Lidia Paz: «El colegio es un gran medio de conciliación, pero esa no es su misión»
A CORUÑA CIUDAD
La portavoz de madres y padres de los centros públicos de la provincia de A Coruña denuncia las carencias, sobre todo para atender a niños con necesidades especiales
16 sep 2025 . Actualizado a las 10:05 h.Lidia Paz Lamela (A Coruña, 1977) es desde hace casi un año la presidenta de la Federación Provincial de Asociacións de Nais e Pais de Alumnos (ANPAs) de Centros Públicos, que agrupa a alrededor de 190 colegios e institutos, entre ellos todos los de la ciudad de A Coruña. Vecina de Os Castros, antes de entrar a formar parte de la federación hace ya tres años, se bregó en la asociación de padres del colegio Sal Lence, donde todavía estudia su hijo pequeño. El mayor empezó el pasado lunes en el instituto.
—¿Cuáles son las perspectivas para este curso? ¿Qué les preocupa más?
—Básicamente, lo de siempre. Dicen que este es el curso de menos alumnos y más profesorado que nunca, sin embargo, hay centros que han pedido desdobles por tener muchos niños en aula y con necesidades especiales y no se los han concedido. Está habiendo aulas en primaria con 25 y 27, eso desmejora la calidad de la enseñanza. Se habló de ajuste de ratios a 20 alumnos, pero la reducción es progresiva, no se aplica a todos los cursos. Empezó el año pasado para tres años, y en los cursos que hay por encima no se redujo todavía.
—Eso en la práctica significa…
—Pues que hay aulas con 25 niños, pero a veces 3 o 4 son alumnos con necesidades educativas especiales, niños con diagnóstico de discapacidad, que pueden valer por 2 o por 3 por los refuerzos que necesitan. No tiene por qué ser alumnado que no se pueda integrar en la escuela, ni mucho menos, pero necesitan apoyo. Sobre todo en necesidades especiales estamos muy cojos. Se necesita profesorado de refuerzo, de pedagogía terapéutica, de audición y lenguaje, y notamos también carencias en los equipos de orientación. Después, hay que tener en cuenta que los niños empiezan en el cole con tres años, algunos aún no los han cumplido, y a veces se les exigen cosas para las que todavía no están preparados por una cuestión simplemente de madurez. Se necesitan refuerzos para niños con necesidades especiales y para los que no, faltan cuidadores.
—¿Está resuelta la falta de sustitutos?
—Uy! Hay mucho problema de bajas y por las noticias que nos fueron llegando de los centros, que estaban trabajando desde mediados de agosto, hasta el día 1 no se le notificaron las bajas de profesores y hasta el 4, con suerte, la Administración no comunicó quién iba a cubrir esas bajas el lunes 8, el día que empezaba el curso. Eso suponiendo que el sustituto no entre también de baja. A nivel de gestión de los centros, los equipos directivos y maestros, los orientadores, se vuelven locos. Y pasa en toda Galicia.
—¿Las carencias afectan a alguna etapa en especial?
—Infantil y la ESO son las grandes abandonadas. En secundaria porque cuando los niños pasan al instituto parece que ya se les pasó toda su problemática, y no es así. Y en infantil porque muchos niños aún no tienen diagnóstico, por lo que los centros no pueden destinar recursos, y los padres se vuelven locos. Y de los que no tienen necesidades especiales, algunos centros aceptan que entren con pañal, pero es muy complicado si no tienes personal cuidador, que generalmente los coles no lo tienen, y los padres tienen que ir a cambiarlos. Es verdad que las ANPAs gestionan programas de cambiadores, pero suponen un coste para las familias.
—¿La dotación de personal sigue siendo lo que más quejas genera?
—Sí, se necesita profesorado de apoyo y cubrir las bajas, y dar una vuelta de hoja a la gestión de incidencias. Tiene que ser más ágil, la burocracia es tremenda… En estos casos, que estás con niños, no puedes dejarlos sin profesor.
—¿Y en lo que se refiere a instalaciones?
