«No me importa el currículo, solo contrato a buenas personas»

En su libro «Working Happy» recoge la filosofía que lleva a cabo en su empresa. Ni horarios fijos ni cargos ni currículo académico. Lo importante para trabajar bien y ser feliz pasa por otro camino, en el que el dinero importa, pero no es suficiente.

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18/03/2017 17:12 h

Meritxell Costa solo tiene 33 años, pero lleva desde de los 22 trabajando a tope. Se formó como periodista, pero pronto dio el salto al márketing y hoy se encarga de asesorar a empresas y dar conferencias sobre liderazgo. «A mí me salvó tener que trabajar para sacarme la carrera, eso me dio otra perspectiva y cuando acabé no era la que mejores notas tenía, pero nadie había hecho tantas prácticas como yo». Ahora habla del currículo experiencial, de la personalidad, y de cómo se puede ser feliz en el trabajo. Ella, eso sí, tiene una carrera, dos másteres y un posgrado.

-A ver, ¿cómo es eso de que contratas solo a buena gente?

-Sí, sí, bueno, lo primero que quiero decir es que nosotros somos intraemprendeduría, así que contratos, los mínimos. Todo mi personal es autónomo, son creativos, gente de webs. Pero es verdad que en mi empresa nos enfocamos a ese tipo de personas, buenas personas.

-¿Qué entiendes tú por buena gente?

-Gente con mucha iniciativa, muy responsable, ellos saben los topes horarios y cumplen. Es un liderazgo tan horizontal que todos opinamos de todo. Creo que ser buena gente es eso, sentir los colores, como si eres del Barça, y hay mucha confianza, tanta que si la cosa no funciona se termina y listo. Buena gente en eso. No gente en plan: «Me vas a solucionar la vida como jefe». Yo también viví esa sensación. Tenía un vacío dentro y esperaba que el jefe me solucionara la vida.

-Pecamos entonces como trabajadores de pedirle siempre al jefe que nos resuelva, que nos indique.

-Es un «win-win». El jefe tiene que estar muy trabajado, es duro, pero tienes que ser muy persona. Si no, puedes resultar un capullo. Como jefe debes tener mucha psicología, hay chicos a los que hay que darles el trabajo de golpe y a otros a los que se lo tienes que dar poco a poco porque si no se sofocan. La tarea del líder es conocer mucho a su equipo para saber cómo comunicarse. Es casi como una relación de pareja, tú cuando te levantas ya sabes si el otro está de buenas o no y cómo darle la vuelta a la cosa. Son relaciones.

-No hay horarios, salvo excepciones, ¿no?

-Efectivamente, no es necesario. Tenemos unas fechas de entrega, y nosotros, por ejemplo, no tenemos cargos. Nos los ponemos cara afuera, pero todos hacemos en función de nuestras fortalezas y del tiempo. «Hey, chicos, ha entrado esto: ¿quién lo quiere?».

-Haz autocrítica. ¿Qué te ha costado más?

-Poner límites. Porque no creía suficientemente en mí como autoridad. Ha habido momentos en que los equipos se van, evolucionan, y la primera gente a la que tuve que echar fue muy duro.

-¿Y por qué has echado a gente?

-He echado a gente y otra me ha pedido tiempo. Hubo uno que me dijo: «Jefa, eres lo más, pero tengo una churri y me voy a Londres». Y ahora está en Londres buscando trabajo. Pero he tenido alguna situación incómoda, de abogados y eso. Era gordo.

-¿Cómo se genera ese ambiente de felicidad?

-La clave es que no es separado. Yo soy la misma en mi vida privada que aquí. Venía del paradigma de «si estudio mucho tendré trabajo», mentira; «ser profesional equivale a ser serio», mentira. Yo no soy seria, soy así, y esa naturalidad de decir: «Chicos, que no llego, ¿cómo lo haríais?», ayuda. Cuando las cosas no iban bien era porque tenía trabajadores que creían que yo tenía que ser inmortal. Y yo no tengo nada de inmortal. Soy imperfecta como cualquiera.

-¿Cómo se gana el respeto?

