«El invierno en la calle es terrible»

Realojos y ayudas de emergencia son los recursos de los concellos para los sintecho

Arturo habla de su vida durmiento en un cajero de Boiro Cuenta que muchas vecinos le ayudan y que algún día quisiera volver a ver a sus hijos

Ribeira / la voz

Un colectivo especialmente vulnerable ante olas de frío como la que inició el año o la de estos días es el de las personas sin hogar. Los sintecho son, por ahora, una rara avis en los municipios del área barbanzana, los casos no abundan, pero los hay, y, a diferencia de lo que ocurre en las grandes ciudades, aquí no tienen albergues en los que puedan refugiarse en las noches más gélidas. Los recursos con los que cuentan los concellos de la zona para prestarles apoyo son, básicamente, realojos -casi siempre en centros de fuera de Barbanza- o las ayudas de emergencia social. Esto no le sirve a Arturo, que lleva años viviendo en un cajero automático de Boiro: «Busco calor porque el invierno en la calle es terrible», dice.

Arturo es un hombre menudo, tiene una bicicleta como compañera inseparable, guarda sus pertenencias más valiosas en una bolsa de basura y arrastra problemas de salud que le llevaron por enésima vez al hospital el día de la cabalgata de Reyes. Es un espíritu libre, pero a sus 69 años la vida en la calle se le hace cada vez más cuesta arriba y le gustaría tener un techo de verdad bajo el que resguardarse: «Me dejan dormir en el cajero, llevo ahí cuatro años y la gente del banco me trata muy bien, pero no me gusta esto, tengo que cambiar».

Hizo varias veces el Camino de Santiago en bicicleta, y en uno de esos viajes acabó en Boiro, y allí se quedó. Su periplo hasta Barbanza desde su Ciudad del Cabo natal fue largo y tuvo muchas paradas, pero la ruptura de su matrimonio fue el punto de inflexión que le llevó a su vida nómada: «Yo vivía en Zaragoza, tenía mujer, tenía casa, tenía hijos, tenía coche... Me separé, y quise acabar con mi vida».

Visión reveladora

Su plan se frustró y cuenta que después de eso vio una película sobre un peregrino que le resultó reveladora. «Decidí hacer el Camino de Santiago, vivir una aventura». No da detalles sobre cómo pasó de ser un peregrino a un sintecho, y tampoco se queja de su suerte. Agradece toda la ayuda que recibe de vecinos anónimos que le dan ropa y comida, y a veces incluso le dejan ducharse y dormir en su casa, sobre todo en las noches más duras, pero entiende que no puede seguir así: «No quiero ser una carga».

Durante el día se hace con unas cajas de cartón y coge su saco de dormir para acomodarse en la calle. «Antes tenía una tienda de campaña, pero me la robaron». Cuando hace mucho frío se refugia en algún bar en el que ya le conocen, en algunos incluso le preparan el pescado que le dan en la plaza de abastos, y espera que llegue la hora de volver al cajero, su hogar.

Si le preguntan por la ayuda que le presta el Concello, tuerce el gesto. «No se mueven para nada», lamenta, y eso que cuenta que el alcalde le visitó en el hospital y reconoce que en una ocasión le enviaron a un centro de acogida en A Coruña, pero no tardó en volver: «Allí hay gente que se acerca a ti para robarte. A mí me robaron una cazadora que me habían regalado». Por eso, el regidor dice que Arturo no se deja ayudar, pero él insiste en que querría quedarse en Boiro.

Le gusta, porque tiene mar y él fue marinero, aunque no pierde la esperanza de poder irse algún día: «Me gustaría volver a Toronto, allí tengo a mi hermana». Con todo, su gran sueño es otro, volver a ver a sus hijos, y sus ojos se entristecen cuando habla de ellos: «Mi familia no sabe nada de mí, no quiero que sepan. Algún día les voy a sorprender. Tengo la esperanza de ir a verlos».

Fondos de emergencia

El alcalde reconoce que Arturo nunca ha dado problemas, pero insiste en que no se deja ayudar y que el Concello dispone de medios para hacerlo a través del fondo de emergencia social, que facilita recursos para el pago de facturas, de medicamentos e incluso para vivienda, y también acometen mejoras en casas de personas sin ingresos, un programa que también tiene Ribeira.

En Noia, en Servizos Sociais, no tratan demasiados casos, pero en la unidad de drogodependencias sí tienen constancia de pacientes sin hogar a los que se busca una alternativa.

La mayoría de los indigentes de los que hay constancia en la zona son itinerantes

El de Arturo es, por lo que apuntan desde los departamentos de servicios sociales de la comarca, un caso raro, ya que la mayoría de las personas sin hogar de las que hay constancia en Barbanza son itinerantes que, aunque habituales, solo pasan temporadas en la zona. En Ribeira, por ejemplo, en este momento no tienen conocimiento de que haya nadie viviendo en la calle, aunque es conocido que hay personas, sobre todo toxicómanos, que pernoctan en la vieja lonja. En cualquier caso, fuentes municipales indicaron que en caso de que se detectara a alguien sin casa, se realojaría de inmediato en un centro público o en uno privado. Además, cuenta con el programa Almorzos Solidarios que se presta en colaboración con una entidad benéfica.

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Caridad

Es difícil ayudar a quien no se deja, pero la Administración debería tener mecanismos para hacerlo, al menos en casos extremos en los que es una cuestión de humanidad y sobre todo si, como ocurre en la comarca, los casos se cuentan con los dedos de la mano. La caridad no es suficiente para sobrevivir.

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