Celebrando el nacimiento de La Chata

El 20 de diciembre de 1851 la reina Isabel II tuvo a su hija primogénita, la infanta Isabel

Detalle del retrato de la reina Isabel II y la infanta Isabel realizado por el pintor alemán Winterhalter en 1852, cuando la heredera contaba un año de edad
Detalle del retrato de la reina Isabel II y la infanta Isabel realizado por el pintor alemán Winterhalter en 1852, cuando la heredera contaba un año de edad

Después de tomar un caldo, en la madrugada del 19 de diciembre de 1851, la reina Isabel II de Borbón sintió las primeras molestias del parto. Los dolores aumentaron a lo largo del día. Por la tarde, hacia las siete, ante un próximo alumbramiento, y siguiendo el real decreto del 28 de octubre de ese año que prescribía el ceremonial que había de observarse en el acto del nacimiento de un príncipe o princesa sucesora a la Corona, avisaron a las personas que debían estar presentes.

Tras llegar al palacio de Oriente, el presidente del Consejo de Ministros, el ultra-moderado Juan Bravo Murillo, y el ministro de Gracia y Justicia, como notario mayor del reino, fueron recibidos en su dormitorio por Isabel II, que estaba acompañada por su esposo, el rey consorte Francisco de Asís; su madre, la reina María Cristina; su hermana, la infanta María Luisa Fernanda; sus camareras y sus médicos. Tras confirmarles las señales seguras del parto, se retiraron a los salones contiguos a esperar el resultado junto a los demás convidados, unos 140 hombres de las altas jerarquías del Estado, el Ejército y la Iglesia.

Los invitados pasaron la noche en vela. A las 23.00 horas se les sirvió un refrigerio y a las 7.00, chocolate. Esperanzas y temores flotaban en el ambiente. A pesar de que la reina se dedicaba a ello con fruición, los resultados de sus dos partos anteriores no fueron buenos. Era una grave cuestión de Estado: un heredero vivo significaba fortalecer la dinastía y la monarquía constitucional frente a la rama carlista, y para el gobierno serviría para consolidar el orden frente a una posible revolución progresista. Por fin, a las 11.10 horas de la mañana del día 20 nació una princesa robusta que se llamaría María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Dominga. De mayor sería conocida como La Chata, por la forma de su nariz.

Cinco minutos después del nacimiento, su padre oficial, el rey consorte (su padre biológico pudo ser el aristócrata José Ruiz de Arana y Saavedra, amante de la reina en esos años), presentó a la niña, acostada en una bandeja de plata, a los concurrentes para que fuesen testigos de su existencia.

Los coruñeses se enteraron, con retraso, de todos estos pormenores gracias a la prensa de Madrid y a La Gaceta (hoy BOE). La noticia de su nacimiento llegó el 23. Como en muchos otros lugares hubo celebración oficial, aunque algo desvaída por la falta de simpatía popular con el Gobierno ultra-moderado.

En Capitanía se hizo la recepción oficial de jefes y oficiales de las diferentes dependencias del Estado y del Ejército. Y el Ayuntamiento, encabezado por el alcalde Juan Flórez, acordó, además de enviar sus parabienes a la reina, repartir a su costa una ración de vino a los presos de la cárcel del Parrote y a los pobres del Hospicio, y una comida extraordinaria a los enfermos del Hospital.

En los edificios públicos se alzaron doseles con los retratos de los monarcas y por la noche hubo iluminación general en la ciudad y serenatas, hasta las 12, dadas por las músicas de los regimientos de Aragón y Murcia, y del Hospicio.

Historias con historia

Por la noche hubo iluminación general y serenatas hasta las 12, a cargo de varias bandas

El alcalde coruñés, Juan Flórez, repartió vino entre los presos del Parrote para celebrarlo

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