—Hay coles que están viejos, hay que reformarlos, y hay un problema grande con el tamaño de los comedores, sobre todo en la ciudad. Se están quedando muy escasos para cubrir la demanda.
—El problema de la conciliación sigue ahí.
—Con el tema de conciliar se tiene que involucrar toda la sociedad y las Administraciones, no solo la escuela. El colegio es un gran medio de conciliación, pero esa no es su misión. Y las familias cada vez tienen más problemas, porque trabajan los dos con horarios que no son compatibles, porque ya no hay abuelos que puedan hacerse cargo, porque hay muchos padres de fuera que están aquí solos y no tienen un círculo familiar de apoyo...
—La federación acaba de firmar un convenio con el Concello de A Coruña, que aportará 425.000 euros para actividades extraescolares, imprescindibles para ayudar con esos horarios incompatibles.
—Sí, tenemos un convenio con el Ayuntamiento si no único, prácticamente único y desde luego el primero que hubo en Galicia. Los centros nos solicitan las actividades y las familias que lo necesitan las tienen para sus niños de 16.00 a 18.00 horas todos los días, con tres programas diferentes, de cultura, deporte e idiomas. Al margen también llevamos otras en horario lectivo. Los precios son más asequibles que las puramente privadas y el año pasado participaron unos 4.000 niños de la ciudad. Ahora mismo, en septiembre, por la adaptación, estamos con el programa específico de conciliación Cóxegas, en el que las familias pueden elegir horario y días que lo necesitan. Estamos rondando los 700 escolares solo en la ciudad.
—¿La federación es la que contrata?
—Nos ocupamos de la gestión. No somos una empresa, no generamos beneficios económicos, pero somos contratadores y funcionamos como una empresa con departamento económico, administrativo, coordinadores… y tenemos personal de ocio que directamente contratamos para las extraescolares. Son una plantilla de fijos discontinuos, pero el curso pasado teníamos por horas a unas 130 personas. Algunos hacen jornadas más amplias, pero alguna actividad muy específica tienes que buscar un monitor especializado que viene a dar solo un par de clases.
—¿Y llevan también los comedores?
—En la ciudad los gestionan las ANPAs de cada centro. Hay sobre todo en colegios de infantil y primaria, en institutos muy pocos. Y cada vez tienen más demanda. En un cole grande tipo el María Barbeito o la Sagrada Familia pueden tener hasta 200 usuarios entre fijos, discontinuos y esporádicos. Y un centro pequeño, de unos 230 alumnos puede rondar los 90, aunque después de la pandemia alguno llegó a los 150, una locura. Cada vez se utiliza más y los espacios no son los adecuados. En la provincia sí que hay coles de pueblos que se hicieron ya con comedor y cocinas, pero en ciudades fue una adaptación a raíz de la jornada única. Se hizo lo que se pudo, a veces con espacios cedidos provisionalmente, a veces reordenando aulas, y ahora se están quedando escasos. Pero en cada centro lo lleva su ANPA. En la federación tenemos una persona que las asesora en gestión y normativa.
—¿Qué le empujó a enrolarse en la ANPA?
—¿Por qué me lie la manta la cabeza? Bueno... Es un trabajo muy desconocido. Entras como voluntaria. Cuando empecé en la del Sal Lence, mucha gente me preguntaba que cuánto cobrábamos. Se piensa que son trabajos remunerados. Creo que todo el mundo busca lo que buscaba yo: colaborar. Pero vas viendo necesidades y faltas y te metes en esa rueda.. Alguien tiene que hacerlo. Cuando oigo que se critica a la gente de las ANPA... Yo ahora tengo el callo más hecho, pero no se dan cuenta del trabajo que hay detrás. Sobre todo en la ciudad tienen toda esa carga de los comedores a mayores. Tienes que buscar la mejor empresa, negociar un contrato, que haya un espacio para comedor, cuadrar las extraescolares, buscar actividades novedosas... Y te exigen, te dicen ‘cómo no hacéis más fiestas, más actividades especiales'. No entienden el trabajo que hay detrás.