Uno de sus colaboradores trató de puentear a Charlín y prescindir de su clan para el alijo

La organización con la que cayó el patriarca arousano trabajaba de forma simultánea en dos envíos de cocaína

Barco Sempre Cacharelos, propiedad de Serafín Pego, uno de los detenidos en la última operación contra el narcotráfico, amarrado en el muelle de A Laxe, junto al barco de aduanas
Barco Sempre Cacharelos, propiedad de Serafín Pego, uno de los detenidos en la última operación contra el narcotráfico, amarrado en el muelle de A Laxe, junto al barco de aduanas

vilagarcía / la voz

Poco a poco comienzan a conocerse los entresijos de la investigación que ha puesto de nuevo a Manuel Charlín Gama contra las cuerdas. El veterano capo arousano, su hijo Melchor y el resto de las 26 personas que esta semana fueron detenidas en relación con un alijo de dos toneladas y media de cocaína han pasado a disposición del Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo esta mañana. Un furgón policial les ha trasladado poco antes de las 9.00 a dependencias judiciales. La única excepción es José Andrés Bóveda Ozores, más conocido como Charly o Sandokán, que ayer fue puesto en libertad a la espera de que preste declaración ante el juez que dirige la causa con la coordinación de la Fiscalía Especial Antidroga de Pontevedra. De entre los muchos matices que contiene el trabajo desplegado por el grupo GRECO y las unidades Udyco del Cuerpo Nacional de Policía destaca el papel tambaleante que en todo este entramado pudo haber desempeñado el clan vilanovés, puesto que los agentes concluyen que uno de sus directos colaboradores quiso prescindir de los Charlines y puentearlos en su negociación con portugueses y sudamericanos para obtener un mayor margen de beneficio propio.

Yendo por partes, el balance oficial habla de 24 detenidos, aunque fuentes judiciales afirman que en realidad son 26. El Ministerio del Interior subraya que algunos de los arrestados han protagonizado cuatro décadas de la historia del narcotráfico en las rías. El operativo desplegado el miércoles constó de 23 registros en Cambados, Vilagarcía, Vilanova, Ribeira y Boiro, además de Huelva, Marbella y Yuncos, en Toledo. «Se ha desarticulado una de las más importantes organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas a través de las costas gallegas, actuando contra las distintas ramas del grupo criminal», desde organizadores a transportistas por mar y alijadores en tierra, subrayan fuentes policiales.

Los investigadores concluyen que, en efecto, estamos ante un conglomerado de delincuentes adaptado a los nuevos tiempos, muy alejada de los parámetros clásicos y la estructura fuertemente jerarquizada que, por ejemplo, distinguía al grupo de Sito Miñanco. Más que un tejido vertical, lo que se ha desmantelado es un entramado de individuos que se asocian puntualmente para llevar a buen puerto un alijo. Cada uno de ellos dispone de una estructura más o menos estable, pero es capaz de reorganizarse según las necesidades del momento o las oportunidades que ofrezca el mercado, y sus relaciones son meramente puntuales, ad hoc. Son, en definitiva, estructuras pequeñas y adaptables a cualquier lugar y cualquier empeño, que minimizan riesgos y maximizan beneficios. Un enjambre en lugar de un imperio.

Tres hombres parecen estar en el meollo del trabajo. Víctor Manuel Pérez Santos, capaz de entablar negociaciones con los carteles que proporcionan la cocaína, Luis Manuel Rodríguez Parada, con buenos contactos en el mundo de la logística marítima, y Rafael Díez Martínez, con amplia experiencia en la compraventa de embarcaciones. De su mano parece haber llegado al grupo Jacinto Santos Viñas, un histórico. Juntos, comienzan a tender sus hilos para proporcionar a los Charlines el material con el que hacer realidad no uno, sino hasta dos alijos de forma simultánea. Del expediente se desprende que el veterano capo vilanovés proporciona la garantía de asumir parte de la coca y tal vez también contactos al otro lado del charco. Los agentes detectan una trama en la que se involucra a fondo Melchor, que viaja continuamente a Portugal. Pérez Santos llega a volar a Sudamérica, primero a Ecuador y a continuación a Colombia. Él podría ser la garantía viviente de que el material no se pierde. Sin embargo, según la investigación, es también quien, en un momento dado, está dispuesto a jugársela a O Vello. Se habla de contenedores, de carbón y de madera.

La otra rama, encarnada por Rodríguez Parada, mira hacia O Barbanza para el alijo en tierra, y también hacia Sudamérica a través de dos grupos, identificados como los hermanos Enrique y Marcos Echevarría Abellán y un tal Paul Wouter, posibles propietarios de parte de la droga.

La red recurrió a un pesquero porque el primer barco traía más coca de la prevista

s. g./ m. g.

Fue la rama de Rodríguez Parada la que finalmente puso en el agua el alijo que Vigilancia Aduanera y los Geo interceptaron el martes, de madrugada, a seiscientas millas de las islas Azores, con una cantidad de cocaína que oscila entre las 2,5 y las 2,7 toneladas. Viajaban a bordo del remolcador Titán III, propiedad del armador Pedro Rodríguez, que al parecer se ofrecía al mejor postor para este tipo de trabajos y tenía otras ofertas sobre la mesa. Verdaderamente, su aventura en este negocio se caracteriza por el desastre. Averías, falta de combustible y, lo más destacado, haber cargado más cocaína de la prevista cuando el material fue trasvasado al Titán, cerca del Caribe, por el buque que realizó el primer transporte, desde la costa de Venezuela.

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