Alerta por ladrones que marcan los pisos de «cerradura débil» para entrar a robar

Carlos Portolés
C. Portolés A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

María Pedreda

Miles de inmuebles como el allanado en Riazor comparten similar sistema de apertura

06 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Estimados vecinos, como muchos sabrán, se ha producido un robo en una de las viviendas de este edificio. Por eso rogamos extremen las medidas de seguridad». Dice así un cartel que adorna ahora la entrada a un portal de la calle Reverendo Padre José Álvarez Cabezas.

No fue algo estridente ni histriónico. No hubo puertas reducidas a pedazos ni ventanas rotas. Ni tan siquiera ropa revuelta por los suelos. Tan solo un cajón abierto y unas joyas que no estaban. Esta fue la estampa que encontraron los dueños del piso allanado. El modo de operar es ya conocido por la policía. Una forma felina de violentar que apenas deja rastro más allá del hurgamiento sutil en zonas concretas de los hogares.

«Veníamos de estar fuera unos días. No nos dimos cuenta enseguida porque todo estaba en su sitio. Pero luego vimos el cajón de una de las habitaciones abierto y entonces vimos que faltaban cosas. Unas joyas». Lo relata el hijo de los dueños del inmueble, aún con un poco de impresión palpable en la voz.

Quizás por falta de pericia, quizás por falta de tiempo, quizás por pura suerte para sus víctimas, los cacos no pudieron o no supieron llevar a cabo su trabajo hasta el final. «Hay zonas donde había cosas valiosas o incluso dinero que estaban intactas. Creemos que pudo ser que oyeran un ruido o algo y se marcharan corriendo».

Los agentes que acudieron al lugar previnieron a estos vecinos de forma tajante. Eligieron su domicilio, y no otro de los muchos del bloque, por culpa de su cerradura. Antigua y de pistones, conocida como ezcurra. La tienen decenas de miles de puertas en A Coruña y son extremadamente fáciles de forzar incluso para los ladrones malhechores duchos.

«Nos dijeron que el caso cuadraba con la forma de trabajar de alguna banda que se dedica a vigilar un bloque concreto hasta que se asegura de que alguno de los pisos que tienen la cerradura débil está vacío. A nosotros nos marcaron la puerta con un hilillo de silicona». Por descontado, lo primero que hicieron fue cambiar la cerradura por otra más robusta.

También los otros residentes se hicieron eco de las enfáticas sugerencias de las autoridades. Y es que así prosigue el comunicado plastificado referido al comienzo del reportaje: «Nunca dejen la puerta del portal abierta. Precaución al abrir la puerta, no abran a nadie que no se identifique correctamente. Cierren siempre la puerta de sus domicilios con dos vueltas. Si ven a alguien sospechoso, comuníquenlo a la mayor brevedad. Aquellos que tengan alarma, acuérdense de conectarla».

Una llave tan común como obsoleta: así operan los cacos

Las cejas del cerrajero Fernando Freire, de Los Mañosos, se arquean cuando se menciona el modelo de cerradura que protagonizó este suceso. «Está completamente obsoleta», sentencia.

Es una cuestión de tiempo. En su día, esta tipología de cierre se instaló en muchísimas viviendas porque era económica y tenía buena fama. Pero ahora los delincuentes le tienen cogidísima la medida. «Hasta el ladrón menos espabilado la abre en unos pocos minutos. Siempre que viene alguien a pedir una copia de esta llave les decimos que debería cambiar cuanto antes su cerradura», añade Freire.

La pregunta que rondará muchas cabezas, quizás incluso de quien está ahora leyendo estas líneas, es «y eso, ¿cuánto cuesta?». No demasiado. O no demasiado teniendo en cuenta lo que está en juego. «A partir de 90 euros ya se puede colocar algo mucho más seguro. Pero por unos 170 ya puedes tener una que ni de chiste la abre alguien».

Una cuestión que las películas han inoculado en nuestros maleables sesos es la de la llave maestra como una extremidad semidivina que como si tal cosa abre todas las puertas. Desde las de un sotanito remoto hasta las de María Pita. Pero la cosa no funciona así, según indica Freire. «Lo que se hace es introducir una llave de la misma tipología y dar unas patadas a la puerta hasta que los pistones, que se mueven con los golpes, acaban coincidiendo con las marcas. No es que haya una llave que lo abre todo, pero sí es muy fácil de hacer». A las pruebas hay que remitirse.