Las rachas van y vienen, el talento no fluctúa

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

ANDAR MIUDIÑO

13 nov 2014 . Actualizado a las 13:55 h.

Esta temporada, en seis jornadas Corbacho suma quince triples sobre 54 ensayos. En la 10/11, la de su estreno en el Obra, arrancó con siete triples y 25 intentos en el mismo tramo, en la LEB. En ambos casos, por debajo del 30 % de acierto, pero con menos minutos en pista entonces que ahora. Eso es lo que se ha ganado curso a curso, hasta codearse con los mejores lanzadores de larga distancia.

No es la primera vez que atraviesa una mala racha, de modo que ya sabe cuál es el camino para superarla. Seguir sin desesperar. En su primer curso en Sar acabó siendo una pieza determinante en el ascenso, con una actuación memorable en el último partido, en Burgos. Como lo fue en el duelo que ató la permanencia un año más tarde, ante el Valencia, en la penúltima jornada. O hace siete meses, en Gran Canaria, sin Muscala ni Oriol Junyent, ante una de las mejores defensas de la categoría. Aquel triunfo dejó la permanencia virtualmente sellada.

Y en todos estos años Corbacho ha sido igual de cercano con la afición, especialmente con los críos, siempre dispuesto para una fotografía , un autógrafo o un gesto cariñoso.

En octubre del 2011, en la antesala de un Manresa-Obradoiro en la ACB, Miki Feliú, que vistió las dos camisetas, hacía la siguiente reflexión: «El año pasado, en el derbi contra el Breogán, cuando íbamos catorce o quince abajo y la gente empezó a empujar... Fue algo increíble. En Manresa probablemente no hubiese pasado lo mismo y la grada habría sido más crítica. Ojalá que con el tiempo se consolide el proyecto obradoirista y que cada vez vayan llegando más triunfos. Y entonces, seguramente, la gente también se volverá más exigente». El proyecto se va consolidando y el paladar de la afición se para más en los matices. Como anticipaba Feliú, es ley de vida.

Corbacho ha sido el primero en hacer autocrítica. Y, como sabe por experiencia propia, la puntería va y viene, como las rachas de los goleadores. El talento de tirador, o se tiene o no. Él lo tiene.