Me llamo así por ti

SI DICES SU NOMBRE... SUENA UNA CANCIÓN Arriba los vinilos y los viejos éxitos, que nos llenan de orgullo ¡e inspiración! Esta Noelia le debe su nombre a Nino Bravo, Tamara a Los Tamara y Anduriña a la niña que un día voló. Hasta tenemos a Heidi, que ha bajado de sus Alpes a la playa. Abuelito, dime túúúú... ¿quién me puso esta canción?

.
Y. GARCÍA Y P. PORTABALES

Dime tu nombre... y te haré reina de un jardín de rosas. Qué buen principio es una canción. Este reportema va de nombres sonados, que algunos mira que suenan una y otra vez. Noelia Noelia Noelia Noelia Noeliaaaa está aquí por Nino Bravo. Tamara, porque su abuelo materno, Federico, a Los Tamara conoció. Anduriña es nada menos que «hija» de Juan y Junior y, si Eva María se fue, ¿a quién encontramos buscando el sol en la playa? ¡A Heidi! Sin Niebla, sin abuelito y sin cabras pero volando envuelta en la canción de la tele al fresco viento de Riazor.

.

UNA HEIDI ANIMADA

No es feliz porque viva en las montañas con su abuelito. Tampoco está rodeada de flores y animales como Niebla, Copito de Nieve, Blanquita, Diana o Pichín. Ni su mejor amigo se llama Pedro. Lo único que tiene en común esta venezolana, afincada en A Coruña desde hace 20 años, con aquella niña feliz de coloretes que siempre iba descalza es el nombre. Fueron sus padres quienes decidieron bautizarla así por su pasión por estos dibujos animados (los primeros, los de los 70. Heidi González Durán tiene hoy 40 años y cuando abandonó su país natal para mudarse a A Coruña le costó mucho debido a su nombre. La gente se lo tomaba a guasa. «Yo estoy muy orgullosa de mi nombre pero mis allegados no tanto. Tenía dos primos en León a los que les daba vergüenza presentarme a sus amigos y decir que me llamaba Heidi. Incluso llegaron a cambiarme el nombre y me pusieron Patricia», cuenta esta mujer, que, en un guiño a sus padres, actualmente pone los dibujos de Heidi a sus hijas, Bárbara y Valentina.

Heidi González es autónoma en una empresa de distribución de material de perforación. En principio, sus clientes como la mayor parte de la gente se tomaba su nombre a pitorreo. «La gente me preguntaba cuál era mi nombre de verdad. Y por la noche, cuando salía de marcha, el tema ya era terrible. La gente que conocía pensaba que le estaba mintiendo y los vacilaba», recuerda esta venezolana que orgullosa está de llamarse Heidi.

.

TAMARA Y PUCHO BOEDO

Yo recuerdo aquel día que nos fuimos a bañar... en el río aqueeel. Ojo, no el que canta Miguel Ríos con pasión. Sino el Tambre, el mismo que en un mapa antiguo de Galicia verás como Tamara. El río fluyó, sonó a pop con garra y dio nombre al grupo mítico que en los 70 cantaba con Pucho Boedo: «A Santiago voy ligerito caaaaminando...». Por más que suene a música y a reivindicación de raíces, a Tamara nunca acabó de gustarle su nombre. «Preferiría Lucía, que es el que mis padres me querían poner»... y en ese caso no, no por la canción de Serrat, ni por la de Miguel Ríos. «Mi abuelo materno, Federico, estaba alucinado con Los Tamara y se empeñó».

Toda la familia, salvo uno, quería que se llamara Lucía. «De hecho me llamo Lucía Tamara, pero mi abuelo era muy amigo de Pucho Boedo y al final mi madre tuvo ese detalle con él. Trataron de llamarme Lucía durante años...», pero por empeño de abuelo Tamara venció. «Él era muy reivindicativo con Galicia. A su casa la llamó Ceive». Con uve, de Volare, otra canción. Tamara Rodríguez Yuste, para más señas, tiene historia y no se libra de la música. «Primero fue por Los Tamara... después por la Tamara de No cambié, No cambié -cuenta con un humor largo en paciencia-. Que mira que me vacilaron con la canción... Uf, qué tortura, me habrán dicho ‘No cambié, no cambié’ por lo menos un millón de veces...». Es que la música, como la risa, es muy contagiosa.

