Artículos deÁ. M. Castiñeira

Cuadrillas formadas por mujeres asombran a un público que acude a las plazas a reírse de la «mojiganga» y acaba desengañado, entregado y ovacionando

Un mal golpe de mar echa a pique la «Pepita» cerca de Fisterra. Días después, uno de sus cinco tripulantes vuelve de entre los muertos de la forma más inesperada

Antes de que la profesión «fuese elevada a categoría superior», muchos odontólogos se ganaban la vida de pueblo en pueblo «a fuerza de oratoria, tirones y tajos»

La fabricación y la distribución de pesetas de pega y «duros sevillanos» a cargo de monederos que trabajaban al margen de la ley florecía en toda Galicia

Los coruñeses descubren espantados unos «hechos escandalosísimos»: un grupo de desaprensivos exhuma reses muertas para introducirlas en el mercado

Ajeno a las modernas máquinas de limpieza, un ejército femenino se emplea a diario en «algo retrospectivo y arcaico», aunque «perdurable por luengos años»

¿Cómo averiguar si alguien es cura? Con un examen de lenguas muertas, por supuesto. Un viajero que dice ser sacerdote persa paga cara la lógica policial del XIX

Allí donde se producía el naufragio, Juan Varela, «fuerte como un roble, animoso, modesto», se sumergía para reparar y reflortar cascos que todos daban por muertos

El mediático crimen de la calle de Fuencarral inspiró una sátira protagonizada por el bulldog de la víctima, el único que había escapado a la persecución de los periodistas

En julio y agosto, meses inhábiles para según qué clases, bullen de gente las quintas, las casas de baños y los balnearios, convertidos en centros de la crónica social

Un reportero y un dibujante guían al lector por una conservera para mostrarle qué hay tras esa peste que debe de ser como la de una «gran fritura de almas perdidas»

El reportero de La Voz Alejandro Barreiro le «roba» una entrevista a su colega, amigo y tocayo Pérez Lugín. Y la publica con el relato de cómo se la ha birlado...

El día que Ubaldo entró en la enfermería no iba a pincharse, sino a que le quitasen la aguja. Su bíceps acababa de pagar una apuesta de cinco pesetas

Como cada mañana, las familias ourensanas acudieron a las plazas a llenar sellas y toneles, para descubrir que ni el sabor ni el color del agua eran los de siempre

Cuando el calor aprieta, las masas se dan baños de mar. Un reportero invita a los lectores a que lo acompañen en una excursión por los arenales para contarlo