De aquellos polvos vienen estos lodos


La educación en igualdad es uno de esos conceptos que se ha convertido en una bandera fácil que todos enarbolan y cantan a los cuatro vientos entre sus declaraciones institucionales y de propósitos. Sin embargo, a la hora de la verdad, no siempre se pasa de la teoría a la práctica. Un ejemplo evidente está en el planteamiento de ciertas competiciones deportivas y, para muestra, la carrera escolar que se celebró el miércoles en Boiro y que ha generado las críticas de un grupo de familias por separar a los niños de las niñas y marcar distancias distintas en función del género.

No es la primera vez que se hace, y seguramente tampoco la última. Por eso, muchos se sorprenden de las quejas de unos padres que no entienden por qué en este tipo de actividades desarrolladas en horario escolar que, presumiblemente, tratan de fomentar el deporte y otros valores entre los menores es necesario hacer distinciones de género. Hay quien sostiene que ellos «son moi brutos e poden facerlle dano ás rapazas». Sin embargo, en lugar de enseñarles que hay que medir la fuerza, se decide mirar para otro lado y cortar el problema de raíz, haciendo que compitan en distintos turnos y categorías. Otros, directamente, dan por hecho que fisiológicamente ellos están más capacitados que ellas, a las que ni siquiera se les concede el beneficio de la duda, la posibilidad de que puedan intentar medir sus fuerzas en igualdad de condiciones. De aquellos polvos vienen estos lodos. Quizás se den de bruces con la realidad, o quizás no, pero al menos tendrían la oportunidad de demostrar si pueden.

Puede que en mi colegio fuera la excepción que confirma la regla y tuviésemos entre nosotros a portentos del atletismo, pero he visto cómo muchas chicas dejaban atrás a la mayoría de los chavales de su edad en las pruebas de educación física. Ninguna, hasta donde yo sé, acabó siendo una atleta profesional, todo sea dicho. ¿Y si fuera el caso? Habrá una Sandra Aguilar, una Julia Vaquero, una María Abel o una Ana Peleteiro entre miles, pero dando por hecho que van a salir perdiendo ¿no se les está infravalorando?

Cuestión aparte es la de, si para promover el deporte entre los pequeños, hace falta fomentar la competitividad. Sigue habiendo pruebas que tienen lugar en horario escolar (lo que resta capacidad a los padres para decidir si participan sus hijos o no) que, en lugar de premiar a todos por su esfuerzo, continúan entregando trofeos y subiendo a podios solo a los más rápidos. Es lo normal dentro de la competición deportiva, un incentivo para lograr nuevas metas. Sin embargo ¿era ese el objetivo? Si lo que se busca es foguear a los mejores, tres caras de victoria y decenas de decepción, es el camino indicado.

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