.

DE NOELIAAA A ANDURIÑA

En mi casa, siendo una niña, sonaban Nino Bravo y Plácido Domingo

a partes iguales. El primero vuelve a mí con Noelia. Noelia, Noelia, Noelia, Noeeeliaaa... La misma canción que la viveirense Noelia Casavella (Ourol, 1980) escucha alguna vez cuando se encuentra con conocidos (aunque, supongo, no cantarán como el Bravo): «Si que moitas veces entro nun sitio e a xente que ten confianza comigo en vez do saúdo dinme Noelia, Noelia, Noelia... Xa non o cantan, tararéxano». La realidad es que su nombre deriva precisamente de uno de los temas centrales del artista cuya carrera musical truncó a sus 28 años un accidente en 1973 y del que era seguidora la madre de Noelia, Toñita: «Miña nai cando traballaba nunha panadaría escoitaba a Nino Bravo. Daquela era moi tradicional que os nomes os escollesen as madriñas pero miña nai non lle deixou á miña, Aurora, porque dixo que se algún día viña unha filla xa tiña o nome pensado, que ía ser Noelia». A Noelia siempre le gustó su nombre. «O que non me gusta é poñerlle o mesmo nome dos pais aos fillos», dice. Su pequeña, de 5 años, se llama Laura pero, aviso, nada tiene que ver con la Laura se fue, Laura no está... de Nek (ni con la lady Laura de Roberto Carlos). Aunque nació en 1980, Noelia sabe que Nino Bravo era todo un fenómeno musical de la balada romántica en los 70. «A min gústame Nino Bravo, como cantaba e as súas cancións»... tanto como a Karra Elejalde en 100 metros. Cuando nació su hija, Noelia lo tuvo claro y optó por un nombre «atemporal», aunque reconoce que tener una canción «propia» mola. Yo, que escribo parte de este reportaje, tengo la mía, Eternamente Yolanda, de Pablo Milanés. Tápense los oídos, por favor...

.

En Galicia un día nació María Anduriña García Durán. Fue en el hospital Materno de A Coruña hace 39 años. Esta vieja historia no la escuché en un café, me la contó esta mujer a la que le costó muchos años asumir la realidad de su nombre. «Mis amigas eran Vanesas, Paulas… De pequeña no me gustaba nada, lo pasaba fatal. No entendía por qué me lo habían puesto. Incluso hubo una época en la que solo utilizaba el María», recuerda. Esa niña no se escapó del pueblo pero sí que reaccionó de mala manera cuando los Reyes Magos le trajeron un single del éxito de Juan y Junior en el que se inspiraron sus progenitores. «Lo conservo, pero rayado. Lo rayé a propósito», rememora. Pero con los años descubrió que lo del nombre original no era del todo malo. «Lo asumí cuando ya tenía la edad del ligoteo y vi que podía dar pie para entablar conversación y romper el hielo para acercarme al chico que me gustaba», habla y me sonríe. Anduriña la llamaron, y voló. «En 1993 nos fuimos con mi padre a Malasia por motivos de trabajo y cada vez que pasábamos un control de aduanas nos paraban por el pasaporte. De hecho prometí que el día que tuviese una hija le pondría un nombre internacional». Cumplió, su pequeña se llama Mónica. «Buff», responde cuando le pregunto cuántas veces le cantaron el tema. A pesar de todo «aún a día de hoy no me la sé entera, me quedó el complejo de pequeña», dice esta mujer a la que un día Anduriña García la llamaron.

Votación
5 votos
Comentarios