El liderazgo de Magdalena Bringas


Los pueblos necesitan personas dinámicas que los mantengan activos, que los activen o, incluso, que los agiten. Suelen ser ciudadanos o ciudadanas que despiertan filias y rechazos, es decir, la doble factura que siempre lleva implícito el trabajo a favor de la comunidad; raros (o raras) individuos a los que se les etiqueta la célebre justificación de «si están ahí, es porque les interesa», cuando no algún sambenito más grave, reacción humana que uno comprende, porque entiende que es ponerse a la defensiva por quienes no hacen nada por los demás ni tienen pensado hacerlo, tal cual perro del hortelano, que no come ni deja comer.

Los que hemos teniendo la suerte de desarrollarnos profesional y personalmente en los años posteriores a la transición que muchos que ni siquiera la vivieron ponen ahora en solfa, recordamos como brotaban como setas personas dispuestas a hacer algo más que esperar a que se lo dieran todo hecho. Había entonces una emocionante inquietud ciudadana que se traducía en la constitución de entidades que amparaban a otras personas con igual, menos o ninguna ansia, pero que confiaban en aquellas que se ponían al frente para alcanzar los objetivos. Dirigentes proactivos que se adelantaban a las dificultades y que, con el aval de la masa social, lograban lo que se proponían.

Una de esas personas, de esos líderes imprescindibles, especialmente en la historia de Ribeira, fue Magdalena Bringas, la eterna presidenta de la Asociación de Amas de Casa, que acaba de anunciar su retirada después de casi cuarenta años al frente de la entidad. Se trata de una mujer inquieta donde las haya, de raza, imparable cuando se proponía algo, que tanto se afanaba en promover actividades para el colectivo que dirigía como, si era necesario, ponerse con su gente al frente de una manifestación para defender los intereses de los ribeirenses, de los barbanzanos o de los gallegos. Siempre estaba allí cuando se requería su apoyo. No se mordía la lengua, lo que le granjeó más de un disgusto, y, probablemente por eso, tuvo que aguantar más de un desprecio.

Con Magdalena Bringas puede pasar como con esas personas que no sabes lo importantes que son en tu vida hasta que las pierdes, y una vez que ya se han ido, estarías dispuesto a vender tu alma al diablo para simplemente tener una sola oportunidad de decirle todo aquello que debiste haberle dicho cuando estaban contigo. Pero, en su caso, ella está ahí para expresarle, poner de manifiesto, el cariño y el respeto que nos merece por todo lo que ha hecho, por su incansable hiperactividad, por hacer de Amas de Casa y de las inquietudes de las mujeres sus prioridades vitales, por volcarse con Ribeira hasta el límite. Por ser una gran líder.

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