«Fuimos un pueblo de 15.000 habitantes luchando contra capitales de provincia»

«Hicimos disfrutar a Cantarrana», recuerda Quesada, que disputó las cinco promociones de ascenso a Segunda B del Viveiro CF

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VIVEIRO / LA VOZ

Durante 10 campañas, José Julio F. Quesada (Avilés, 1968) fue el dueño del lateral derecho del Viveiro. Desde esa posición partió en 29 de los 30 partidos de promoción a Segunda B que jugaron los celestes. Se formó en el Avilés y pasó por el Llanera y el Candás antes de echar raíces en A Mariña, donde también defendió durante un curso la camiseta del Burela.

-¿Cómo acabó un asturiano como usted haciendo carrera en el fútbol mariñano?

-Manolo Soto, que era presidente del Viveiro, y Jaime Vale, el vicepresidente, tenían una amistad de Avilés que veraneaba aquí, y le preguntaron si por allí había algún chico que pudiese valer. Les habló de mí. Estaba cerca de casa y era un proyecto bonito, me convenció.

-Y, por lo que se ve, estuvo a gusto.

-Jugué 10 años en el Viveiro y otro en el Burela. Esta ciudad es mi casa, ya llevo aquí 25 años. Disfruté mucho del fútbol gracias al Viveiro, porque era una gozada como equipo y entidad

-Jugó las cinco promociones de ascenso a Segunda B...

-Creo que soy el único. Y además de 30 partidos jugué 29, solo me perdí uno, en Laguna de Duero (Valladolid), por acumulación de tarjetas. Fue una suerte vivir aquello. También una desgracia porque nunca conseguimos subir. Pero aquellas liguillas de cuatro en las que solo subía el campeón eran complicadísimas. Además nos tocaron equipos muy potentes. La Cultural, el Palencia, el Zamora... Éramos un pueblo de 15.000 habitantes luchando contra grandes capitales de provincia. Disfrutamos e hicimos disfrutar a la gente de Cantarrana.

-Guardará grandes recuerdos de aquellos play-offs....

-Sí, especialmente del primero, cuando nos entrenaba Gerardo Molina, de la que se cumplieron ahora 25 años. El Viveiro nunca había estado tan arriba. Había un gran equipo, con calidad y camaradería, todos nos íbamos de cañas juntos después de entrenar y eso se notaba en el campo. Todo unido a la disciplina que imponía Molina eran una combinación perfecta. La pena fueron las lesiones y que nos llevasen a Miguélez, nuestro jugador franquicia, sino habríamos tenido grandes opciones de subir. Son recuerdos imborrables, y más viendo lo difícil que es, porque ahora el equipo está en mitad de la tabla de Preferente. El sitio del Viveiro es la Tercera.

-Fue entrenador no hace demasiado de los juveniles del Viveiro, ¿tanto ha bajado el nivel de los jugadores?

-De aquella en el Viveiro había muchos jugadores de fuera, y ahora ha bajado el poderío económico. Que se televisen todos los partidos de Primera tampoco ayuda a que la gente vaya al campo... Es un cúmulo de cosas. Las directivas tienen que hacer encaje de bolillos para sacar adelante el presupuesto. Estamos en inferioridad de condiciones con los equipos de A Coruña o Santiago, que tienen muchos más jugadores en un radio más pequeño.

-¿Echa de menos sus tiempos como jugador?

-Mucho. A mí me encanta el fútbol y sigo disfrutando hasta cuando juego en veteranos. Me tocó una época preciosa, que añoro. Cantarrana entonces era espectacular, muchos equipos de Tercera alucinaban cuando llegaban a ese estadio.

«Creo que soy el único que jugó las cinco promociones de ascenso a Segunda B»

«Sin las lesiones y

si no nos llevasen

a Miguélez, en 1993 habríamos tenido muchas opciones»

«Me expulsaron más veces en cuatro años como entrenador que en veinte de jugador»

-Probó como entrenador, pero ya lleva unos años sin ejercer...

-Entrené dos años al Viveiro juvenil y otros dos al Folgueiro. Entre motivos laborales y que tampoco llegó nada que me gustase mucho, lo dejé. Pero no me gusta tanto como jugar. Cuando era jugador siempre disfrutaba, de entrenador a veces ganas y ni así disfrutas. En cuatro años como entrenador me expulsaron más veces que en veinte como futbolista. Y hay que pelear con mucha gente, en el fútbol aficionado falta compromiso. A veces, de 20 en el equipo, entrenábamos ocho. Echo de menos jugar, pero no entrenar. En juveniles es distinto porque son chicos que todavía tienen la ilusión de dar el salto.

-De los entrenadores que tuvo, ¿a cuál le gustaría parecerse?

-De todos aprendí cosas, pero también tenían detalles que no me gustaban. Molina me enseñó a estar siempre al 100 %, porque cuando no lo estabas no ibas convocado; Saavedra, como jugador y entrenador, entendía el fútbol como nadie... Al final vas cogiendo cosas de todos.

-Y de sus excompañeros, ¿a cuál le gustaría poder entrenar?

-Tuve la suerte de jugar con jugadores que podrían haber estado en categorías superiores. De hecho, en el Avilés jugué con Manel, que luego fue capitán del Real Oviedo en los años de Onopko y compañía, y también estuvo en el Deportivo. En Viveiro, Saavedra era técnicamente impresionante, hacía cosas que parecía imposible ver en Tercera División. Miguélez también era un delantero formidable. Fueron varios los jugadores que pasaron por el Viveiro que, con suerte, podrían haber llegado mucho más arriba.

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