Vías de A Laracha y pistas de Ponteceso


El Concello de A Laracha comenzó ayer obras carreteras de la parroquia de Vilaño. Esta vez gastará 80.000 euros en adecentar cinco carreteras. La inversión es solo una pequeña parte de la que realiza a lo largo del año porque comunicar más de 300 lugares no es tarea fácil, ni barata. Los trabajos se han iniciado en la vía que comunica Amboade y A Fraga y mientras se realicen la calzada quedará cortada. No es para menos, puesto que además de limpiar las cunetas, ampliarán la calzada hasta los 5 metros y renovarán el pavimento.

El mantenimiento de las carreteras locales es fundamental en una zona de población tan dispersa, donde raras veces se dejan de ver casas a no ser que circules por el monte y donde los autobuses escolares realizan centenares de kilómetros recogiendo niños aquí y allá. Los viales son fundamentales para llevar los productos del campo a los mercados (locales o internacionales) y recoger la leche que se envasará o se convertirá en queso. Pero el principal papel de esa red de asfalto que se ha tejido a lo largo de los años en la zona es romper la sensación de aislamiento que tienen algunas comunidades, facilitar que los niños vayan a la escuela y que la ayuda a domicilio llegue a los dependientes.

Esos miles de kilómetros de vías son el sostén de la zona rural, de quienes la habitan y la cuidan y de los que hacen cada día el milagro de sacar de la tierra los alimentos que tomamos.

Por eso es importantísimo impedir que se rompa la red. Una vecina de Ponteceso reclama arreglos para el tramo que enlaza Riotorto con A Ourada. Pasa por ahí cuatro veces al día, el doble que el autobús escolar, que va y viene durante todo el curso. La pista se parchea y se bachea, pero al poco tiempo está de nuevo destrozada. El concejal de obras, José Manuel Pose Verdes, reconoció ayer que es necesario realizar mejoras y que ahora están precisamente con un plan para mejorar los firmes, aprovechando el buen tiempo.

El problema es que tener a la gente viviendo aquí, allá y acullá resulta muy caro y trabajoso, hace que no se puede bajar nunca la guardia y que un buen alcalde quede fatal por bache en el que se cuela la rueda del coche todos los días.

Los vecinos acaban hartos de andar a tumbos para ir a comer a su casa o de asustarse por encontrarse de sopetón con el coche del vecino tras la maleza. Vivir en el campo tiene sus inconvenientes, pero ninguno debería depender del Ayuntamiento de turno, que normalmente tiene la zona rural a un paso.

Ahora será tiempo de pavimentaciones. Lástima que este año no haya elecciones, porque tienen la mágica cualidad hacer más concienzudos los bacheos.

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