El hombre al que Sargadelos le negó una franquicia para su pequeña tienda y ahora es el dueño de la cerámica «de Galicia»

La Voz

A MARIÑA

PEPA LOSADA

Segismundo García arriesgó y reflotó la cerámica gallega de una crisis; es un «alma libre», peculiar, con carácter,  tiene «dos carreras y media», un poemario y una obra de teatro

31 dic 2025 . Actualizado a las 18:18 h.

Es un hombre especial, muy peculiar, con carácter, también como empresario. No deja a nadie indiferente. Se habla mucho de él, desde siempre, pero últimamente desde que Trabajo abrió expediente a una fábrica tan emblemática para Galicia como Sargadelos y él anunció que la cerrasen, si lo estimaban procedente.

Se llama Segismundo García, emprendedor desde bastante joven. Pero, ¿quién es este hombre que arriesgó su dinero y reflotó Sargadelos cuando estaba en una grave crisis y se atrevió a romper con la etapa de Díaz Pardo, un histórico galeguista?

Segismundo García nació en A Pontenova en 1951. Se formó en los jesuitas y estudió «dos carreras y media», como él mismo precisa. Ciencias de la Información y una carrera que unía dos, Economía y Derecho, en Comillas. «Por iso digo que non son tres, en realidade son dúas e media», apostilla.

Hay un hecho que ocurrió en los 80, que no aparenta en principio ser importante y que en realidad sí lo fue, para él seguro que sí; al menos más de lo que parece. A principios de esa década se entrevistó con Díaz Pardo y sus asesores para que le diesen una franquicia de Sargadelos para una pequeña tienda familiar.

No lo logró; no se la dieron entendiendo tal vez que se trataba de una tienda demasiado pequeña para el prestigio de Sargadelos. Algo de eso quedó interiorizado; hoy Segismundo García es el dueño de la fábrica de cerámica más emblemática de Galicia, Sargadelos. Él no quiere hablar de venganza ni rencor, le resta importancia, lo niega de hecho, «son as voltas que dá a vida ás veces», resume.

Antes de ser administrador único de Sargadelos abrió pequeñas tiendas, posee un hotel, el Voar, en Ribadeo, y en los 90 fue cuando se convirtió en accionista de la fábrica de cerámica de Sargadelos. A raíz de la crisis de 2008-2011, arriesgó su dinero, inyectó un millón de euros y reflotó la cerámica. La sacó de concurso. Sin duda, Sargadelos tenía mucho prestigio, Luis Seoane y Díaz Pardo recuperaron una fábrica representativa de Galicia, en lo cultural y en lo industrial. Y eso perdura hoy. De ahí esa identificación de los gallegos con Sargadelos.

Ahora, en esta nueva etapa Sargadelos se ha internacionalizado. Va bien. Logró beneficios. Lo confirmaba Segismundo García en las últimas semanas. No cuestiona que haya que mejorar la seguridad laboral de los trabajadores, sino el modo y las maneras. Sin hablar con la empresa. ¿Le falta a él mano izquierda por ese temperamento suyo? Tal vez. A sus 73-74 años viene por el camino de vuelta en la vida y las cosas ya se ven de otra manera. Uno va suprimiendo adjetivos, va simplificando y quedándose con lo esencial. La Xunta media para conciliar y buscar una solución consensuada, sin conflicto, que haya flexibilidad, entendiendo las partes que Sargadelos está catalogado como BIC y cualquier reforma y mejora resulta más compleja. Habrá solución, seguro. Es Sargadelos.

Ah, y de joven publicó con seudónimo un poemario, «Sudario», y una obra de teatro, «Hirnaldo e Romualdo», en Edicións do Castro. Así es él, no deja a nadie indiferente.