Una solución para la penuria del alzhéimer


El alzhéimer encuentra el terreno abonado en la Costa da Morte. Una sociedad avejentada es campo propicio para que florezca un mal que va a más, a medida que el conjunto de la población se hace mayor. Un millar largo de personas de este rincón atlántico están afectadas por esta penuria que mata con el olvido más absoluto. Una losa insufrible para los enfermos y los familiares a la que hay que buscar soluciones. Un dolor casi siempre sufrido en el silencio de los hogares y al que la sociedad no ofrece todas las respuestas necesarias ni adecuadas. Una situación en la que cuidadores y cuidadoras se convierten en prisioneros inocentes. En los últimos tiempos, los organismos públicos han ido descafeinando la idea de Estado social y las respuestas a esta guerra psicológica son a todas luces insuficientes. No se trata de una cuestión de condescendencia o gratitud, sino de justicia moral y respeto. Cuidar de las personas gracias a las que estamos aquí y somos lo que somos, además de un signo de decencia personal, es una obligación y una oportunidad para que la sociedad demuestre su rostro humano. Está bien destinar dinero a autovías, polígonos y asfaltos, es más, es necesario para el desarrollo, pero la principal inversión debe ser la humana. El alzhéimer es como una riada que va subiendo de nivel poco a poco. Así que sería conveniente que el agua no llegase al cuello. Afaber y los enfermos del alzhéimer de Bergantiños (los de Soneira y Fisterra, también, no se olvide) necesitan un centro de día, con un local en condiciones y unos servicios imprescindibles. Esta enfermedad no puede convertirse en una tortura para sus familiares. Cada vez se suman más a la lista del olvido, y los allegados que lo sufren y que apenas pueden soportar el proceso. Se hacen imprescindibles unas buenas infraestructuras. Afaber está en precario. Los políticos de Carballo van al unísono en la opinión, pero deberían hacerlo también en la obra. El consenso es fundamental para lograr el objetivo de un centro en condiciones. Ahora lo que toca es ponerse a trabajar y que cada organismo aporte lo que le corresponde por competencia, capacidad y responsabilidad. Un tema tan crucial no puede convertirse en arma arrojadiza. Aplicar las energías a construir, no a sacar tajada política. Sería un error. Casa da Cultura. Todos absueltos. La sentencia de la Casa da Cultura de Vimianzo enseña que los temas políticos deben dirimirse en el consistorio, no en los tribunales. No se puede recurrir a los juzgados alegremente contra los rivales políticos. Otra cosa es que el proceso de construcción haya sido evidente ejemplo de gestión chapucera, delirante y despilfarro.

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