Regalos de Reyes sin envolver


Es una escena chocante. El césped del Parque Europa cubierto de blanco. Las lunas de los coches con una capa de escarcha. El termómetro de la avenida del Ejército marca 1 grado. La playa, en Sada, como una sauna al aire libre. Hace un frío que pela. Pero el sol luce cada mañana en este cielo azul de invierno que tiene tanto de regalo de Reyes. No ha sido una blanca Navidad, pero ahora que las luces ya están apagadas, no es de extrañar que muchos niños estén esperando a que nieve, como en las películas navideñas. Hay que explicarles que ese manto blanco tan frágil no es nieve, y que todavía puede hacer más frío, que estamos muy lejos de que se nos congele el agua de las fuentes, como en Verín.

Una, que ve pocas películas navideñas a menos que las protagonicen Cassen y José Luis López Vázquez, no sueña con la nieve ni con los elfos ni con nada que se le parezca. Pero hay cierta nostalgia en los arcos de luces a la espera de que alguien los retire, o en el espumillón que aún queda en las barras de algunos bares, o en el árbol que no nos ha dado tiempo a recoger. Son como el papel de regalo hecho pedazos que se amontona en una esquina del salón la mañana de Reyes. Dan un poco de pena, pero provoca una sonrisa y algo de morriña. Como si en los restos de paquetes amontonados en los contenedores y en las luces apagadas se escondiesen todavía los ecos de las risas de los niños, convertidos estos días en protagonistas absolutos, con los ojos como platos, y ahora de vuelta a una realidad más cotidiana, donde ya no los amenazamos con carbón, donde hay que madrugar y donde no se puede salir cada día al parque con la bici nueva porque este frío no lo resisten ni los ruedines.

Todo es más gris. Menos este cielo. Y la playa del Matadero, que está estos días encantada con los incondicionales que a pesar del aire que llegó del Ártico, lucen palmito al sol. Hay gente para todo. Si en otros países la tradición es celebrar el nuevo año con un chapuzón en algún mar gélido, ¿por qué algunos osados coruñeses no van a poder tomar el sol mientras los demás observamos, desde el paseo, con nuestra bufanda y nuestros guantes?

Es este sol engañoso, que hace pensar aún en vacaciones, en buen tiempo. Es posible que no haya cielo más bonito que el de Madrid cuando llega la primavera, limpio, azul, más lejano que el resto del año. Pero este enero compite A Coruña por el primer puesto. Cuando amanece por fin y el sol empieza a hacer que calienta y los cuerpos felices del Matadero se tienden en la roca o en la arena, sobre la playa parece que no hay nada más que verano. Aunque sea de mentira y solo los muy forofos sean capaces de sacarse la camiseta.

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