Traiciones


A veces me pregunto si he chupado un sapo. Se lo digo de verdad. Quizá mi visión del mundo esté desordenada por alguna causa que desconozco o he olvidado. Para muestra, un botón: la semana pasada loaba al presidente de la Xunta por no participar de la deriva ultraderechista de su partido. Ayer estuvo en Colón: mea culpa.

Tal manifestación es un ejemplo de como está el patio. Desde mi punto de vista, lo lógico para solucionar este problema sería sentarse a charlar y discutir por muchas trabas que existan entre los interlocutores. Términos como traición en estos asuntos se me antojan interesados y pueriles. Traición, y muy alta, es hacer que el pueblo pague 60.000 millones de pufos de la banca y permitir que se vayan de rositas.

Esta cuestión se finiquita con un referendo, así, sin anestesia. No dudo que el independentismo perdería el plebiscito y este problema se desvanecería, pero a la derecha la solución de este tipo de conflictos en realidad no le interesa. Necesitan poder asirse a estos asuntos cada vez que aparece una de sus múltiples corruptelas. Asombra la coincidencia de esta manifestación con el escándalo de «Paquí Pallá S.L.». Será cosa mía…

Desaparecido el conflicto vasco, no se pueden permitir el lujo de que el catalán se diluya en unas urnas. Pero no somos especiales ni diferentes al resto del mundo. Miren a nuestros vecinos franceses con los chalecos amarillos. Miren la revolución comunista de la India. Bueno, eso lo tendrán que buscar en la web, no lo van a ver en nuestras portadas. Al final, todo es por la pasta. Las banderas se compran en los chinos.

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