«Soy feliz porque ahora no tengo pareja y puedo dedicarme a mi trabajo»

Con ese físico parece extraterrestre, pero Álex está muy pegado a la tierra. Después de «Citizen», la nueva serie sobrenatural americana, vuelve a España con ganas de quedarse. Él lleva lo que quiere hasta el final: «Soy cabezota, impulsivo y explosivo».


Nunca ha perdido el rumbo y como buen Leo le gusta ponerse al mando de la situación. Por algo se define «cabezota, impulsivo y explosivo, pero es una llamarada que rápido se me pasa», cuenta. Para Álex el éxito va ligado a la palabra felicidad, con la cual se lleva ahora muy bien ya que, sin pareja y sin buscarla ?so pena de algunas- tiene todo el tiempo para afinar sus herramientas de actor: el objetivo de su vida. Durante su periplo en Los Ángeles se ha llevado a cuestas también a El príncipe, «muy seguida por el público latino», pero ha sido en Italia y Croacia donde más fans ha conseguido por esta serie fuera de nuestro país. Ahora, de vuelta, planea su aterrizaje en la televisión y, en el cine, le veremos fugazmente en Noctem, una película con hechos paranormales. Él es, sin embargo, de lo más normal, de esos tipos majos que valoran cosas sencillas como la inocencia.

 

 

-¿Tras el éxito de «El príncipe», fue una huida necesaria irte a EE.UU.?

-Irme a EE.UU. ha sido una forma de volver a ser aprendiz más que una huida. Me fui muy contento y lleno de energía por los resultados conseguidos con la serie y haber conectado con tanta gente después de tres años aunque el éxito conllevara hacer pequeñas modificaciones en mi vida. Pero después de rodar Citizen en EE.UU., he volado doce veces a España y dos a Colombia, por lo que he estado más fuera que en Los Ángeles. Pero ya regreso de nuevo para quedarme en España.

 

-¿No te ha dado tiempo entonces a vivir el sueño americano?

-Realmente el sueño americano no sé muy bien qué es. Sí es cierto que si trabajas bien, te premian, que no hay un tope, y si estás dispuesto a sacrificar cosas, tu sueño se puede cumplir.

-¿Vas a cerrar esa etapa o dejas la puerta medio abierta?

-Acabo de hacer unos cástings, pero la única puerta que queda medio abierta es que si realmente Paramount vende Citizen a otra cadena de televisión, podría volver. Pero habría que ver las condiciones y negociar el contrato. Así que ahora estoy libre y con vistas de poder participar en una serie de Telecinco, si sale adelante, porque mis planes son trabajar en España.

 

-¿Qué tal la vida social allí?

-Como no me ha dado tiempo a echar raíces y he estado todo el tiempo aprendiendo y trabajando, he hecho poca vida social. Sobre todo si lo comparas con lo fácil que es hacerse una vida social en España, porque incluso si sales un sábado por la noche solo es muy difícil que no termines conociendo a alguien.

 

-¿Qué es lo peor del éxito para ti?

-Primero hay que definir qué es el éxito. Me estoy interrogando sobre esto en este momento de mi vida y sigo sin saber exactamente qué es el éxito para mí, aunque va ligado a la palabra felicidad y esta es a veces inalcanzable. Da igual lo que le des de comer que al final siempre terminas detrás (risas). Pero creo que para mí el éxito sería encontrar el equilibrio entre pareja, trabajo, familia y expectativas. También pienso que el éxito personal se puede desligar del éxito profesional y ser feliz. Antes solo pensaba que siendo buen actor alcanzaría la felicidad, pero ahora he empezado a entender que podría no llegar a ser un buen actor, e igualmente sentirme feliz.

 

-¿Y hoy por hoy eres feliz?

-Soy feliz porque ahora mismo no tengo pareja ni hijos y puedo dedicar mucho tiempo a mi trabajo y eso me hace muy feliz y afortunado.

 

-Como buen Leo que eres, ¿cómo te definirías?

-Los Leo necesitamos atención, somos un poco egocéntricos, y yo en concreto soy Leo y ascendente Leo. Así que soy además cabezota, impulsivo y explosivo, pero es una llamarada que se me pasa rápido. Y esto que es lo malo de mí es también mi parte buena. Porque ser cabezota me ha hecho que esa cabezonería alimentara la llama que me ha llevado a ser así en lo profesional y en lo personal y a no ver otra opción más que la de ser actor, aunque los que me conocen siempre me han dicho que tengo mucha suerte.

 

-¿Eres de pensar en positivo?

- Sí, yo siempre pienso que con trabajo y esfuerzo todo se puede conseguir. Porque el hecho de pensar en positivo le da uno la determinación.

 

-¿Y qué más dicen de ti?

-Pues como buen Leo a todo el mundo le digo cómo se tienen que hacer las cosas, como si tuviéramos un manual de instrucciones, aunque luego realmente no lo aplicamos a nuestra vida (risas).

 

-¿Hay algo de lo que te arrepientas cada día?

-No me arrepiento de nada, ni de haber venido a Estados Unidos, a pesar de que la pronunciación me trae de cabeza.

 

-Tu físico está muy cotizado. ¿Tienes alguna parte de tu cuerpo asegurada, como algunas estrellas de Hollywood?

-No, y no me quiero imaginar la carcajada que produciría esto en España. Pero sin duda debería haber sido más cuidadoso con mi nariz cuando boxeaba. Esto de la belleza es muy relativo, porque la televisión magnifica todo y está claro que hay chicos más guapos que yo.

 

-¿Cuánto tiempo boxeaste?

