Claves para convivir con uno mismo y con los demás

Raquel Hermida OPINIÓN

A MARIÑA

04 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Es imposible leer ¡Hay que andar! sin identificarnos con un montón de personajes y de situaciones que he ido recopilando durante toda mi trayectoria personal y profesional, trabajando por y para las personas. Cada situación, buena o mala, y cada comportamiento tiene una herramienta para ayudarte a encajar esos momentos y poder seguir avanzando en tu camino. Todos los casos son reales, tan reales como os lo estoy contando. Haber trabajado con tantas mujeres y hombres a lo largo de mi vida, me ha hecho valorar lo importante del ser humano, lo frágil que es y el valor infinito que tenemos, como seres, cada uno de nosotros. Experiencias espeluznantes de muchas mujeres, que me han hecho llorar de rabia e impotencia, mujeres guerreras de diferentes países que han sabido salir de situaciones extremas y de muchos guerreros abordados por la desesperación, rabia y frustración por no poder encontrar un trabajo o no conseguir lo básico para que sus familias pudiesen subsistir. De ellos he aprendido el gran valor del esfuerzo de superación, valentía y perseverancia, y me han demostrado que, como seres humanos, somos capaces de volver a salir de cualquier crisis para retornar a vivir y respirar.

Además, he querido incluir alguna aventura, un poco curiosa, de mi propia vida, aunque, al principio, me daba un poco de reparo el exponer mi intimidad… ¡Pero qué demonios! Al igual que yo he aprendido de vuestras historias íntimas y, muchas veces, escalofriantes, he decidido que es también importante desnudar el alma y soltar todo lo que tienes dentro a los cuatro vientos.

No considero que ¡Hay que andar! sea el bucle al que se nos tiene acostumbrados cuando te sientes mal o cuando te sientes como una pulga arrugadita. Ese entrenamiento que debemos seguir de autoayuda, de autoconocimiento, de la autoexploración…, es importante, ¡cómo no!, pero no lo es todo, ya que también tiene su lado oscuro. El lado oscuro de la desesperación, la frustración y la ansiedad por pensar que, sin conocernos lo suficiente, jamás podremos llegar a ser felices, superbuenas mamás o magníficos profesionales.