Mejor no pasarse que avergonzarse


Este año, en menos de cuatro meses, la Costa da Morte, y el resto de España, vivirán unas nuevas elecciones municipales. Hace ya unos meses que los partidos políticos han puesto en marcha la maquinaria de obtener votos, pero a medida que se acerque el mes de mayo irán echando más leña al fuego para incrementar la presión y, en teoría, convencer a los indecisos. Ahí es donde hay que tener cuidado y abrir la válvula para que la situación no termine explotando.

Algunos políticos parecen haber despertado de sopetón de su letargo y se han acordado que tienen un examen, como los malos estudiantes. En Ponteceso hemos asistido a una colada pública. Hasta ahora debían lavar los trapos sucios en casa y ahora los tienden al sol con todos los manchurrones de la convivencia política. Que si una subvención, que si las fotos, que si el GES, que si... Tiene su lógica porque ahora hay que ver lo que vale cada uno. Ya no hay un nosotros.

En otras ocasiones, solo el ansia de obtener visibilidad o la creencia de que el elector traga con lo que le metan explican determinadas notas y declaraciones. En el PP provincial van con el acelerador a fondo para recuperar la Diputación y así es muy fácil pasarse de frenada. Amenazar el alcalde de Corcubión con la Fiscalía si no se pone duro con el botellón es absurdo y acusarle de conocer el trapicheo de drogas que hay en determinadas zonas de la localidad y no hace nada para evitarlo es pasarse siete pueblos.

Falta mucho sentido común en la política local, visión amplificada de las necesidades de los vecinos y algo de prudencia, porque se puede acabar haciendo de la altura de un portal una bandera contra un gobierno local, como pasa en Carballo.

También es necesario serenidad, visión de futuro y empatía o se puede terminar como en Coristanco, un municipio cuyos políticos han sido incapaces de superar 24 años de gobierno del PP y han acabado por hacer trizas la corporación y el propio Concello, dinamitando el futuro de la peor manera posible.

Es ridículo, en general, ver ahora lo que no se debió ver durante tres años, criticar lo que quizá se dejó pasar por abulia y quejarse en público de cosas que ocurrieron antes, pero no debían molestar tanto.

Los electores, por muy poco críticos que sean, se dan cuenta de que ahora son más tenidos en consideración y, seguramente, se aprovecharán de ello, se dejarán querer, pero (eso espero) ya no se venden votos por un punto de luz, ni siquiera por un cocido. Más o menos todo el mundo sabe qué tipo de municipio y de vida quiere y votará no al que se la prometa, sino al que crea que se la puede dar. Es cuestión de confianza y determinadas actuaciones la dinamitan.

Autor crÓNICA CIUDADANA

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Mejor no pasarse que avergonzarse