Manuel Reija, lotero juzgado en la primitiva perdida de A Coruña: «Podría haber cobrado el premio cuando me lo encontré y no lo hice»

L. G. del Valle / A. M. A CORUÑA

A CORUÑA

El titular de la administración de San Agustín dio hoy su versión de los hechos al tribunal. Mantiene que se «encontró el boleto estando solo», pero las pruebas en su contra lo acorralan. Además, el cargo de la Selae que tramitó la reclamación de Ferreiro aseguró en sala que «no acertó ningún dato de los que le pedimos»

20 abr 2026 . Actualizado a las 17:23 h.

La sesión de este lunes en el juicio por la Primitiva de los 4,7 millones en A Coruña ha servido para apuntalar la estrategia de defensa de los hermanos Reija. Varios exdelegados de Loterías testificaron para limpiar el nombre y la gestión de Miguel en junio del 2012, afirmando que «hizo lo correcto, lo que yo habría hecho»; o lo que es lo mismo, que en ningún caso intentó obstaculizar la investigación. Después de las declaraciones de trabajadores de Loterías llegó uno de los momentos más esperados desde que dio comienzo este proceso en la Audiencia Provincial de A Coruña: la versión del lotero que «encontró» el boleto. Para él y para su hermano la Fiscalía pide 6 años de cárcel, acusados de estafa y blanqueo de capitales respectivamente.

Manuel se sentó en el banquillo y negó la mayor. Quiso tumbar el relato que lo cerca por haberse apropiado un bien que no le pertenecía, a sabiendas de que estaba evitando que un apostante se convirtiera en millonario. Según su relato, se encontraba «solo en el despacho» cuando localizó un grupo de boletos cuya procedencia o tiempo de permanencia en el mostrador dice desconocer por completo. Reija ha descrito una reacción inicial de «absoluta sorpresa al pasar los resguardos por el terminal» y comprobar que uno de ellos contenía la combinación ganadora. Ha detallado que, debido a la entrada de clientes en el local en ese preciso instante, tuvo que realizar una segunda comprobación para aislar definitivamente el boleto premiado de los 4,7 millones de euros.

Tras este descubrimiento, el acusado asegura que continuó su jornada laboral con normalidad y que, una vez cerró la administración, se desplazó a la delegación de Loterías para informar a su hermano, Miguel Reija. Manuel ha afirmado que su hermano reaccionó con el mismo asombro que él ante la noticia y que fue en ese momento cuando le pidió instrucciones precisas sobre cómo debía operar legalmente ante una situación tan inusual. Este encuentro en la delegación es uno de los puntos más sensibles de la causa, ya que «la investigación siempre ha sospechado que la relación fraternal pudo facilitar el presunto plan para ocultar el rastro del verdadero dueño».

Sin embargo, parte del interrogatorio se centró en saber dónde acabaron el resto de boletos que, según su versión, acompañaban al premiado en ese fajo olvidado. Manuel Reija reconoció ante la Fiscalía que solo llevó a la delegación el resguardo ganador, dejando atrás los demás porque, según sus propias palabras, se «centró en el premiado». Esta explicación deja en el aire las dudas de las acusaciones sobre el paradero y el contenido de las otras apuestas que aparecieron en el mismo bloque, ya que el lotero ha alegado no poder precisar cuántos boletos eran exactamente ni cuánto tiempo llevaban en la administración antes de que decidiera pasarlos por el terminal.

Afirma que «no le suena de nada» la cara de José Luis Alonso

En coherencia con su línea de defensa, cuando la Fiscalía lo confrontó con los registros técnicos del terminal de la administración de San Agustín, el lotero volvió a insistir en que no tenía nadie delante, por mucho que esto parezca imposible por la cadencia de registros, con intervalos de segundos entre una transacción y la siguiente. Mientras los datos informáticos indican que había un cliente junto a Manuel en el preciso instante en que se validó el premio, Manuel Reija volvió a responder con un contundente: «Eso es mentira». Además, cuando se le mostró una fotografía de José Luis Alonso —a quien la policía señala como el verdadero dueño—, mantuvo su postura de desconocimiento absoluto asegurando que aquel rostro «no le suena de nada».

A lo largo de su interrogatorio, Manuel Reija ha relatado que, siguiendo el consejo de su hermano Miguel, regresó a su administración con el boleto premiado bajo el brazo «y la esperanza» de que el propietario apareciera esa misma tarde para reclamarlo. La estrategia, según su versión, era esperar a que alguien mencionara haber extraviado un fajo de boletos para poder identificarlo con seguridad, pero sentenció con resignación ante la sala que «desgraciadamente no vino nadie». El lotero afirmó que, tras ese episodio, evitó hablar del tema con su hermano durante mucho tiempo hasta que un responsable de la Selae le planteó qué destino tendría ese dinero si el plazo expiraba.

