Una isla que no logra aislarse del covid

A Illa alcanza su peor dato de la pandemia, once positivos, cuatro en centros educativos. De momento sortea el cierre, «pero nunca estivemos tan illados»


a Illa / la voz

A Illa de Arousa es de los pocos concellos de la comarca que se están librando de los cierres perimetrales y de la hostelería ordenados por la Xunta como consecuencia de la segunda ola del covid-19. Los datos no son tan alarmantes como en Vilagarcía, Cambados, Vilanova, O Grove y Sanxenxo, pero el alcalde, Carlos Iglesias, dice que la situación empieza a ser muy preocupante. No es para menos.

Este viernes se alcanzó el pico de su particular estadística: once positivos y 42 casos asociados. Cuatro de estos positivos están vinculados a los centros educativos: uno en el instituto, otro en la escuela infantil Sonrisas y Lágrimas, uno en el colegio y otro en la galescola. En este último, la enferma es una cocinera, de modo que no fue necesario aislar a alumnos ni profesorado por este motivo. En el colegio Torre-Illa fue una profesora la que dio positivo, lo cual obligó a confinar a una clase completa como medida de prevención; se les están haciendo las pruebas PCR a los alumnos de este grupo y, a día de ayer, no constaba ningún contagio, según las noticias de que dispone el alcalde.

No todos los positivos computan en A Illa porque corresponden a trabajadores que llegan de otros municipios y están adscrito a otros centros de salud. Para los residentes, Carlos Iglesias hace un llamamiento a la máxima prudencia, sabedor de que en los pueblos pequeños es habitual ir a la casa del vecino enfermo para interesarse por su salud. «Non se pode ir visitar a ninguén confinado, nin sequera á porta e aínda que dera negativo nas probas. Pido que se respecten as medidas de seguridade: uso de máscara, hixiene e as distancias». A día de ayer, entre los positivos no había casos graves y a todos ellos se les estaba haciendo seguimiento en sus casas, sin necesidad de hospitalización.

A diferencia de los ayuntamientos de su entorno, en A Illa todavía se puede ir a tapear al bar y coger el coche libremente para cruzar el puente. En este territorio no se aplican las restricciones de la segunda ola, pero, en la práctica, es como si las hubiera. «Estamos máis illados que nunca», señala el regidor, porque -salvando el período del confinamiento-, la movilidad está muy limitada.

Su única conexión con el continente pasa por Vilanova, que está cerrado por el covid-19, de manera que los isleños solo pueden pasar por allí en tránsito hacia otros destinos. El caso es que tampoco les quedan muchos lugares a donde ir porque Cambados y Vilagarcía están cerrados y tampoco es posible desplazarse a ciudades como Pontevedra, Vigo o Santiago -también con acceso restringido por el coronavirus- a no ser que sea por motivos justificados: trabajo, sanidad, educación y demás.

Así las cosas, a los isleños solo les queda la opción de ir a Meaño, Meis, Ribadumia, Catoira y otros pequeños concellos que también se han librado de los cierres.

Esta situación provoca que muchos conductores ya ni saquen el coche del garaje, y eso se nota en la densidad de tráfico por el centro urbano. Los pocos vehículos que se ven corresponden a desplazamientos por trabajo, transporte público o de mercancías. Afortunadamente, la actividad en los negocios y en el puerto sigue su ritmo, aunque algunos sectores como el de la hostelería se están viéndose arrastrados por la crisis general que vive el país. Turistas no hay ni uno y quienes solían cruzar la ría para disfrutar del famoso pulpo de A Illa tendrán que esperar a mejor ocasión.

Por tra parte, el Concello informa que estos días se están colocando en espacios públicos y estableciementos de hostelaría carteles con instrucciones, «lembrando entre outro a importancia do uso da máscara, tamén cando estamos tomando algo».

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