Suspenso


Esa sería la nota para los miembros de la corporación municipal de Boiro que, en su mayoría, no son quienes de canalizar de forma sosegada, educada y constructiva su participación en los plenos. Que ya no digo yo que se escuchen. Ni mucho menos que se pongan de acuerdo, salvo en aquellas mociones de marcado carácter político. Pero sí hay que exigirles que se respeten. Y eso vale para el alcalde y todos y cada uno de los concejales. En cuanto a las peroratas que se largan algunos, dada la situación crónica, el mejor método es tasar y determinar las intervenciones. Es inadmisible que no se aborde todo el orden del día, sobre todo aquellos más importantes. Pasan unos, llegan otros y permanece alguno; pero la estampa surrealista sigue siendo la misma.

La mayoría de los políticos -que son y han sido en este municipio- aplican sin sonrojarse el principio de que quién no está conmigo está contra mí, con lo cual cualquier crítica se convierte en ofensa; de poco vale si ha sido hecha con respeto y sentido común. Con ese planteamiento de base no se escucha a los vecinos, salvo que sean adulaciones, y se convierten los plenos en circos romanos. Aunque ellos crean lo contrario, no están cumpliendo su función, esa que juran y perjuran cumplirán cuando nos solicitan el voto. Además de la paciencia se pierde tiempo, dinero y bienestar.

Nada justifica echar la culpa a algún anacronismo. O decir, como los niños, que ha empezado el otro. La mesura y la sensatez son de uno y, precisamente, se manifiestan en la interacción con los demás; pero son más exigibles a quienes ocupan un cargo público.

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