Miguel Ángel López, hostelero de Betanzos: «Hoxe véxoo todo negro»

Con 19 personas en plantilla, quiere aguantar sin tener que recurrir a mandar más empleados al ERTE


Betanzos

«Non sabemos como imos facer», reconoce Miguel Ángel López López, que está al frente del Restaurante Piccola, un establecimiento que abrieron sus padres en Betanzos el 2004 y que ha crecido hasta tener un negocio gemelo en As Pontes y una plantilla de 17 empleados y dos autónomos. «Nas Pontes xa pasamos un decembro no que só podiamos atender para levar. O reparto a domicilio mátanos, é un extra, pero non dá para pagar os custes, porque son moi altos e non temos tanto marxe de ganancia e entra a outra parte que é mandar a xente ao ERTE», asegura este hostelero, que indica que tienen en el ERTE dos empleados de As Pontes.

«Aquí imos intentar axustar coas vacacións porque o ERTE non é inmediato, aínda que eu o solicite, se cadra eles non cobran ata o 10 do mes que ven e todos vivimos ao día», comenta, reconociendo que las distintas directrices complican tomar las decisiones.

«Levamos dende o ano pasado dando volantazos e quedamos sen recursos, porque os custos son tremendos», reconoce. Explica que si bien atienden toda la semana «cando se quitan cartos son as fins de semana, son cinco servizos e agora quédannos para dar dous, sábados e domingo ao mediodía, e despois está a histeria colectiva», dice mostrando el comedor donde normalmente hay movimiento a la hora de comer y que este miércoles tras el anuncio del presidente de la Xunta solo hubo una mesa ocupada.

«O meu caso é o dos outros hostaleiros e despois hai cousas, eu estou en Betanzos, pero teño compañeiros que están no Marineda e ven como o seu local ten que quedar baleiro as seis da tarde e as tendas están abertas ata as nove e media», cuestiona.

«Hoxe véxoo todo negro», admite y explica que la situación se complica porque tienen a tres personas que trabajan solo los fines de semana y para los que no tienen derecho a ERTE, y cuya situación es delicada y no se plantea tampoco prescindir. «Nós necesitamos moitos ingresos porque temos moitos gastos, pero a empresa aguanta o que aguanta», precisa, ante un comedor de unos 200 metros cuadrados con poca clientela y que arrastra las consecuencias de un verano y unas Navidades muy atípicas en cuanto a facturación.

Jose Manuel Varela, hostelero de Oleiros: «Es mejor que nos cierren»

Jose Manuel Varela Rey lleva cinco años al frente de Cafetería La Palloza de Santa Cristina, aunque más de veinte ligado a la hostelería, y dice no entender por qué las medidas van siempre contra el mismo sector. «Es mejor que nos cierren», comenta y asegura que ve el trato «discriminatorio». «Nosotros cumplimos con lo que nos ponen», indica y cree que «el problema no es aquí».

Atiende junto a su mujer el negocio, en empleado continúa en ERTE desde noviembre y cree que las nuevas noticias le dejan sin posibilidad de sacarlo. Explica que está de alquiler ajustado para atender un negocio en otras circunstancias. No ve viable atender solo en terraza tal como impone la Xunta. «Habrá que valorar el frío que hace»,  dice y ve poco realista pensar que con eso el negocio puede subsistir.

Cuestiona los anuncios de ayudas que, puntualiza, «no llegan». «No le debo nada a la Administración y no he cobrado nada, que dejen de vender humo», dice y recuerda que «esto es una cadena», aludiendo que si ellos no venden tampoco pueden comprar a sus proveedores.

Miguel Ángel Blanco, camarero en Santa Cristina: «Estoy sin cobrar porque no hay gente» 

La Tremenda está en la calle principal de Santa Cristina, en Oleiros. Esta hamburguesería vivió los años ajetreados cuando este núcleo era el epicentro del ocio nocturno y un hervidero de gente a las tres de la mañana. Con gente en la terraza tomando café a media mañana están a la espera de lo que les indique la gestoría para analizar si continuar abiertos. Allí trabaja el propietario del negocio, que abrió en abril del 78, y Miguel Ángel Blanco, que llegó a los tres años de la apertura y que teme que las nuevas restricciones los llevan al cierre. «Yo estuve en ERTE dos veces y ahora no cobro. Los proveedores tienen que ir primero», explica reconociendo que lo importante es mantener la actividad. Achaca el bache a la falta de clientela. «Aquí la gente viene de los Concello a limítrofes», dice a modo de explicación. Oleiros quedó últimamente fuera de la almendra de A Coruña y la hostelería se resintió.

Pide que no se criminalice al sector y cree que se le limita por las restricciones que hay para entrar en este tipo de locales. Cuestiona que se sigan subiendo impuestos, que no se mire hacia países como Alemania y que se cargue contra establecimientos, como en el que trabaja, cuando han perdido el 80 % de facturación. 

Teresa Orín, hostelera de Sada: «Abrí hace un mes, pero no me arrepiento» 

María Teresa Orín abrió hace un mes, junto a una socia, el Mesón Lembranzas en el centro de Sada. El nuevo horario le ha caído como un jarro de agua fría. «Trabajamos hasta las diez, de tres a cinco no hay movimiento, es más para el descanso y por una hora casi no vale la pena abrír», reconoce, aunque aproveche todo lo que les dejen. «Siempre van contra los más débiles», cuestionando que otros sectores no tengan limitaciones. Ella explica con pena las mesas que tendrá que retirar del mesón. Es venezolana, llegó hace 17 años a España y durante 15 años trabajó para una empresa de telefonía. Tiene 54 años y decidió emprender justo por la edad, para ser autónoma. «Abrí hace un mes y no me arrepiento, ni me voy a arrepentir, por el momento gané pagar facturas», indica. «Estoy muy nerviosa, porque  esto queda fatal», afirma sobre las restricciones. Empleó toda la cuantía del paro en montar el negocio y reconoce que hay muchos pagos a los que hacer frente.

La hostelería exige ayudas «inmediatas» y anuncia una protesta en Alfonso Molina

alejandro g. chouciño

El sector se volvió a concentrar al grito de «Quieren acabar con nosotros», sin saber anoche si tendrán que dejar de atender en el interior de los locales

Treinta minutos de cacerolada ininterrumpida. Media hora de estruendo con la que los más de tres centenares de hosteleros que se concentraron ayer en la plaza de María Pita han querido transmitir la agonía que sufren sus negocios con las continuas restricciones al sector. Exigen las Administraciones que actúen y que concedan ayudas «inmediatas».

La protesta, convocada por la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería de A Coruña, comenzó a las 19.00 horas con ese mensaje unísono a los gobiernos local, autonómico y central: Las ayudas que hay no son suficientes para salvar el sector y necesitan que sean directas. Héctor Cañete, presidente de la asociación, indicó que las subvenciones de la Xunta y el Presco del Ayuntamiento «han llegado a unos compañeros sí y a otros no. Esto no puede ser porque son de hace meses y no podemos aguantar otro cierre en esta situación». Ángeles Gante, propietaria de la Crêperie Petite Bretagne y asistente en la concentración, sostenía que «no llega ninguna ayuda y es más, los ERTE están llegando muy mal. A unos les llega la mitad, a otros el doble. Está todo muy mal organizado».

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