Las playas volvieron a convertirse en el epicentro de una fiesta que se extendió por toda la ciudad
24 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Podría decirse, figuradamente, eso de que A Coruña se para cuando el calendario marca San Xoán. Pero quietud no fue, precisamente, lo que hubo en la noche de este lunes en las playas. Al acariciar el mediodía ya se oían los primeros compases del jolgorio por los barrios. El olor a sardinas estaba en todas las narices incluso antes de que se encendiera la primera brasa. También desde muy tempranas horas de la tarde se comenzaron a inundar los arenales, con Riazor y el Orzán ya parcelados con nocturnidad desde la madrugada del sábado al domingo.
Representada estaba toda la pirámide poblacional. El abuelo con el nieto, el padre con el hijo, la madre, la tía, la prima, el vecino del quinto y hasta el primo que vino de visita. Todo el mundo quería reclamar para sí un pedazo de las llamas en las que se esfuman las maldades. Las llamas del apóstol que aquí bautizamos como gallego coronándolo con esa X tan de nuestro hablar.
Pero la de San Xoán es también una velada que huele a juventud. Mucho espíritu daban al ambiente los grupos o batallones de muchachos afanados en mantener vivas las piras —y aprovechando, de paso, para bailar, cantar y abrazarse como si el amanecer no fuera a llegar nunca—.
En lo de que las chispas no se las llevara el viento contribuyó la municipalidad. Más de 150 toneladas de madera habían sido repartidas por el Ayuntamiento en las horas previas.
Al tocar la medianoche el reloj, ya se puso seria la cosa. Fue el momento de prender la falla y hacer verdad la madre de todas las hogueras. Este año fueron protagonistas del acto, a la vez solemne y festivo, las cantareiras. Encendieron la escultura varios familiares de las integrantes históricas de las agrupaciones folclóricas, acompañados por la alcaldesa, Inés Rey, por asociaciones de defensa de la música tradicional, por el OAR de balonmano y por el escritor Manuel Rivas.
Después, ya completamente bendecidos por el santo, continuaron los miles y miles de celebrantes con lo suyo. Con lo de exprimir hasta la última gota la pulpa de esta celebración.
Se fueron los últimos, los más rebañadores, al filo de las 6.00, hora a la que comenzaron los servicios de limpieza a volver a adecentar las playas y también, como manda otra de las tradiciones sanjuaneras, a despertar a los que ni las meigas lograron mantener en pie toda la noche. Pero que no haya pena. No es un hasta siempre, sino un hasta luego. El santo bautista siempre vuelve.