Arquitectura logra el primer Erasmus + de la UDC con un programa en Armenia

Alumnos de cuatro países presentan hoy sus propuestas para la ribera del Danubio alemán al amparo del Iacobus

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a coruña / la voz

Medio centenar de estudiantes de las escuelas de Arquitectura de Clermont-Ferrand, Regensburg, Erevan y A Coruña presentarán hoy en A Zapateira los proyectos que han desarrollado este año al amparo de los programas internacionales Iacobus, Erasmus + y Cultura, Patrimonio e Integración. Entre ellos estará el grupo gallego que viajó a Armenia en abril en un intercambio respaldado por el primer Erasmus + de la UDC.

Los seis estudiantes acudieron al encuentro de otros jóvenes a los que tuvieron que escuchar, persuadir y reconocer para llegar a una solución razonada y compartida sobre cómo actuar en una fábrica textil de Erevan que conserva entre sus ruinas la memoria del país (de los retornados desparramados por el mundo tras el genocidio y para los que se proyectó la fábrica en los años 40) y cómo construir y conectar a ese patrimonio industrial viviendas para una nueva generación de emigrantes, de regreso 70 años después.

Durante diez días identificaron el sitio, reconocieron los restos, analizaron el clima, el terreno, las trazas del barrio de Arabkir, el plan general de 1924 diseñado por el urbanista Alexander Tamanian en función del Ararat, la montaña sagrada y símbolo nacional de la Armenia histórica arrebatada por Turquía tras el holocausto y el cierre de fronteras aún en vigor. La Armenia cristiana rodeada de musulmanes y petróleo, exrepública soviética hasta 1990, jardín del Edén según los exégetas bíblicos, tierra transcontinental, estable y segura en una región polvorín, el país en fin al que hace cinco años los profesores Felipe Peña y Óscar Pedrós viajaron en una incipiente toma de contacto con colegas de la Nuaca (Universidad Nacional de Arquitectura y Construcción de Armenia) para emprender el programa de intercambio que ahora ha sido reconocido.

Seis estudiantes y dos profesores volaron este año a Erevan, a pesar de la coincidencia con el final de un semestre académicamente exigente. A la ida llevaron licor café y queso de tetilla. «La comida es buena allí», celebra Pedrós. «La elaboración del lavash [pan] es Patrimonio Cultural de la Humanidad», añade el profesor José Luis Martínez. En la visita, además de excursiones, vivieron el sobrecogedor silencio con que se honra el genocidio en todo el país (3 millones de habitantes) y en la diáspora (12 millones) cada 24 de abril.

  

El método

El tiempo mayor se ocupó trabajando. Integrados con armenios y franceses, los seis de A Coruña dieron un salto de escala y se aplicaron en esa mezcla de ciencia y arte sin la que no hay arquitectura, y que el estudiante Alberto Otero resume así: «El rigor, el raciocinio y el tener en cuenta todas las posibilidades para entender la realidad están ahí. Pero la ciencia es más deductiva. Nosotros tenemos un componente creativo que tiene que ver con cosas sociales, filosóficas y culturales, con nuestras propias ideas, que aporta el sello personal».

«El análisis es la parte científica. Luego llega la parte propositiva, que no está cerrada, lo ves bien en talleres como este, cuando a pesar de haber una recopilación de datos similar, el bagaje de cada uno, cómo se interpreta, cambia todo. Eso es muy estimulante», explica Martínez, que resalta el esfuerzo de los chavales en consensuar una propuesta que «suele ser buena, al pasar el filtro de seis personas que trabajan en lo mismo». «La arquitectura es cultura -añade Óscar Pedrós-. Si no hay ese poso cultural no puede haber una reflexión razonada sobre cosas que duran más que la gente, que son los edificios».

Y no todo en Armenia fue ajeno. «Están entrando en una fase de la que nosotros estamos saliendo: la arquitectura estelar. Allí la época de los sóviets produjo una arquitectura optimista y audaz, y estaría bien que basasen su herencia en ella y no en lo que ven en Europa. Pero claro, ellos ya no son soviéticos y hay una especie de mirada de reojo a esa arquitectura. Ahora la especulación está haciendo desaparecer el espacio público y los edificios se solapan unos delante de otros. Esto nos suena aquí y genera mal sabor de boca. Que ese devenir se produzca en todas las sociedades al final, que no se pare a tiempo o que se pare solo en los monumentos del siglo VI... Crea un poco de impotencia», comparte Pedrós.

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