Por aquí pasaba un río

El Támega, en el sureste ourensano y que desemboca en el Duero, lleva un año en emergencia por sequía

Por aquí pasaba un río El Támega, en el sureste ourensano y que desemboca en el Duero, lleva un año en emergencia por sequía

Ourense / La Voz

En el sureste ourensano saben lo que significa tener un río de referencia seco. La subcuenca del Támega, que comprende los concellos de Laza, Verín, Monterrei, A Gudiña, Castrelo do Val y Oímbra, y que forma parte de la Confederación Hidrográfica del Duero, se encuentra desde hace un año en situación de emergencia. El lecho del río en algunos tramos está totalmente seco y son los afluentes y arroyos que lo alimentan los que hacen que en algunas zonas se pueda ver agua.

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Esta situación, que parece crónica, no está afectando sin embargo al suministro de agua en las poblaciones -aunque en algunos núcleos muy pequeños fue necesario llevar camiones cisterna- debido sobre todo a que en esta zona ourensana hay muchos pozos subterráneos desde los que coger el agua necesaria para el consumo humano y para las actividades ganaderas y agrícolas.

Las reservas subterráneas garantizan el abastecimiento en Verín La subcuenca del Támega-Manzanas fue la primera del Duero en entrar en estado de emergencia, en diciembre del 2016, aunque en la actualidad ya se suman otras cuatro de varias provincias castellanas. La Hidrográfica cuenta en Ourense con dos puntos de recogida de datos. El primero de ellos, más cercano al nacimiento del río, está en el concello de Castrelo do Val, en la parroquia de Nocelo. El río ya no existe en esta zona y, por lo tanto, la medición de metros cúbicos de agua que pasan por este lugar es cero. El otro medidor de referencia está en Rabal, concello de Verín, casi al final del río y cerca de Portugal. Aquí sí hay datos, pero muy escasos. Ayer mismo en esta zona el caudal era de 0,10 metros cúbicos por segundo, cuando la media es de 0,44.

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El río Támega tiene una longitud de 51,91 kilómetros y nace en la localidad de Alberguería, en el concello ourensano de Laza. Uno de los afluentes más importantes es el Bubal. Fuentes de la Confederación Hidrográfica del Duero confirman que se trata de la zona más crítica de la cuenca, aunque también subrayan que no han recibido notificaciones de problemas por parte de los concellos afectados.

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Al no tratarse de un río regulado (no existen presas ni embalses), la única manera de que la situación revierta es con la llegada de precipitaciones. Otro dato que destacan desde el organismo de la cuenca es que en esta zona ourensana existen 68 hectómetros cúbicos de reserva en aguas subterráneas y que únicamente se está aprovechando, por medio de pozos, medio hectómetro. Una cifra muy baja, aunque es necesario puntualizar que esos son los datos oficiales y que la cifra de pozos en uso puede ser mucho mayor. En la única reserva subterránea en la que hubo problemas fue en la de la localidad de Tameirón en A Gudiña. La falta de agua secó un pozo y fue necesario trasladarla con camiones cisterna para surtir a los vecinos.

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El concello más poblado por el que pasa el Támega es Verín, que tiene más de 14.000 habitantes. El agua se recoge del río, muy bajo a su paso por la localidad. Desde el Concello confirman que no están teniendo problemas, ya que la toma es subterránea, pero afirman que ya han realizado prospecciones en varios pozos para tener una alternativa, si el agua subterránea del Támega fuese insuficiente o en caso de que, como ocurrió hace varios meses, los restos de los incendios forestales afectaran a su calidad.

Fuentes del organismo de la cuenca subrayan que en un momento dado se podría prohibir la utilización de agua en regadíos, pero añaden que sería una medida excepcional, ya que en el caso de los ríos no regulados tampoco es obligatorio ni se puede garantizar el caudal ecológico. Aunque la imagen es desoladora en algunas zonas del río Támega, bajo tierra está la gran reserva que permite vivir un año en estado de emergencia. Es el oro líquido del siglo XXI.

La estación de bombeo proyectada para paliar la falta de agua en Ferrol está inoperativa

 

c. l.

Ferrol acaba de entrar esta semana en situación de alerta por sequía, pero la estación de bombeo construida en otoño de 1989 en el río Xuvia por la Cotop (Consellería de Ordenación Territorial y Obras Públicas) como solución de emergencia para paliar los efectos de episodios de sequía está inoperativa. La citada instalación, desde la que en aquella época se llegó a trasvasar agua del cauce fluvial a la red general de abastecimiento procedente del pantano de As Forcadas, fue desmantelada por los ladrones de cobre en el año 2011, y el abandono tras los sucesivos temporales propició que se haya quedado sin suministro eléctrico. El cableado tendido a través de más de un kilómetro de monte desde la zona de San Clemente para facilitar la energía necesaria para el funcionamiento de la estación permanece enterrado bajo los numerosos árboles derribados por el viento.

La planta de bombeo del Xuvia tiene por objeto captar agua del río para incorporarla, por una conducción subterránea que discurre desde el cauce fluvial hasta A Carreira, a la red de abastecimiento que procede del pantano de As Forcadas y que da suministro a los concellos de Ferrol, Narón, Fene, Ares y Mugardos, a través de la depuradora de Catabois. De mantenerse la sequía, su puesta en funcionamiento podría paliar el grave problema que se avecina por la escasez en las reservas de agua. El pantano de As Forcadas se encuentra a un 45,45 % de su capacidad, ya que solo hay embalsados cinco hectómetros cúbicos de agua, de los 11 de capacidad total. La mayor merma de las reservas se registró a principios de noviembre y, según las estimaciones del Concello de Ferrol, si continúa sin llover solo habrá agua hasta finales de enero.

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