Ramón, padre de Marcos


Mi relación con Ramón es estrictamente comercial. No lo conozco más allá de eso. Su hijo Marcos ha fallecido en un accidente de moto, con tan sólo diecisiete años. A su hijo tampoco lo conocía, aunque sé que era amigo de una de mis hijas. Cualquier consuelo que pudiera darle a Ramón, en este momento, creo que sería el mismo que si lo conociera. Ninguno.

De modo que, aunque no sirva de consuelo, pero al menos sí de pequeño reconocimiento, te diré que tu hijo tenía muchos amigos. Amigos de verdad, de los que lloran su ausencia. Era querido, vaya. Y para eso hay que ser un buen tipo. Espero nunca estar en una situación como la tuya. Lo digo egoístamente, pero creo que sería el peor castigo que Dios o quien esté ahí, si hay alguien, pudiera darme. Tristemente son necesarias estas desgracias para que, sólo en ocasiones, valoremos lo que tenemos. Que al menos sirva para darnos cuenta de eso. Ya dije que no era una carta de consuelo, pero desde lo más hondo de mi corazón de padre, que creo que es lo único realmente auténtico de lo que puedo presumir, te digo que lo siento Ramón (y familia). Un abrazo.

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