Lo intentó cobrar hasta en cuatro ocasiones

Según su testimonio, fue esa consulta técnica la que le empujó a presentar un escrito reclamando el premio para sí mismo apenas un mes antes de que caducara la validez del boleto. No obstante, su supuesta inacción choca con la intervención de la fiscala Olga Serrano, quien lo puso contra las cuerdas al recordarle que, lejos de ser un trámite administrativo puntual, intentó cobrar los 4,7 millones hasta en tres ocasiones más, incluso cuando que ya se había abierto un expediente oficial de hallazgo para tratar de localizar al titular legítimo.

La acusacion particular de José Luis Alonso insistió de forma activa en saber por qué en diversos momentos a lo largo de los años el lotero ocultó que se encontró «un grupo de boletos, y no solo uno». Esto, quizás, pudo obstaculizar que apareciese en tiempo el legítimo dueño. Manuel respondió que «no le dio importancia en un primer momento». El lotero incidió que volvió a ver la cadencia de solicitudes de cobro registradas por el terminal de San Agustín la mañana del hallazgo. Ante el listado de operaciones, Manuel Reija ha admitido una falta de memoria que compromete su versión inicial: «No fui consciente de que validé varios premios menores hasta que volví a ver este listado», reconoció. Este detalle no es baladí para la instrucción, ya que entre ese grupo de boletos olvidados se encontraban varias apuestas realizadas de forma manual. Son precisamente estas combinaciones las que sirvieron como pista para la policía, que acabó señalando con total convicción a José Luis Alonso como el dueño legítimo de los 4,7 millones, al haber comprobado que el fallecido repetía sistemáticamente esas mismas cifras en sus apuestas habituales.

Descartó a Ferreiro

La acusación particular de Manuel Ferreiro quiso conocer en qué momento tuvo conocimiento el lotero de la reclamación interpuesta por este aspirante ya fallecido. Manuel Reija admitió que le llegaron noticias de que una persona había acudido a la delegación para intentar hacerse con el «premio grande», pero explicó que descartó que fuese este hombre el propietario porque la comprobación se había realizado en una administración de la calle Antonio Noche, un detalle que para él invalidaba la reclamación. «No sabía ni que existía una calle con este nombre», apuntó.

Su abogado quiso que el lotero respondiera una cuestión clave, y que podría ayudarle en este proceso. «El público puede ver lo que veía yo comprobando el boleto. Hay un visor donde aparece “premio de primera categoría”», indicó Manuel. El letrado pretende despejar así la principal sospecha que cerca al lotero: que no estaba solo cuando validó la millonaria primitiva.

En el tramo final de su interrogatorio, Manuel Reija quiso poner en valor lo que él considera una prueba de su buena fe durante todo el proceso. El lotero subrayó ante el tribunal que, si su intención hubiera sido apropiarse del dinero de forma ilícita, habría tenido la oportunidad de acudir a cualquier otra delegación de Loterías del país para intentar cobrar el premio de forma anónima. «Yo podría haber cobrado el premio en cualquier delegación. Al entregárselo a mi hermano renuncio a esta opción», sentenció, tratando de convencer a la sala de que el hecho de poner el resguardo en manos de la autoridad administrativa —representada en aquel momento por su hermano Miguel— es la mayor evidencia de que nunca buscó un beneficio personal oculto, sino seguir los cauces legales establecidos. En este sentido, añadió: «Siempre reconocí que ese recibo no era mío».

El exdelegado territorial de Loterías en Vigo defiende a Miguel Reija

La sesión de este lunes ha aportado, como adelantamos, otros testimonios. El exdelegado territorial de Loterías en Vigo compareció ante el tribunal para analizar la gestión del boleto premiado con 4,7 millones de euros que «apareció» en la administración de San Agustín. Su intervención ha servido para apuntalar la tesis de los acusados al afirmar con rotundidad que Miguel Reija, entonces delegado de Loterías en la ciudad herculina, «actuó de forma adecuada» dadas las circunstancias y la normativa de aquel momento.

A preguntas del abogado de Miguel Reija, el testigo epxlicó que «en aquella época no existía un protocolo específico» de hallazgo para los casos en los que apareciera un boleto perdido. Esta ausencia de una hoja de ruta clara por parte de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) es una de las bazas de la defensa para justificar el proceder de los acusados. Según el exdelegado de Vigo, que mantenía una buena relación profesional con su homólogo coruñés, Miguel le llamó personalmente para informarle de que un lotero se había encontrado una combinación millonaria, una comunicación que refuerza la idea de que no hubo un intento de ocultación interna dentro de la estructura de Loterías.

