El zapatero de la plaza de Lugo ve la luz después de 70 años

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«El cambio es tremendo. En el otro espacio estábamos metidos a calzador. Una señora me dijo que ahora era una tienda como Dios manda», comenta sonriente Fernando Campos Recarey, legendario zapatero de la plaza de Lugo y tercera generación de un negocio siempre vinculado al mercado. Esta semana, merced a una permuta, abrió en la zona peatonal, donde cuenta con luz natural. «Es una sensación de amplitud, de libertad, de calidad de trabajo alucinante», destaca este profesional de 45 años que está muy agradecido a todos sus compañeros de la plaza. Lo sorprendente es que desde que en los años cuarenta su abuelo, Lorenzo Campos, abrió el primer establecimiento nunca pudieron trabajar así, con la ayuda de la luz del sol. El fundador arreglaba paraguas, afilaba cuchillos y remachaba potas en un puesto ubicado en la zona de la iglesia de Santa Lucía, en el interior del mercado. A veces casi a oscuras. Valentín Campos, hijo de Lorenzo y padre de Fernando, aprendió el oficio siendo un chaval. «Murió en 1999 y estuvo afilando hasta poco antes de morir», recuerda su hijo. El negocio pasó unos años sin actividad y, por ejemplo, no estuvieron en el mercado provisional de la plaza de Pontevedra. Entonces Fernando tenía otro trabajo. No fue hasta el 2007 cuando retomó el negocio familiar, pero «adaptado a los tiempos. Lo orienté más al calzado, a lo de hoy en día», destaca. El pequeño puesto estaba ubicado en la zona de pescado, al lado de la pescantina Mónica Mella, y bajo las escaleras de subida a la zona de carnicerías como Vidal. Y, como siempre sucedió a la familia Campos en los últimos setenta años, sin luz natural. Pero esta semana Reparart, que es como se llama el establecimiento, vio la luz. «Ampliamos la oferta y también duplicamos llaves, mandos, o vendemos complementos para calzado, además de la reparación», anuncia Fernando, el zapatero de la luz.

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