Los hermanos Vivín, tras el desahucio: «Aquí estamos, ao                   pé do canón»

Los empresarios ribadenses afrontan con ilusión su nueva etapa tras perder su histórica librería en la zona peatonal de la villa


RIBADEO / LA VOZ

Con buen ánimo y mejor disposición. Así afrontan los hermanos Vivín, Salvador y Pablo Rodríguez, su nueva etapa tras el desahucio hace unos días del edificio con la librería que regentaban en las Cuatro Calles de Ribadeo, heredera de la que fundó su padre hace 88 años. Aquella etapa ya es historia. Ahora, Salvador y Pablo siguen con el negocio en el otro establecimiento de su propiedad, en la Avenida Rosalía de Castro. Ayer, al friso del mediodía, el local experimenta un vivo ajetreo, con clientes que entraban y salían. El desahucio está fresco en el recuerdo. Uno preguntó: «Qué? Como vai?». Salvador, sonriendo, respondió con una frase que ya es costumbre en su boca: «Aquí estamos; ao pé do canón».

La librería en la calle Rosalía de Castro renovó su imagen con los fondos recibidos del otro local. Y de momento, el hecho de que esté más alejada del centro no está repercutiendo negativamente en las ventas. Más bien al contrario, como apunta Salvador, echando mano de una libreta que hace las veces de libro de cuentas y que cada día rellena a la vieja usanza, sin pasar por alto un detalle. Paradójicamente, la libreta de la anterior librería se acabó, llegó a su última página, el día del desahucio. «Parece incrible, pero así foi. Acabouse a libreta. E aquí empecei unha nova, agora está case sen facer, porque tivemos tanto apuro...», apunta.

Tanto Salvador como Pablo se muestran muy agradecidos del apoyo que han recibido estos días de los ribadenses. «A xente que compraba o xornal cada día, os clientes de toda a vida, xa nos dixeran que ían vir por aquí a seguir comprándoo. E o están facendo. Non falla ninguén. E despois ven xente que non era cliente, a comprar un libro, a dar ánimo...», explica Salvador.

«O apoio da xente foi moi importante. Porque o noso non foi un desafiuzamento que trouxera como consecuencia que quedaramos na rúa, sen nada. Nós tiñamos outro local. A primeira reacción da xente ao escoitar falar dun desafiuzamento pode ser; se os desafiuzaron sería por algo, porque non pagaron... e quédache unha sensación estraña ao non saber que pensará a xente. Pero o grave do noso foi que nos enganaron, porque tiñamos tratado un aprazamento no pago da débeda de un ano e non se respectou. Danche un ano máis de vida, e pensas... de aquí a un ano xa veremos como vai a cousa. Pero ao final, menten e executan o desafiuzamento», añade Salvador.

A la pregunta de si están satisfechos de haber hecho público su caso, Pablo Rodríguez no duda: «Totalmente». Y su hermano, Salvador, incide: «Engañáronos. E por iso quixemos dar a cara, dicilo publicamente, para que se vira como as gastan este tipo de xente que está detrás dos desafiuzamentos, que solo pensan en gañar cartos a toda costa sen ter en conta ás persoas».

Los hermanos Vivín están seguros de que, tras la ejecución del desahucio, la venta del edificio está apalabrada. Ellos, durante el bum inmobiliario, también exploraron diferentes posibilidades para explotar los locales. Además, hubo contactos para vender el edificio. Pero nada cuajó: «É que quizais non é o que parece. É moi estreito e ao final igual algún se leva unha sorpresa», apuntan.

«Serve para nós»

Pablo y Salvador hicieron público su desahucio. No es, ni mucho menos, lo habitual. Y ahora, pasado el trago, siguen sin ocultarlo. En la puerta del establecimiento hay un cartel que lo alude. Y de aquel día cuelga la portada de El Mundo Deportivo en la que se puede leer con grandes tipos y a cinco columnas: «Muy triste, muy grave». Es el titular de la crónica del encuentro del Barcelona frente a la Juventus en Turín. Enfrente, pegada en otra puerta de cristal, otra portada de aquellos días del diario Sport dice: «Empieza una nueva era». Se refiere al Barcelona FC, pero Salvador apunta a ellas y comenta: «Tamén serven para nós».

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