Un pazo en Outes y 120.000 metros cuadrados de jardines que invitan a perderse

El edificio está abierto a celebraciones, alquileres para grupos y visitas guiadas


ribeira / la voz

A orillas del río Tambre, semiescondido entre los árboles de Loureiro, en el territorio de Outes, se erige el Pazo do Tambre, un majestuoso edificio que se abre al disfrute de los turistas de tres formas distintas: dando cabida a todo tipo de celebraciones, mediante el alquiler completo y en un programa de visitas guiadas que permite tanto adentrarse en el inmueble como perderse en los 120.000 metros cuadrados de jardines que lo rodean. Estos recorridos, que tienen lugar los jueves por la tarde con reserva previa, hacen posible también conocer la historia de esta singular construcción.

Fue una pareja formada por Pilar, una marquesa portuguesa, y Martínez, la que compró las tierras en 1898. El nombre de ella y el primer apellido de él son los únicos datos que figuran en los documentos que se conservan sobre aquella época. Sí se sabe que las obras de construcción arrancaron en 1918, bajo la dirección del arquitecto Antonio Palacios, autor de otros diseños importantes como el de la central del Tambre o el del balneario de Mondariz. Ambos residieron en el pazo hasta su muerte, tras la cual fue puesto a la venta por sus herederos.

En 1980 entra en escena Juan Manuel Buezo, el artífice de uno de los principales atractivos del conjunto, unos enormes jardines con tres puntos claves: un lago, una isla a la que se accede a través de un puente y un embarcadero. De su mano tienen lugar también importantes cambios en el pazo, como la creación de dos salones a partir de las viejas caballerizas y porquerizas. Esta transformación propicia que en 1995 pase de ser una casa señorial a un local de eventos.

Convertido ya en establecimiento hostelero, el pazo cambia de propietarios en el 2015, pasando a manos de la empresa Apetéceme, que gestiona hoteles tanto en España como en México, además del servicio de cafeterías de diferentes hospitales. Al parecer, el propietario de esta firma quedó enamorado del edificio y su entorno durante una vista y acabó comprándolo. 

Esencia del siglo pasado

Al enorme encanto que tiene el exterior hay que añadirle los tesoros que esconde el interior de la edificación, donde se ha mantenido el mobiliario de la época en la que fue construida: camas con doseles, tapices gigantes, lámparas monumentales, chimeneas de mármol, pianos, pianolas... Todo ello, bodega incluida, está al alcance de cualquiera en las visitas guiadas de los jueves, un programa que, pese a activarse coincidiendo con el arranque de la pandemia, está teniendo bastante éxito: «Sorprende, porque el 50 % de los visitantes son turistas, pero el resto es gente de la zona que está interesada en conocer la historia real del inmueble, puesto que circulan diversos bulos, relacionados sobre todo con los propietarios», explica Javier Hurtado, uno de los encargados del establecimiento.

Seguro que son muchos también los que ansían convertirse en dueños y señores de este pazo, aunque solo sea por unos días. Y es posible, ya que el edificio se alquila por semanas y al completo, en un paquete que incluye nueve habitaciones y otros servicios como cocina, piscina, barbacoa, bodega, zona de juegos... Incluso es posible aderezar la estancia con diversas experiencias: «Ofrecemos, por ejemplo, una semana de rutas en moto por diversos lugares de la zona con cenas temáticas aquí en el pazo y lo mismo para coches 4x4. También tenemos un paquete que incluye cursos de buceo, con las primeras clases en la piscina, las segundas en el embarcadero y las terceras, en mar abierto», explica Hurtado.

Las visitas guiadas y el uso del pazo como vivienda vacacional completan la oferta hotelera de un pazo que tiene en las bodas y otro tipo de celebraciones uno de sus ejes, en lo que a la explotación empresarial se refiere. Y es que sus jardines constituyen el fondo ideal para ese álbum en el que todos quieren guardar los recuerdos de las fechas más importantes.

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