-Yo no me tengo que ganar el respeto. Hay una admiración mutua, y es una relación sana, el respeto lo traen de casa.

-¿Y quién te cuida a ti?

-Tengo también mis coachs, y nuestra formación. Yo cada año me voy al extranjero a formarme.

-¿Cuál crees que es el mal común de los trabajadores aquí?

-Los empresarios, la obsesión de fijar el horario. No lo entiendo. Eso de calentar la silla o «tú tienes que estar aquí». O que el trabajador no sepa el plan de la empresa; si no saben los trabajadores hacia dónde vamos estamos perdidos. Pero las cúpulas se guardan toda la información, como si los trabajadores fueran tontos. Depende de la dimensión de la empresa, claro. En una multinacional tienes que trabajar por áreas, pero la transparencia es clave.

-¿Nos importa más cómo trabajamos que el dinero?

-Aún nos importa más el dinero. Cuando nos pegamos el batacazo entonces vemos que el dinero no es todo, y empezamos a hablar de la calidad de vida, o del clima, pero en primera instancia el dinero. Para llegar a esa conclusión de que no te importe tanto tienes que haber pasado por muchas cosas o no tener necesidad.

-Pero tú querías trabajar en un ambiente feliz.

-Sí, pero porque yo ganaba dinero. Yo nunca recomiendo emprender por necesidad. Es un marronazo. Emprendes porque tienes un don, pero por necesidad, ¡uf!

-¿Y en qué eres exigente?

-No soy nada perfeccionista. Porque el mercado no está dispuesto a pagar la perfección. Delegar me ha enseñado a entender que la perfección de cada uno es distinta.

-¿Cómo seleccionas a alguien?

-O han sido alumnos o alguna persona que he visto cómo trabajaba. Mi secretaria antes vendía cochecitos de niños, pero me gustaba cómo atendía a la gente.

-Si tienes algún problema con alguien, ¿cómo lo resuelves?

-Hablando, la gente es mayor. Y cuando eres autónomo te responsabilizas muchísimo más. Si no le das proyectos la persona ya se da cuenta, así que espabila.

-El currículo importa poco.

-Sí, acabamos preguntando por qué deporte hacen o cómo reaccionan bajo presión. El currículo da muy pocas pistas. Es verdad que ahora lo que importa es un currículo experiencial, los educativos están superdesfasados.

-¿Qué claves buscas para contratar?

-Buena gente, muy positiva, enfocada a soluciones siempre; gente práctica que va al grano; y que constantemente se forma, en lo profesional y en lo personal.

-¿Tú intentas todos los días trabajar un mínimo?

-Sí, claro. Yo tengo agenda. Aquí ocho horas las trabaja todo el mundo. No estaremos físicamente, pero están todos conectados. Cada uno se monta un poco su día. Si tienes a los niños malos y necesitas trabajar más por la noche, pues no pasa nada. Pero la gente cumple. La jornada de ocho horas no nos la saca nadie.

-¿Crees en la suerte?

-No. Sí en encontrar tu valor diferencial. Cada uno tiene que conocer sus fortalezas y monetizarlas.

-¿Un líder qué debe tener?

-Un líder tiene que inspirar y ser coherente con el ejemplo. Yo soy una persona también muy espiritual y creo que si la vida no te lleva por algún lugar es porque por ahí no es. La vida sabe más que tú. Y tú por ego, por reconocimiento o por lo que sea te metes ahí «erre que erre». Y no sale. Las cosas llegan cuando llegan.

-¿Entonces no hay que aguantar?

-Tú debes dar el primer paso, pero luego la vida hace sus propios planes. Yo luchar contra viento y marea no. Hay problemas, pero si las cosas no van bien, yo no me resistiría al cambio. Es como la gente que no se divorcia para no estar sola. El apego es lo peor que hay. Para mí la clave de un currículo es que cuando venga un marrón lo sepan gestionar.

-¿Cuál es el fallo más común entre los trabajadores?

-Ya tengo trabajo, he llegado y me planto. Como si hubiera un techo. El aquí me planto nos mata a unos y otros.

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