Alberto Cepeda, catedrático de nutrición: «La leche A2 puede atraer a personas que han dejado de tomarla por problemas digestivos»
ÚNICLA A2 es un avance significativo apoyado por evidencias científicas que, por estar libre de beta-caseína A1, puede ser consumida por personas sensibles a esta proteína
La ingesta de leche ÚNICLA A2 tiene beneficios en la salud. Así lo confirma Alberto Cepeda, catedrático de Nutrición y Bromatología en la Universidad de Santiago de Compostela. Ejerce en el Campus de Lugo y es además director del laboratorio y grupo de investigación de Higiene e Inspección y Control de Calidad Alimentario (LHICA-USC). Los resultados de su trabajo se presentaron el pasado fin de semana en la quinta edición del Congreso de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (Fesnad), celebrado en la capital gallega.
—¿Qué se ha presentado en el Congreso de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética?
—Las perspectivas de la leche A2 y, bajo este paraguas, la leche ÚNICLA A2 como un paso más en el desarrollo de los lácteos que mejoran la contribución a la salud humana.
La leche ÚNICLA A2, libre de beta-caseína A1, fuente natural de selenio y con mayor contenido de ácidos grasos saludables, protege contra la oxidación, normaliza el funcionamiento del sistema inmune y de la tiroides, y contribuye a mantener el equilibrio interno en el que las funciones orgánicas se desarrollan en condiciones óptimas.
Los lácteos son productos muy nutritivos porque aportan casi todos los nutrientes y, también por ello, forman parte de cualquier pirámide de consumo de alimentos, incluida la de la dieta atlántica. De ahí la importancia de hablar de este alimento dentro del congreso. Además, en Galicia producimos el 40 % de la leche de España. Con todo, su consumo está descendiendo. No tanto en la gente mayor, que es consciente de todos los beneficios que proporciona, sino en el público joven, bajo la falsa creencia de que es «un veneno blanco». Esta percepción está relacionada con la susceptibilidad de algunos consumidores a molestias digestivas como la intolerancia a la lactosa y otras molestias digestivas que se agrupan bajo el término dispepsia.
—¿Cómo ha sido esa evolución hacia la leche ÚNICLA A2?
—La leche que se consume procede de animales que en su genética pueden tener dos tipos de beta-caseína. Se trata de una proteína que puede ser de dos clases, A1 y A2. Desde hace años, la leche ÚNICLA, está enriquecida de forma natural, a través de la alimentación de las vacas, en omega 3, ácido linoleico conjugado y selenio. Actualmente, esta leche se obtiene de vacas que por su genética natural solo producen la variante A2 de la beta-caseína, con el objetivo de recuperar la composición de leche original sobre la que los humanos hemos evolucionado. La especie humana apareció hace un millón de años y ya en esa época, nuestro metabolismo quedó definitivamente configurado como resultado de la adaptación a los alimentos existentes en aquel entonces. La agricultura, y con ella los cereales y otros granos, no aparecieron hasta el neolítico, hace apenas 10.000 años. Los alimentos de origen vegetal, tanto para humanos como para los animales de los que nos alimentábamos, eran fundamentalmente las partes verdes de las plantas y algunos frutos y raíces, en cuya composición grasa predominan los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 mientras los omega-6 eran escasos.
En la actualidad, este escenario se ha invertido. Los cereales y la casi totalidad de los granos oleaginosos y proteaginosos son ricos en grasas poliinsaturadas; pero con predominio de los omega 6 sobre los omega 3, y este desequilibrio también se traslada a las producciones de los animales que se alimentan de estos mismos granos. En consecuencia, la relación omega 6 y omega 3, que debería estar en torno a 4, en la dieta habitual está entre 10 y 30. Esto se relaciona con la inflamación silenciosa que está detrás del deterioro de las funciones orgánicas, los procesos degenerativos y proliferativos, el aumento del riesgo cardiovascular y cerebrovascular.
Si a esto añadimos el daño acumulado que provocan los radicales libres si no disponemos de una buena defensa antioxidante, el estrés oxidativo y la inflamación se potencian mutuamente y junto con la alteración de las funciones orgánicas constituyen un círculo vicioso destructivo.
—¿En qué se diferencia la leche A2 del resto de las leches?
—La leche normal contiene las dos variantes de beta-caseína (A1 y A2). En la digestión de la variante A1 de la leche normal se libera la beta-casomorfina-7 (BCM-7), un neuropéptido prooxidante y proinflamatorio. Dependiendo de la susceptibilidad individual, provoca inflamación del aparato digestivo y altera las secreciones gástricas y pancreáticas. Esto se manifiesta con distinto grado de dispepsia e intolerancia a la lactosa que, a su vez, aumentan la permeabilidad intestinal. En este escenario, la BCM-7 puede atravesar la barrera intestinal y provocar alteraciones en todo el organismo, en especial en el sistema nervioso central y periférico. El riesgo de absorción intestinal es particularmente alto en el caso del intestino inmaduro de la primera infancia.
En madres lactantes, la absorción de estas sustancias puede afectar a la composición de la leche materna. Estamos realizando un ensayo clínico sobre este supuesto. Los resultados los tendremos en el próximo año. Además, la beta-caseína A1 aumenta el estrés oxidativo porque reduce la absorción de cisteína, un aminoácido esencial para la síntesis de glutatión, un antioxidante endógeno que interviene en la neutralización de radicales libres.
—¿Entonces la leche «original» era de tipo A2?
—Sí, el trabajo consistió en recuperar la composición de leche original sobre la que los humanos hemos evolucionado. La especie humana apareció hace un millón de años y ya en esa época, nuestro metabolismo quedó definitivamente configurado como resultado de la adaptación a los alimentos existentes en aquel entonces. La agricultura, y con ella los cereales y otros granos, no aparecieron hasta el neolítico, hace apenas 10.000 años. Se estima que fue en esta época, entre 5.000 y 7.000 años atrás, cuando apareció la mutación que dio lugar a la beta-caseína A1. Desde entonces se ha extendido y en la actualidad el 60 % de las vacas son portadoras de esta mutación.
—¿La intolerancia a la lactosa percibida mejora tras tomar leche A2?
—Sí. La intolerancia primaria a la lactosa, definida como incapacidad de síntesis de lactasa solo afecta al 4 o 5% de la población, en el resto de los casos, la intolerancia es secundaria a otra causa. Una de estas causas es la beta-casomorfina-7, un péptido liberado durante la digestión de la beta-caseína A1, que, en consumidores sensibles, provoca esta intolerancia que puede ir o no acompañada de dispepsia más o menos manifiesta. Al hilo de esta intolerancia secundaria, se planteó diseñar ÚNICLA A2 una leche natural que lleva años en evolución constante.
—¿Podría decirse que mucha gente que ha dejado de tomar leche por los problemas digestivos que le provocaba, volvería a ella?
—Así debería ser, y también a muchos otros consumidores que se han dejado influir por leyendas urbanas infundadas. La leche es el alimento más completo que existe y, a pesar de las molestias que provoca en algunos consumidores, el consumo de leche es beneficioso para la salud. ÚNICLA A2 es un avance significativo apoyado por evidencias científicas que, por estar libre de beta-caseína A1, puede ser consumida por personas sensibles a esta proteína. Además, por su composición, mejora la contribución a la salud de la leche normal. Las bebidas vegetales no resisten la comparación con la leche; pero de eso hablaremos otro día.