La fosa de Carral, cuatro cuerpos y decenas de historias familiares

Toni Silva CARRAL / LA VOZ

CARRAL

Cuerpo encontrado en la fosa de Beira, en Carral, con síntomas de muerte violenta.
Cuerpo encontrado en la fosa de Beira, en Carral, con síntomas de muerte violenta. CESAR QUIAN

Solo dos han sido exhumados. Son varones de más de 20 años y «con evidencias de muerte violenta». Nietos y sobrinos de represaliados en 1936 se reunieron este miércoles en el cementerio de Beira buscando indicios

15 jul 2026 . Actualizado a las 13:43 h.

Mientras cuatro arqueólogos desenterraban con mucha delicadeza el esqueleto de una fosa abierta tras la iglesia de Beira, en Carral, a Aquiles Garea se le quebraba la voz a pocos metros de los restos. Es nieto de Xosé Manuel Moledo Rodríguez, y allí recordó, hasta que la emoción se interpuso en su garganta, cómo el dueño de la farmacia en la que trabajaba su familiar lo avisó para que escapara, para que huyera porque iban detrás de él. Era 1936, una incipiente Guerra Civil que dejó huellas casi centenarias que ahora empiezan a ver la luz. Como la de Xosé Manuel, ejecutado en el prólogo de la contienda fratricida.

Aquiles Garea se emocionó al recordar la figura de su abuelo Xosé Manuel Moledo Rodríguez.
Aquiles Garea se emocionó al recordar la figura de su abuelo Xosé Manuel Moledo Rodríguez. Toni Silva

Las excavaciones iniciadas hace dos semanas por Tempos Arqueólogos y bajo la dirección de la asociación Histagra han conseguido el hallazgo de cuatro cuerpos. Dos de ellos han sido exhumados, mientras que los dos restantes necesitarán de la renovación de permisos para seguir trabajando. Los primeros son dos varones de más de 20 años. «Hay evidencia de una muerte violenta, debemos ser prudentes, pero la investigación histórica coincide con lo que estamos viendo a nivel antropológico», señaló Edgard Camarós, profesor de la USC y responsable de la antropología forense de este proyecto, quien destacó la «buena conservación de esta fosa, algo muy excepcional».

Sonia Rabin es nieta de Luciano Costa García, miembro de la CNT y concejal de Cambre en 1936.
Sonia Rabin es nieta de Luciano Costa García, miembro de la CNT y concejal de Cambre en 1936. CESAR QUIAN

Sonia Rabina también acudió con muchísima expectación. Ella es nieta de Luciano Costa García, miembro de la CNT y concejal del Ayuntamiento de Cambre en 1936. Se dio la retorcida circunstancia de que su abuela, oriunda de Ferrol, se puso a servir en la casa de los Franco. Cuando asesinaron a su marido, huyó con sus cuatro hijos a la casa de un militar en A Coruña. «Para mí la memoria histórica debería reconocer la devolución de los bienes, porque mi abuela tenía un buen patrimonio, sirvientas incluso», señala.

Alicia Lago, sobrina del represaliado Julián Hermida.
Alicia Lago, sobrina del represaliado Julián Hermida. Toni Silva

El padre de Alicia Lago murió recientemente. Llegó a hacerse las pruebas de ADN una vez que supo que abrirían una fosa en Carral donde podría estar su hermano. De ahí esperan recuperar el cuerpo de Julián Hermida, apresado el 29 de septiembre de 1936 en Santiago y ejecutado el 1 de octubre (o antes, pero ya constaba muerto ese día «por hemorragia interna») en el campo de Pousada, en la carretera entre Mesón do Vento y Betanzos. Julián se encontraba en un piso de Santiago cuando entraron dos falangistas y dos guardias civiles. «Era un mestre de esquerdas, pero non era activista. Pensemos que ían de camiño a A Pobra do Caramiñal a casa da miña avoa», explica Alicia. «E a ela seguírona acosando, estaba moi vixiada, tiña que ir ao cuartel regularmente, o medo era algo que estivo sempre». Cuando Julián murió fusilado, su mujer, Luz Lastres, estaba embarazada, pero acabó perdiendo el bebé. 

Según los testimonios de un vecino de Beira, Xesús Vázquez, Alicia sospecha de que alguno de los cuerpos encontrados era el de Julián. «Díxonos que esta zona non fora removida, que aquí trouxeran ao mestre. Un dos corpos da fosa tiña zapatos tipo Oxford, e iso casa moi ben con Julián, hai que esperar», apunta Alicia.

El germen de este proyecto, financiado con fondos estatales a través de la Diputación de A Coruña, está en la recolección de documentación oral y escrita por parte de la asociación Cultura Aberta Carral. Su portavoz, Luis Anxo Ferreiro, recordó cómo los asesinos obligaban a los vecinos a cargar y trasladar los cuerpos «desde a canteira das Catalinas ata a entrada do camposanto, onde os velaban». En el año 2022 colocaron un monolito en la entrada del cementerio como recuerdo de las víctimas y actualmente están preparando un roteiro desde la cantera hasta la fosa.

Por su parte, Xurxo Antelo, de la asociación Histagra, que recopila toda la memoria documental de este trágico episodio, apunta que aún quedarían otro 14 cuerpos repartidos en esta fosa y en otras partes del cementerio. «Estaría no frontal da igrexa (esta está en la parte trasera), relativamente contigua, pero hai que ser minuciosos», concluyó.