¿Hay algún técnico en la sala?


Las ferias de turismo se suceden y hay que estar en ellas. Respecto a eso parece que existe consenso. La cuestión es cómo. El modelo establecido en la Costa da Morte, y no de ahora, ya de los tiempos de la gloriosa o demoníaca Neria, es el panfleto a todo color, el vídeo con música que igual vale para un anuncio de compresas que para que alertar del apocalipsis, y una representación de autoridades bien nutrida, en lo metafórico y en lo literal.

Esto último ha decaído bastante -las cuchipandas ya no son lo que eran-, pero no ha dado el giro que, según los que entienden del tema, debería dar, que es la profesionalización, la planificación, la coordinación y el estudio de unas acciones concretas para obtener un resultado. En palabras más llanas: a las ferias hay que ir, pero también hay que saber a qué.

Por poner un ejemplo, el Concello de Fisterra, buque insignia para el turismo comarcal, le pese a quien le pese, pasó años deshojando la margarita para la contratación de un técnico de turismo de manera estable, como si no cayese de cajón que en una localidad así se trata de un profesional tan necesario como un policía o una auxiliar de ayuda a domicilio. El concejal Xan García -que para bien o para mal, allá que juzgue cada uno- algo sabe de estas tournée, se declaraba el sábado «deprimido» con los nulos avances del Consello de Turismo. El alcalde de Cee, Ramón Vigo, justificaba su ausencia en Fitur, con un palo a su vecino dumbriés, por hacerle la cama con la bifurcación del Camino hacia Muxía. Localidad esta última en la que no desaprovechan la ocasión para meter alguna china en el zapato fisterrán del final de la Ruta Jacobea.

Son todo guerras viejas y, con el permiso de algún arribista que igual pone los huevos en la cesta del ladrillo que en la del peregrino, también combatientes muy ajados. Se llega al paroxismo de montar una iniciativa solo porque existe otra idéntica liderada por el enemigo. Y entre tanto, personas formadas y muy capaces ven como sus currículos amarillean en el cajón y auténticos emprendedores, como las subvenciones recaen en quien deja bien claro que no las necesita.

Autor J. V. Lado CIUDADANA

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