerte de no haber nacido en Siria, por ejemplo. Pero también que en otros países nos iría mejor.

-Al menos no te rindes.

-Pues sí. A veces pienso que sí, que me rindo. Y que no me levantaría de la cama. Depende del día.

-¿Con qué formato te quedas de todos en los que has trabajado?

-La panacea es tocar los tres campos: teatro (que afrontaré en el presente), televisión y cine. Pero la televisión es donde me siento como pez en el agua.

-¿Después de todo, le recomendarías a tu hija que fuese actriz?

-Mi hija ya es artista por naturaleza. Interpreta bien, canta, baila... Lo que quiero es que sea feliz. Y fuera de este país, si es necesario.

-¿Crees que te iría mejor fuera?

-En México, en Estados Unidos, por ejemplo, se quiere al artista, se le respeta, se le mima. Incluso está mejor remunerado. Aquí a veces no te pagan y dan por hecho que debes trabajar gratis. ¿De qué comemos, pues? Me cuentan experiencias mucho más plenas con los fans. Aquí no falta nada para que volvamos con el carromato.

-¿Qué buscabas con la foto de la portada?

-Varias cosas. Recrear en clave de humor la imagen icónica de la película American Beauty. Soy feminista, reclamo la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Tienen una doble cara esos sugus? Y quería decir al mundo: «Yo con 46 años no tengo nada que envidiar a la chica de American Beauty con 16». Ahora es el momento de reivindicar. Estoy mejor o igual que una de dieciséis. Además, hay un capítulo del libro en el que debatimos sobre el tamaño... que si los hay como una botella de coca-cola o los hay como unos sugus, tan pequeños que se te pierden en la boca y se pegan. Ahí va un guiño al libro. Además, esas rosas de American Beauty, que representaban la candidez y la inocencia, tanto era así que no tenían ni aroma.

-¿Qué ves cuando te miras al espejo?

-Pues no me gusto, como la mayoría de las mujeres, pero reconozco que estoy mejor que muchas de 46.

-¿Y tu interior qué reflejo te ofrece?

-Por dentro veo muchas cosas. Que en cierto modo se ha perdido esa Mar de veinte años y quiero luchar ahora por recuperarla para afrontar el futuro.

-Tienes nociones de gimnasia (eres entrenadora nacional) y de doma...

-[Interrumpe] Pero nunca he ejercido. Realmente, me dediqué a danza contemporánea, baile moderno. Paradojas de la vida...

-¿Cómo quieres que te recuerden?

-Como la emprendedora.

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