Evaristo y Gatillazo, la mafia del punk en As Revenidas

Cuarenta años en este negocio y sigue siendo el mejor en lo suyo. Su rostro impagable, su presencia desquiciada y sus letras corrosivas destrozan las costuras mal soldadas de esta sociedad nuestra


Vilagarcía / La Voz

As Revenidas no es un festival cualquiera. Gatillazo tampoco es un grupo más. En Vilaxoán, a orillas del mar de Arousa, tres días de jarana para levantar paletillas y espabilar inteligencias. Por aquí se ha paseado gente del nivel de Desakato, Nao en plena despedida, Talco o Gogol Bordello. Pero el personal esperaba a alguien por encima de todos los demás. Se llama Evaristo, su vida ha transcurrido en el triángulo que forman Tui, donde nació, Salvatierra, donde mamó todo lo que había que mamar, y Oñate, donde reside hace años y cría a su bebé. Con 59 veranos en la chepa y está hecho un padrazo, el tío, muy capaz de emplear sus dos orejas perforadas de metralla como sonajeros.

De calentar el ambiente se encargaron unos chavales de Vilagarcía, TNT Band, con solo 17 años y metiéndose ya en el embolado de echar a rodar un grupo de rock, mientras Gatillazo preparaba su asalto en el escenario principal. Con el sol cayendo comenzó a escucharse el soniquete de El Padrino. Bastó para que la marabunta que holgazaneaba en los bares o a la sombra del parque de Dona Concha, tras digerir una tremenda sardiñada, se abalanzase sobre el puerto de Vilaxoán. A Evaristo lo han puesto a parir por reunir a La Polla Records. No sé qué material consumirán esos señores distribuidores de carnés de autenticidad, pero es muy probable que se metiesen sus desbarres en ese lugar que todos podemos imaginar en cuanto viesen a nuestro hombre pegar el primer bote. Cuarenta años en este negocio y sigue siendo el mejor en lo suyo. Su rostro impagable, su presencia desquiciada y sus letras corrosivas destrozan las costuras mal soldadas de esta sociedad nuestra, tan guay y tan enrollada, a la que alguien definió alguna vez como el mejor de los mundos posibles.

Cayeron temas propios y un puñado de legendarias canciones de La Polla. Al fin y al cabo, Tripi y Txiki, el batería y uno de los guitarras de Gatillazo, acompañan a Evaristo en la tarea de resucitar la biblia del punk en este país. Gracias a él sabemos que los cuernecillos del heavy también sirven para vaciar tus fosas nasales, que un gayumbo puede valer perfectamente como bandera y que no hay partido bueno ni tertuliano que se salve. Hora y cuarto después, El Padrino volvió a sonar y a otra cosa. El temporal punkarra había pasado. Que viva la mafia.

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