Truco o trato, es la traducción de la frase inglesa trick or treat, que estos días se prodiga en boca de los chavales subidos a la emergente ola de la fiesta de Halloween, vamos, nuestro Samaín de toda la vida. Niños y niñas van de casa en casa pidiendo dulces o regalos. Y si los vecinos no les dan nada, los amenazan con hacer una travesura. Sin ánimo de frivolizar, porque es mucho lo que está en juego, me recuerda a la estrategia de grandes empresas que, al fallarles sus previsiones, amenazan con despidos o directamente con cierres. Truco o trato.
Lo de Alcoa viene de lejos. Ahora la empresa, en su búsqueda de equilibrio financiero, ya especula más allá del 2027: seguir o vender en Aluminio, continuar o cerrar en Alúmina. Llueve sobre mojado. Pero lo de Ence Navia sí que ha sido una sorpresa. La factoría ejemplar, modelo en todo, que mueve miles de empleos, que vende toda su producción con un año de antelación, pincha en sus resultados y acto seguido plantea un ajuste de plantilla que nadie se esperaba.
Navia es un pulmón de prosperidad, con Ence, Reny Picot, Armón... pero ahora ya circulan cifras que hablan de un despido que podría afectar a 90 personas. El comité de empresa dice que de momento no hay nada en concreto, pero advierte de que hay líneas rojas que no están dispuestos a pasar. Hace tres décadas Navia ya fue objeto de protestas y manifestaciones contra Ence, entonces con Manuel Bedia con alcalde. Ence (entonces Ceasa) superó la crisis y volvió a acostumbrarnos a presentar resultados exitosos, con Navia como referente con la mayor planta de celulosa de Europa. Cabe esperar en que el anunciado ajuste tenga efectos muy limitados. Hay un argumento de peso, que ya apuntó la alcaldesa de Navia, Ana Isabel Fernández: Ence espera volver a entrar pronto en beneficios.