El cerdo Quinín cumple diez años

Sus modales de perro le dieron fama y apoyo internacional, y así logró el indulto. De Dumbría pasó a Carral, y ahí sigue

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carballo / la voz

El cerdo más famoso de Galicia, seguramente de España, es Quinín. Por él pasan los años, y en estos últimos de año (no se sabe la fecha exacta) cumple un decenio, pero lo que no pasa es el olvido. Sigue acaparando visitas, tal vez no diarias, pero sí frecuentes. Es muy fácil de encontrar: reside feliz en una finca situada al lado de la carretera que, desde Carral, conduce a Coiro, muy cerca del centro y del monumento a los Mártires. Basta con preguntar a cualquier vecino o, más rápido, consultar en Google Maps. Aparece como una atracción, con valoraciones de visitantes y comentarios. En diez reseñas le dan un 3,7, y su emplazamiento se define como «reserva natural». Una finca normalita, más bien, cerrada y cubierta por una gran línea de alta tensión, toda para él. Una de las visitantes dice: «Es un bonito sitio, huele mal, pero es normal. Puedes ver al cerdo más grande de Galicia». Y al más viejo, le falta añadir. «Vive como un cerdo feliz», apunta otro. Tiene toda la pinta.

«Sigue chamando moito a atención, e de vez en cando fanlle reportaxes, sobre todo cando se achega o san Martiño», relataba ayer Florinda Duarte, la teniente de alcalde, que pasa por la carretera de al lado frecuentemente. La finca fue cedida por un particular, y un cuidador se encarga de llevarle comida a diario, aunque eso no es un problema, porque algunos vecinos también colaboran. Que no le falta de nada ya lo dice su aspecto inmenso, su carácter manso y sus andares tranquilotes.

Quinín se hizo famoso cuando, en el 2008, trascendió que se comportaba como un perro. Su dueño, Antonio Caramés, lo sacaba a diario a pasear por las calles de Dumbría junto a la perra Tila. Obedecía todas las órdenes del dueño, como un can. Lo de empezar a andar había sido casi una casualidad. «Como non comía moito, meu pai decidiu sacalo fóra para que tivese fame», explica Manolo Caramés, el hijo del primer dueño, Antonio, que lo había comprado en la feria de Senande de Muxía. No recuerda a quién, cree que a un vecino de A Ponte do Porto. Pese a esa inteligencia y cariño que asombraba a tantos -y que seguramente no es ajena a otros marranos, pero no tienen la oportunidad ni el tiempo de demostrarla- la carne de cerdo es la carne de cerdo y sus días parecían contados. De repente, las campañas para salvarlo se extendieron. AnimaNaturalis incluso creó la web www.salvemosaquinin.org. Llegaban mensajes de todas partes en su defensa. Un filántropo quedó convencido y lo llevó a Carral, y hasta hoy. Un tiempo después, el antiguo dueño, con la perra, fue a verlo, y el cerdo se emocionó con el encuentro. Además de listo, tiene buena memoria. No han vuelto: «Falámolo moitas veces, pero nada», cuenta Caramés. Tila también sigue coleando y ladrando por Dumbría, con 11 años ya. Su excompañero morirá de viejo, de aburrido, o de ambas cosas.

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