-Unos ocho años. Lo cogía y lo dejaba, volvía y lo dejaba. Y, aunque es un deporte que me encanta, al final me di cuenta de que no me sumaba, es decir, no me servía para mi propósito. Porque hay un momento en la vida en el que te preguntas: ¿Qué quiero hacer? Y te tienes que rodear de esas cosas. Me he dado cuenta de que las frases de autoayuda que circulan por ahí como: «No te rindas, Persigue tus sueños, No importa las veces que te caigas mientras te levantes» son frases muy peligrosas, porque de tanto repetirlas dejan de tener sentido. Repitiéndolas dejas de rodearte de las herramientas que de verdad necesitas para conseguir lo que quieres. Esto de creerte las cosas se ha popularizado con el libro El Secreto.

 

-Entonces, ¿cuál es tu forma de conseguir tu sueño?

- Mi sueño en la vida es llegar a los 85 años siendo actor, pero si la herramienta del boxeo me resta, porque cuando me dan un golpe en la cabeza no puedo memorizar bien, lo dejo. Mientras, jugar al tenis me suma, porque mi cabeza y mi cerebro se van a quedar intactos. Y así todo. Ahora mismo me suma aprender inglés porque en el mercado americano hay más cosas que me interesan. Quizás parezca demasiado cuadriculado, pero hacerlo de otra forma sin pasar filtros es engañarte a ti mismo.

 

-¿Eres muy tecnológico?

-Cero tecnológico.

 

-¿Así que no te implantarías un chip en la muñeca como algunas empresas pretenden?

-No lo creo. Pero hay más formas de tenernos controlados. En Estados Unidos me tuve que hacer la tarjeta de la Seguridad Social, que no es como la española, y con ella saben cuánto dinero has ganado, el que has perdido, si has estado en bancarrota, si has estado casado, divorciado, detenido, si has cometido delitos, si has estado en la cárcel, cuánto tiempo y por qué, si has tenido coche o lo has perdido. Tienen toda nuestra identidad y nuestro historial en ocho dígitos que lo cuentan todo de ti. No es como implantarte un microchip pero, como ciudadano del mundo, te tienen archivado en un número.

 

-¿Te sientes conquistador?

-No, con las mujeres soy un desastre. Gracias a Dios que me han conquistado siempre (risas).

 

-¿Normalmente reconoces el amor cuando lo ves o eres algo miope?

-Soy miope para las dos cosas: para cuando creo que lo estoy viendo y no lo es, y para cuando está siendo de verdad y no lo veo. Pero más que de una cuestión de miopía, depende del momento de cada uno. Yo ahora estoy bien así y no me apetece nada tener pareja, entonces eso te lleva a no ser muy miope y ver solo lo que es real, mientras que cuando deseas más que nada encontrar pareja terminas agarrándote a un clavo ardiendo.

 -En «Órbita 9» vas de taciturno, calladito. ¿Eres también poco hablador?

-Claro, por eso me apetecía hacer esta película. Porque se alejaba mucho de lo que yo había hecho hasta ahora. Es un tipo que está más en lo mental y menos en lo físico, y además la heroína es la chica. Por otra parte creo que el tipo tenía una tara, porque es muy inteligente pero no sabe cómo relacionarse con lo físico. Es el típico que cuando le das un abrazo se tensa. Y luego, aunque es una historia de amor, hay pocas escenas que lo muestran. Los protagonistas no son dos que se relacionan bien con lo físico, no se tocan ni se abrazan mucho, no muestran demasiado afecto y me apetecía investigar eso.

 

-Quizás también por la inocencia de ella al vivir siempre aislada.

-Sí, en parte porque nunca lo ha conocido, que es otra de las cosas que más me han gustado de esta historia de amor: ella está muy sola dentro de la nave y él está muy solo rodeado de gente. Y es como si uno hubiera querido estar siempre con el otro sin ni siquiera estar predispuestos. Parece que se rescatan el uno a otro. Álex parece el héroe que entra a salvarla, pero ella le salva a él.

 -¿Esa inocencia te gusta en las chicas?

-Sí. La inocencia es una de las grandes virtudes del ser humano. Es una de las cosas que me conquistan y me cautivan, no solo como hombre, sino como persona. Mantener intacta la sorpresa y la frescura de ver el mundo por primera vez me gusta mucho. Porque lo prefabricado cada vez me cansa más, sobre todo en esta profesión en la que es muy fácil encontrarse con la falsedad, pero nada fácil encontrar esa inocencia.

-¿Eres un lobo solitario?

-Yo la soledad la llevo bien. No soy un lobo solitario, sé lidiar bien con la soledad, pero como mamífero que soy, necesito estar con la manada.

 -¿En qué te sientes diferente?

-No me siento diferente a nadie. Esa es otra de las grandes confusiones de las personas. Creo que todos somos únicos pero, en mi opinión, no somos especiales. Me cansa tanto ver que todo el mundo se cree tan especial que al final eso nos aleja a unos de otros. Cuando eres adolescente es lógico que te sientas así, porque eres el incomprendido, el insólito... Pero ya de adulto si sigues pensando que eres especial es que no has hecho los deberes.

-¿Te pierdes en tus pensamientos?

-Me gusta mucho la música y la manera en la que más divago es cuando voy conduciendo, porque en Los Ángeles hay que conducir mucho, y me pongo la lista de karaoke de Spotify para cantar en el coche, aunque suene friki. No canto bien, pero me gusta hacerlo.

 

-¿Y también sueles ir al karoke?

-No, eso no lo soporto. Si me das un micrófono en el escenario, me paralizo. Lo peor que me podrían hacer es obligarme a cantar. Ya lo hice una vez con un amigo y lo pasé fatal. Pero solo, en casa o en el coche, me gusta mucho.

 

-¿Con quién harías un pacto?

-Conmigo mismo para no perder el rumbo y poder rodearme de esas herramientas que necesito para lo que quiero conseguir.

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