Laura te enseña a escribir a mano con sus 150 plumas

SILVIA PENELAS

A CORUÑA CIUDAD

Azahara Letras, profesora de caligrafía artística
Azahara Letras, profesora de caligrafía artística ANGEL MANSO

Azahara Letras colecciona estilográficas, ha publicado cuadernillos de escritura para niños e imparte talleres de caligrafía a particulares y multinacionales: «Si te encorvas, el trazo no sale recto»

06 may 2026 . Actualizado a las 12:59 h.

Escribir a mano está de moda. Tanto es así que hay quien va a clases particulares para aprender a hacerlo. Porque hacerlo bien no depende de tener buen pulso y buena letra. También entra en juego la respiración, la posición de la mano y la presión que ejercemos en el folio. Laura Azahara Gallego es profesora de caligrafía y resume todo en que «si te encorvas al escribir, el trazo no sale recto». Ella tiene todos los trucos para convertir una letra mediocre en una obra de arte. Por eso la contratan.

La clave para tener una letra envidiable es sencilla: sujetar bien el bolígrafo o pluma y plagiar al prójimo. Sí, puede sonar extraño, pero Laura tiene claro que para «aprender a escribir hay que copiar» porque la caligrafía «es una disciplina de repetición» y la clave para dominarla es «saber gestionar la frustración y aceptar que no te va a salir bien a la primera, ni a la quinta». Sin ir más lejos, ella, tras más de una década trabajando como profesora de caligrafía, sigue encontrando errores en sus manuscritos.

Vive y trabaja en un piso en A Gaiteira. En su pequeño despacho manda el caos. Tiene rotuladores, papeles y libros por todos los rincones de la habitación y, «aunque no lo parezca», sabe dónde está todo. Desde su centro de operaciones gestiona un canal de YouTube con más de 310.000 seguidores. Bajo la marca de Azahara Letras, Laura crea contenido para redes sociales, imparte talleres para particulares y empresas como Inditex, y ha publicado su propia colección de cuadernillos de escritura para niños llamada Caligrafía Molona.

IMPOSIBLE DE FALSIFICAR

El pequeño despacho de Laura es un caos. Aunque uno ordenado. Tiene rotuladores, papeles y libros sobre caligrafía por todos los rincones de la habitación y «aunque no lo parezca» sabe dónde está todo. «O casi todo», matiza. Si bien la parte visible de su estudio es la que usa como fondo de sus vídeos para redes sociales sobre caligrafía. Una estantería blanca y muy sencilla en la que los protagonistas son ediciones especiales, material de papelería vintage de los 80 y 90 como estuches escolares y alguna que otra pluma especial. Y no es nada fácil elegir porque tiene más de 150 estilográficas que van de los 30 a los 300 euros. Su colección está valorada en 4.500 euros.  

Aunque hay una cosa que debe quedar clara. Laura no es una coleccionista al uso. En su arsenal tiene estilográficas de 1910 y 1930 que son auténticos tesoros. Ever Sharp, Parker o Esterbrook son algunas de las referencias de su colección. Piezas únicas con plumín de oro que más de un coleccionista tendría cuidadosamente expuestas y protegidas. Ella no. Ella las usa. Y lo más sorprendente, las presta. Incluso si la curiosa es una periodista que asalta su casa para hacer un reportaje sobre su vida. Defiende con total convencimiento que «son un elemento de escritura». «No concibo las plumas si no es para escribir con ellas», asegura. 

Cada pluma de su colección es única. Y no por su belleza, que también, sino porque «cada una es distinta». Desde su trazo hasta la acumulación de tinta y su sistema de carga. Su caligrafía es tan única que «el documento que escribas con pluma y tinta indeleble es infalsificable». El color de la tinta también es importante. Hay miles de referencias. Aunque sorprende saber que la más vendida en España, según datos Diamine de 2025, no es ni negra ni azul. Es roja. «A los españoles nos gusta escribir con sangre», bromea Laura aprovechando el nombre del tono más comercializado: el Oxblood.

Ha probado cientos de estilográficas, bolígrafos y rotuladores. Por eso, tiene bastante claro qué recomendar a todos aquellos que quieran iniciarse en el mundo de la papelería con artículos de calidad, pero sin dejarse los ahorros en el intento. Si hablamos de bolígrafos su favorito es el Pentel Energel, por su trazo fino y fluido. En lo tocante a lápices, el Palomino es su claro ganador. Eso sí, en la pluma su corazón se divide. Porque si tuviese que recomendar una opción económica no dudaría en decir Kaweco Sport «con la condición de que si le coges el gusto te pases a una Estie de Esterbrook».

MIX DE AL ANDALUS, GALICIA Y CATALUÑA 

Es de Cataluña y se mudó a A Coruña por amor. Aunque su segundo nombre, Azahara, revela sus raíces andaluzas. Tras una charla extensa, la pregunta es obligada. ¿De dónde viene su segundo nombre? Ella es Catalana. Sus padres, de Andalucía. El nombre se lo puso su padre. Lo hizo sin que su madre lo supiese. Y aunque hoy en día Azahara da nombre a su faceta profesional, durante muchos años su segundo nombre le generaba un gran conflicto. Porque sí, en Andalucía hay muchas Azaharas, pero en Cataluña no tantas y durante muchos años las risas en clase fueron una constante. Sin embargo, poco a poco fue reconciliándose consigo misma. «Siempre que va a Marruecos piensan que soy marroquí», añade entre risas. También cuenta que hace unos años hizo un test genético para saber precisamente a dónde se remontan sus orígenes. «Mis ancestros son un 10% del Norte de África, un 4% de Oriente Medio y el resto de la Península Ibérica, de Andalucía», recuerda. «Rehuía de mi nombre, pero ahora lo tomo con orgullo de mis raíces de Al Andalus», confiesa Laura.