Marrosa, una mujer irrepetible

La Voz

A CORUÑA

Imagen de Marrosa tomada en su último cumpleaños, el 13 de enero de este año.
Imagen de Marrosa tomada en su último cumpleaños, el 13 de enero de este año. atr

Doña Rosa Mouriño Naveira, natural de Carral, falleció a los 90 años tras una vida en la que pisó firme y reivindicó con hechos el papel de la mujer empresaria

12 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay personas cuya vida trasciende su propia historia y acaba formando parte de la memoria colectiva de un lugar. Doña María Rosa Mouriño Naveira, Marrosa, fue una de ellas. Se marcha una mujer que supo abrir camino cuando hacerlo no era fácil. Una empresaria hecha a sí misma, forjada en el esfuerzo, la determinación y el trabajo constante.

En una época en la que el mundo empresarial estaba reservado casi exclusivamente a los hombres, Doña Rosa nunca pidió permiso para ocupar su lugar. Lo conquistó con valentía, con carácter y con una convicción inquebrantable en sus propias capacidades. Pisó siempre firme. Nunca dio un paso atrás. Reivindicó con hechos, más que con palabras, el papel de la mujer empresaria, demostrando cada día que era capaz de liderar, dirigir y hacer crecer un proyecto empresarial de éxito. Al frente de Funeraria Génesis construyó mucho más que una empresa familiar: levantó una forma de entender el trabajo basada en la cercanía, la responsabilidad y el respeto hacia las personas.

Con su voz cavernosa y su manera de hablar directa, sin rodeos, Doña Rosa imponía respeto desde el primer instante, como corresponde a quienes han tenido que abrirse camino luchando contra las dificultades de la vida.

Sin embargo, detrás de aquella apariencia firme habitaba una mujer extraordinariamente dulce, cercana y generosa. Amaba profundamente su trabajo. Conversar con Doña Rosa sobre la muerte era escuchar una lección de humanidad. Conseguía explicar lo que para muchos es miedo o tristeza como una parte más de la vida, siempre desde el cariño, la dignidad y el respeto con los que trataba a cada difunto y a cada familia. Sus palabras tenían la capacidad de conmover. A veces relataba experiencias y anécdotas que erizaban la piel, historias que parecían situarse en esa frontera invisible entre la vida y la muerte.

Recuerdo especialmente cuando explicaba que, después de morir, aún pasa un tiempo en el que quienes se marchan siguen escuchándonos. Lo decía con tanta convicción, con tanta serenidad y tanto respeto, que uno no podía evitar quedarse impactado. Aquella reflexión se me quedó grabada para siempre.

Entre los muchos recuerdos que deja, hay uno que permanecerá siempre en mi memoria. Entré un día en su empresa y recorrí un estrecho pasillo flanqueado por ataúdes de exposición a ambos lados. El escenario parecía destinado a transmitir tristeza. Sin embargo, al final de aquel corredor encontré una de las imágenes más tiernas que he visto jamás en una empresa. Allí estaban Doña Rosa y su inseparable marido, Don José Brea. Sentados frente a frente alrededor de una pequeña mesa, jugando una partida de cartas. Tranquilos. Cómplices. Sonriendo. Compartiendo la vida cotidiana con la naturalidad de quienes llevan toda una existencia caminando juntos. Y entonces pensé que, en realidad, aquel lugar no estaba lleno de muerte. Estaba lleno de vida. De amor. De recuerdos. De humanidad. Esa imagen resume perfectamente quién fue Doña Rosa. Una mujer capaz de encontrar la luz donde otros solo veían oscuridad. Una profesional ejemplar que dedicó su vida a acompañar a los demás en los momentos más difíciles.

Hoy nos despedimos de ella con tristeza, pero también con una inmensa gratitud. Porque algunas personas no desaparecen cuando se van. Permanecen en las enseñanzas que dejan, en los valores que transmiten.

La gran familia empresarial de Agrela seguirá recordando a Doña Rosa como lo que fue: una mujer pionera, valiente y comprometida, una empresaria que abrió camino con su ejemplo y una persona cuya huella humana permanecerá imborrable en la historia de nuestro parque empresarial. Descanse en paz, Doña Rosa. Su legado seguirá vivo entre nosotros.

 Obituario remitido por Teresa Firvida, gerente de la Asociación de Empresarios de Agrela