A las tres son las dos

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Puesta en marcha del reloj del Concello de Ferrol
Puesta en marcha del reloj del Concello de Ferrol Isidoro Valerio

Movemos las agujas del reloj creyéndonos pastores del tiempo

23 oct 2025 . Actualizado a las 11:54 h.

Ganamos una hora», decía una señora sobre el cambio horario. Es una extraña manera de denominarlo. Ganar una hora, como si fuera un sorteo o un campeonato de kárate. Movemos las agujas del reloj creyéndonos pastores del tiempo mientras él nos impone su brutal dictadura. Cambiar la hora, ritual primitivo del hombre en el que finge tener el control de algo. Que se lo digan a Marty McFly, el tiempo no se toca sin que algo se rompa.

Viene el cambio, puntual como una multa de tráfico, mientras el café me sabe a derrota. Me quitan la hora en marzo, me la devuelven en octubre; usada, manoseada, fría. Me gustan mis horas ordenadas, no fluctuando entre los vasos de trilero del monstruo burocrático. Tengo un bebé que el domingo despertará con el alma descolocada. La energía no se crea ni se destruye ni se transforma, en España la energía se ahorra con cambios de hora y aún así nos sale un 150 % más cara que a los franceses. Nos encanta pagar las rondas en el after, eso sí, la última semana del mes de lunes a domingo cenando arroz con salsa de tomate.

De adolescente aprovechaba este cambio para llegar tarde y decir a mi madre «llegué bien por la hora nueva». Ahora estoy perdido. ¿Ya comí? ¿Es tarde para la siesta? Me despierto en una hora que no existe, con la sensación de que sigo ahí, en una conversación que no terminamos, en el abrazo que duró cinco minutos y media vida. Aún cambiando seguiremos llegando tarde a lo importante, porque el tiempo no cambia, solo la forma en que lo perdemos. Lo único que me gustaría retrasar es lo rápido que crece mi hija.