Un año de gratitud en Camelle: «A casa que quería o meu marido xa está case feita»

La familia recibió ayer el cariño del todo el pueblo en el funeral por José Secundino

Tatiana solo tiene gratitud para todos los que la ayudaron: «A casa que quería o meu home está case feita» Tatiana Alves perdió a su marido, José Secundino, hace un año. La muerte repentina de su marido la dejó sin hogar, dado que vivían de alquiler y con dos hijos a cargo. Una ola de solidaridad sin precedentes ha hecho posible garantizarles un techo.

cee / la voz

Al patrón mayor de Camelle, Xosé Xoán Bermúdez, fue de los que les tocó quedar fuera, porque la iglesia estaba tan abarrotada que ya no se podía entrar. Llovía con insistencia, pero «era o de menos», porque el sábado el pueblo entero quería estar al lado de la familia de José Secundino Suárez, el marinero por el que se oficiaba el funeral de aniversario, cuya muerte prematura, con solo 37 años, dejó desamparada a una viuda con dos hijos y otra en camino, al tiempo que desataba la mayor oleada de solidaridad de la historia reciente de la Costa da Morte y también de fuera de ella.

A Tatiana Alves le faltaban las palabras de agradecimiento, porque era un día de muchas emociones para todos, y también los deseos de arropar a la viuda, los pequeños, los hermanos, a todo el entorno. «E que é moi boa familia e a xente de aquí tamén é moi humana. Doe moito ver como se perde unha vida dun rapaz tan novo e ademais dun home do mar, que todos sabemos o que é», explicaba Bermúdez, que como tantos otros vecinos se quiso sumar al homenaje.

Un homenaje que se extiende ya desde el propio día del entierro de José Secundino cuando, a través de la asociación de vecinos A Pergoliña, un grupo de entusiastas soñaron lo imposible y están a punto de conseguirlo. «Houbéranos feito ilusión poder entregarlla nestas datas, pero a xente que está colaborando na restauración tamén traballa e vén cando pode», explicaba María José Sánchez, de A Pergoliña, en relación a la casa que se ha convertido en el centro de todo el esfuerzo colectivo. El hogar que era la ilusión de José Secundino y que ahora los vecinos están cada vez más cerca de tributarle a su viuda y sus hijos.

«As cousas imposibles ás veces fanse realidade, iso si, coa axuda de moita xente, de aquí e máis de fóra. De feito temos tamén que agradecerlle aos medios de comunicación, porque cando pensamos isto foi a nivel do pobo, como se se tratase dunha comisión de festas. Imaxinábamos facer unha churrascada, un partido... cousas así, pero grazas a que saíu nos medios chegounos moita axuda de xente de fóra, algo que nós nin tan sequera pensabamos», añade Sánchez, para quien el cariño que el vecindario le tiene a la familia y lo vulnerable que veían a la viuda fue también determinante para que todos se pusiesen manos a la obra.

De hecho, al margen del dinero recaudado para comprar la casa, buena parte de los trabajos, incluso los materiales, están saliendo del esfuerzo colectivo, lo que también retrasa la ejecución de la obra. Por ejemplo, las instalaciones de electricidad o fontanería las realizan de manera altruista profesionales del pueblo en sus ratos libres. Incluso este sábado por la tarde, después del funeral, parte de ellos se fueron de nuevo a la obra para seguir con la reconstrucción. Una tarea en la que aún queda, pero también en la que se observan sensibles avances. El techo y el exterior están listos y le acaban de colocar las ventanas, con lo que ahora todos miran hacia Semana Santa como la posible fecha clave.

El dinero de las donaciones que se lleva Hacienda hace que aún quede un último esfuerzo

Junto a la satisfacción por todo lo que han logrado, a las promotoras de esta iniciativa solidaria -son mayoría mujeres aunque colabora mucha gente- les queda un poco la espina clavada de ir algo más lejos y, sobre todo, más rápido. Pero tienen que pensar en muchas cosas. Por ejemplo en reservar la parte de las donaciones que se lleva Hacienda en impuestos, que de poder destinarla a la obra les habría bastado para cubrir todas las necesidades. Cuentan con que para lo fundamental: obra civil, suelos, instalaciones... les llegue, pero ya saben que hay una parte que no podrán alcanzar. De ahí que sigan siendo importantes ayudas como la que les ha ofrecido Amigos de Galicia para completar el mobiliario.

La lista de agradecimientos es inmensa y la llevan al detalle para que, en cuanto logren su objetivo, poder rendir cuentas de todo lo recibido y también visibilizar especialmente a las empresas que se han prestado a colaborar desde el primer momento.

Un pueblo grande

Las tragedias forman parte del libreto de la vida de cualquier pueblo de la Costa da Morte. Sus gentes conocen a la perfección el rastro de necesidad que siempre deja la muerte. Así que gentes como las de Camelle saben que un pueblo auténtico se forja con la solidaridad. Y así se convirtieron en un ejemplo con los desheredados de José Secundino. Fue una reacción de entrega que hace una localidad mucho más grande. Y Camelle lo es.

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