HERCULÍNEAS | O |
15 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.HACE POCO menos de veinte años, un niño de Muxía y su abuela compraron un bis a bis con las estrellas en el planetario. El chaval estaba convencido de que «de noite non se pode ir porque ceiban as estrelas», que la Casa de las Ciencias encerraba a los astros por el día para soltarlos por la noche, pero el paso por la cúpula blanca le cambió. Hace poco menos de veinte años, los científicos coruñeses tenían que marcharse de Galicia por falta de oportunidades, buscándose la vida por donde podían y triunfando muchas veces en Estados Unidos. Las cosas han cambiado. Los museos científicos de la ciudad, la televisión y la National Geographic han funcionado (la educación secundaria no entra en la lista porque es un drama y, además, en la escuela no se enseña astronomía): hace tres días, un grupo de niños pedía en el planetario que les mostrasen supernovas y fenómenos estelares de calado, completamente enterados de los recovecos de la galaxia. Esta ciudad ha cambiado, el termómetro son los niños. Miento. No ha cambiado del todo. Los científicos coruñeses siguen teniendo que irse fuera de Galicia a pensar. juan.gomezaller@lavoz.es