Boiro rinde homenaje a Marisa Lojo en una noche inolvidable para la lucha contra el cáncer

Sara Pardo
sara pardo RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

La presidenta se despidió en la cena anual de la AECC tras tres décadas en el cargo

08 ago 2026 . Actualizado a las 13:54 h.

Lágrimas, una lluvia de regalos y más de 225 personas unidas por una causa. El restaurante Chicolino acogió este viernes un intenso «sube y baja de emociones» para rendir tributo a un pilar fundamental de Boiro. Tras más de tres décadas al frente de la junta local de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), Marisa Lojo se despidió de la presidencia en una gala multitudinaria que demostró que, en el municipio, la solidaridad y el cariño hacia su figura no conocen límites.

El momento álgido de la velada llegó tras los postres, cuando el tintineo de los cubiertos cedió el paso a un sobrecogedor silencio. Amparo Fernández tomó el micrófono en representación de las colaboradoras para sintetizar el sentir colectivo en un discurso vibrante y con memoria histórica, recordando el testigo que en su día le entregó Lola Outeiral a Marisa Lojo.

«Gracias por estar al lado de tantas personas, por ofrecer siempre una palabra de ánimo, un gesto de cariño y un minuto de tu tiempo cuando más se necesitaba», le dedicó a una Marisa arropada por sus nietos y su familia a lágrima viva. «Has sabido acompañar, escuchar y abrazar a quienes se enfrentaban a la dura realidad del cáncer. Has convertido la cercanía, la empatía y el afecto en tu mayor legado», sentenció Fernández, encogiendo el corazón de los asistentes.

Rodeada de flores y constantes muestras de afecto, la gran protagonista tomó la palabra sin perder su seña de identidad: la humildad. Fiel a su estilo, Lojo desvió los focos hacia su «núcleo duro» en la trinchera asociativa —Mamuja, Fermina, Maruja Mármoles, Mari Carmen «Chuka», Betty JB y Raquel Xaquín—, además de extender su gratitud a las instituciones que le tendieron la mano: Protección Civil, la corporación municipal y el párroco local.

Sin dejar la causa

Con la voz emocionada, explicó las razones de su paso al lado: «Ha llegado el momento de cuidar de los míos, de regalarles el tiempo que tantas veces les he robado, y también de cuidar de mí». Un adiós a la primera línea institucional que no a la causa: «Ninguna persona debería enfrentarse sola al cáncer. Mientras exista una mano tendida, una persona voluntaria dispuesta a escuchar, una palabra de esperanza o una puerta abierta en esta asociación, todo el esfuerzo habrá merecido la pena».

La noche cerró por todo lo alto con el tradicional sorteo benéfico, conducido por la propia Marisa junto a Amparo. «A Marisa nadie le dice que no», resumía Fernández para explicar la generosidad del comercio local. Las empresas de Boiro se volcaron con una lluvia de donaciones para la rifa, abarcando desde electrodomésticos, hasta vales de compra y vistosas cestas de fruta, regalos que pusieron el broche de oro a una jornada histórica para el tejido social boirense.