Un punto crítico de la sesión fue la revelación de que Miguel Reija sí identificó a su hermano Manuel como la persona que encontró el boleto ante su compañero de Vigo. Este detalle resulta especialmente relevante porque a los loteros de Carrefour, según la versión que dieron en sala, Miguel les había ocultado ese dato, limitándose a decir que quien tenía el premio era «una persona muy legal».

El testigo también relató el consejo que le dio a su colega ante la magnitud del suceso. Según explicó, ante la aparición de un boleto de cuantía tan elevada, le recomendó buscar asesoramiento en instancias superiores: «Sinceramente Miguel, tienes que llamar a Madrid porque esto se excede de lo normal», le espetó en su día. El declarante ha confirmado ante el tribunal que, a su juicio, Miguel Reija siguió esta recomendación, lo que reforzaría la tesis de que el acusado no intentó gestionar el asunto de forma clandestina, sino que buscó la tutela de la dirección central de Loterías.

La declaración concluyó con un respaldo total a la figura del acusado, llegando el testigo a afirmar que Miguel Reija «hizo lo correcto» y que él mismo habría actuado de la misma manera en su situación. Este espaldarazo llega en un momento crucial del proceso, justo antes de que los dos acusados de estafa y blanqueo de capitales tengan la oportunidad de subir al estrado para defenderse de la petición de seis años de cárcel que solicita la Fiscalía.

«Solo tenemos la obligación de pagar a quien aparece con el boleto»

Un exdelegado comercial de Loterías en Logroño confirmó ante el tribunal que, dentro de las competencias de su cargo, no existe la obligación legal de emprender una búsqueda del titular de un boleto extraviado. Según su declaración, se trata de un «título al portador» y, por lo tanto, la administración solo tiene la obligación de hacer efectivo el pago a la persona que se presente físicamente con el resguardo en la mano.

Este trabajador relató también que recibió una llamada de Miguel Reija en junio del 2012, en la que este le planteaba que tenía «un problema» entre manos: un boleto premiado con 4,7 millones de euros que carecía de dueño conocido. El objetivo de la consulta era recabar una segunda opinión profesional sobre cómo proceder ante una situación de tal calibre. En sintonía con lo manifestado por el anterior testigo de Vigo, el exdelegado de Logroño ha sido tajante al validar la gestión del acusado, asegurando que, de haberse encontrado en su misma posición, él habría hecho «exactamente lo mismo que Miguel».

Con estas comparecencias (también ha respondido un cargo de la Selae de Valencia), la defensa intenta asentar la idea de que Miguel Reija no solo se ajustó a la normativa vigente en aquel momento, sino que fue consultada y avalada por otros compañeros de profesión.

La familia de Ferreiro, cada vez menos opciones

El foco de la mañana se desplazó hacia Manuel Ferreiro con la comparecencia del jefe del servicio de control de premios de la Selae. Este alto cargo fue el responsable de gestionar y, finalmente, rechazar la reclamación de este hombre ya fallecido, el primero de los particulares que sostuvo ser el dueño legítimo del premio. Según explicó, cuando alguien reclama un premio sin poseer el boleto físico, la normativa exige que aporte «datos indubitados» que demuestren su propiedad. En el caso de Ferreiro, el testigo ha señalado que «no acertó ningún dato», motivo por el cual su solicitud fue denegada de plano.

Esta sesión del juicio contó también con la declaración, precisamente, del hijo de Manuel Ferreiro. El testigo relató ante el tribunal la rutina de su progenitor, asegurando que siempre le acompañaba a sellar la lotería precisamente al Carrefour, lugar donde se validó la combinación ganadora. No obstante, admitió que en un primer momento su padre le ocultó el posible extravío del resguardo millonario y que solo tuvo conocimiento de la situación a través de lo que le contaron sus hermanos posteriormente.

Con todo, la acusación particular que representa a la familia de Manuel Ferreiro decidió jugar una última baza técnica para tratar de dar un vuelco al proceso. Solicitó formalmente que se repitan las pruebas de ADN sobre el boleto, exigiendo garantías de que el papel analizado sea el original y no una copia. Además, pidió que se cotejen de nuevo las 18 combinaciones de apuestas que la familia aportó en su momento como prueba, en un intento desesperado por encontrar la coincidencia científica que la vía administrativa les ha negado durante más de una década.

Miguel Reija será interrogado mañana

El otro acusado, en este caso por blanqueo de capitales, será interrogado finalmente este martes. Su defensa adelantó que el de Miguel será un testimonio largo, e indicó que su cliente responderá a preguntas de todas las partes.