Polos opuestos no se atraen

¿LE DAMOS LA VUELTA AL TÓPICO? No hay quórum en la fuerza de la atracción. Frente al dicho popular, hay estudios que advierten que genéticamente elegimos parejas afines. Dos expertos nos guían. ¿Media naranja o alma gemela?

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A la teoría magnética del amor se le va la fuerza por la boca. Como el pez, muere el mito popular. ¿«Los polos opuestos se atraen»? Estudios recientes dicen que no. Tras entrevistar a 500 parejas que han pasado más de 40 años juntas, la Universidad de Cornell (Nueva York) concluye que el vínculo entre dos crece en la coincidencia, en la afinidad. Tres iniciales muy suyas nos guían a la hora de elegir: un ADN similar determina la atracción, apunta otro estudio de la Universidad de Colorado. «Biológicamente no hay nada demostrado, pero las hormonas son medios de comunicación potentes -asegura la sexóloga Nayara Malnero, autora del libro y el blog Sexperimentando.com- . Hormonalmente buscamos el equilibrio con otros». Y lo familiar. «La sensación de familiaridad tiene su peso en la elección -afirma Aránzazu García, sexóloga de la Clínica Vida-. Tendemos a buscar la similitud con el núcleo de origen». ¿Buscan ellas el molde de papá? «No es algo matemático -sigue la experta- . A veces nosotras podemos buscar a mamá, depende de con qué rol familiar nos identifiquemos más». Pero, en general, si tendemos a imitar los roles y relaciones que aprendimos en la infancia es porque nos cuesta abandonar la «zona de confort», por poco estimulante y conveniente que sea.

«Lo exótico es erótico», subraya Nayara Malnero sopesando la fuerza de los polos del imán. A priori una tiene la impresión de que la sorpresa es lo distinto; y el defecto propio, eso que en nosotros pase... pero en los otros no podemos soportar. «Nos atrae lo que nos falta», asevera Aránzazu García. ¿Y lo que tenemos no? «Si nos sentimos atraídos por personas parecidas, no hay sensación de necesidad. No hay un necesito, un dependo, un no me faltes, un no puedo vivir sin ti». Aun mejor, ¿no?, ¿o querer es depender de otro por necesidad? Que nos atraiga lo parecido a nosotros, si lo nuestro es positivo, estupendo, afirman ambas sexólogas, «pero nos gustan los retos», el sexappeal del desafío. «Lo diferente nos motiva a aprender -explica Nayara Malnero-. A negociar. El conflicto en la pareja no es malo en sí, lo que hay es que saber gestionarlo».

¿Y TÚ DE QUÉ COLOR ERES?

Estar con alguien diferente no es cómodo. Primera cuestión: ¿Puede funcionar? «Sí. El éxito en la pareja depende de la buena comunicación y del sentimiento de equipo». Segunda: ¿En la comodidad, hay plenitud? Leyendo Angustia de Stefan Zweig diría que no. Veámoslo en color... «Imagínate que eres verde y tu pareja roja; en cambio, en la pareja de al lado uno es verde claro y otro verde oscuro. Tu estás acostumbrado a la diferencia de color. Ellos son verdes los dos... piensas ‘debe ser fácil’. Pero cinco años después las diferencias más pequeñas en una pareja de verdes pueden hacerse grandes. La diferencia que tú ves pequeña, en cinco años, ellos pueden verla grande», explica Aránzazu.

Los polos opuestos defienden su magnetismo en el amor. Florecen aún los viejos estereotipos, y no por la primavera: «Piensa en las mujeres muy femeninas y los hombres ultramasculinos -Aránzazu pone el ejemplo extremo-. Ambos se han dejado capacidades sin desarrollar para potenciar otras. Las mujeres sensibles, delicadas, dulces, es probable que hayan dejado de lado la asertividad o la seguridad en sí mismas, atributos que desarrolla el varón ultramasculino, seguro, frío, el ‘defensor perfecto’. Son polos opuestos y, por tanto, complementarios».

¿Media naranja o alma gemela?, ¿qué nos hace felices? «Deberíamos ponernos de acuerdo primero en qué es la felicidad», sugiere Aránzazu García. En el aire la respuesta...

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