
El médico que dirigió el primer trasplante renal de Galicia inaugura una exposición de paisajes el día que se cumplen 44 años de aquel hito científico
19 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Resumir una vida en pinceladas es complicado. Sobre todo cuando tienes 85 años y una carrera brillante a tus espaldas. Este martes se dará una coincidencia difícil de repetir. El 21 de enero de 1981 Marcelino González Martín realizó el primer trasplante renal de Galicia junto con un destacado equipo de nefrólogos, urólogos e inmunólogos. «Lo hicimos un sábado para que no hubiese mucha gente por los quirófanos, que es un día en que no se programan cirugías, y poder estar más tranquilos. Era importante que saliese bien para que pudiese tener continuidad. Pepe Buitrón era mi mano derecha», recuerda. Pasado mañana, el 21 de enero del 2025, 44 años después de uno de los grandes hitos de la medicina gallega, Marcelino expone sus cuadros en el Colegio de Médicos de la calle Riego de Agua. Es una muestra conjunta con otro gran cirujano-artista de la ciudad, Diego Vela. Y no es una exposición cualquiera, es la que cierra la etapa artística en este local que pasará a ser la única sede del colectivo médico. «El dibujo y la medicina siempre estuvieron juntos en mi vida. Me hice urólogo gracias a la pintura. Conocí a Ladislao Tinao, que hacía pintura médica para ilustrar, por ejemplo, tesis doctorales. Eran otros tiempos. Fui a urología de la mano de un pintor y me gustó porque me trataron bien», relata. Charlamos en el Central Park de la plaza de Vigo. Pide un café.
Ejercicios matinales
Le gusta hablar de la que fue su profesión y recuerda cantidad de anécdotas vitales y profesionales. Su memoria me parece prodigiosa. «Me encuentro bien y no he tenido enfermedades. Soy de buena genética, que es algo que viene de familia, pero todas las mañanas antes de salir de casa hago media hora de tabla de ejercicios. Y siempre insisto a los que me rodean de la importancia de la prevención. Fui jefe de servicio de Urología con 36 años, uno de los más jóvenes de España, y medio siglo después hago mis revisiones anuales con el doctor Castelo. También juego al golf y me mantengo activo. La genética es importante pero si no la ayudas... Hay que cuidarse», analiza este hombre nacido en Pescueza, Cáceres, y que presume de que en 1985 fue designado coruñés del año, uno de los muchos premios de su vida, la gran mayoría en el ámbito médico. «Me dediqué principalmente al cáncer de riñón, de vejiga, de próstata, a la cirugía oncológica, que en ocasiones eran intervenciones que duraban cinco horas, pero era algo que me atraía. Y habré hecho unos 200 trasplantes de riñón que, como dijo el insigne urólogo francés Rene Küss del trasplante, es la epopeya más emocionante de la cirugía médica», destaca Marcelino. Me habla de su mujer, que «se encargó de todo para que yo pudiese desarrollar mi carrera», destaca. También me habla en varias ocasiones de un colega, el doctor Piñeiro, también de A Coruña pero residente en Madrid. «Fue mi maestro y cuando viene en verano, nos vemos. Es curioso, él llevó a cabo el primer trasplante renal de España, y yo de Galicia. En mi caso, el donante fue el padre y estuve en contacto con ellos muchos años», relata.
La técnica de la espátula
Hace 15 años que se retiró, pero reconoce que lee «cosas sobre los xenotrasplantes», que es algo que siempre le interesó. Recuerda cuando estudiaba anatomía e histología y, al pintar músculos y células, descubrió que le gustaba el dibujo. Más adelante, al acabar cirugías describía la intervención con unos dibujos precisos. «Al hacerlos aprendía la técnica. Gané premios de videocirugías en las que siempre incluía dibujos». El martes inaugura una exposición en la que la temática es el paisaje. «Tiendo hacia el impresionismo y Van Gogh es mi favorito. Sigo yendo a clase con José María de Urda y ya soy su único alumno. Pinto con espátula», confiesa. Gran parte de lo recaudado por la venta de cuadros irá para la Asociación contra el Cáncer.